(Extraído de la Historia Aeronáutica de Chile de Enrique Flores Álvarez – 1950)

 

“¡Oh! Amada patria mía,
no me envanece surcar tan alto
tu hermoso cielo!
Mi gran orgullo es ser chileno”
(Luis Alberto Acevedo)

Luis Alberto Acevedo (primer mártir de la Aviación Chilena) fue un campeón del Club Ciclista Estrella de Chile que en 1911 decidió ir a Francia (Issy les Moulineaux) a estudiar aviación por su propia cuenta y muy escasos recursos.

A su regreso se constituye una sociedad bajo la denominación “ Sociedad Chilena de Aviación Acevedo y Cia.” que sería, al igual que su predecesora (fallida) “Sociedad Nacional de Aviación”, una empresa plena de sinsabores y desengaños para sus dirigentes.

Cuando Acevedo no pudo continuar cubriendo sus gastos de aprendizaje de vuelo en Francia con la cantidad de tres mil francos (tres mil pesos chilenos) de que disponía, se vio obligado a solicitar ayuda económica a Chile, dirigiéndose a Clodomiro Figueroa, que a la sazón ocupaba el puesto de Presidente de la federación Velocipédica de Chile.

Comprendiendo con elevado sentido patriótico, la trascendencia de ayudara la formación del primer aviador civil chileno, en un gesto muy propio suyo, Figueroa se dio a la tarea de reunir fondos que precisaba Acevedo, golpeando en vano las puertas de amigos y acaudalados que para una semejante causa se declararon pobres de solemnidad y agobiados por grandes compromisos.

Figueroa no desmayó en su noble afán y organizó entonces una carrera ciclista a beneficio del curso de aviación de Acevedo, en el Parque Cousiño, el cual produjo un total de mil quinientos pesos de ganancia. Como esta suma no alcanzaba a cubrir sino una mínima parte de los compromisos de aprendizaje contraídos por Acevedo, gastos de pasaje y mantenimiento de su madre y de su esposa en Chile durante su ausencia, Figueroa decidió constituir con su primo Manuel J. Fernández, que poseía cierta fortuna, una Sociedad de Aviación para financiar el curso de vuelo de Acevedo, adquiriendo un aeroplano destinado a exhibiciones aéreas en Chile, con fine comerciales.

La idea pareció magnífica a Fernández y la aceptó sin imaginarse los sinsabores que debería compartir con sus dos socios en tan audaz empresa.

Desde entonces, Acevedo recibió periódicas remedas de dinero que le permitieron cumplir con éxito su curso de vuelo en Etampes. Antes de regresar a Chile, a principios de 1912, finiquitó la compra de un monoplano Bleriot con motor Gnome de 50 HP tipo 11, “Circuito Europeo” en la suma de 25.000 francos, cantidad que, agregada a los diversos envíos anteriores, daba un total de sesenta mil francos invertidos por la sociedad.

Acevedo llegó a Santiago el 7 de Marzo de 1912, premunido del brevet de piloto aviador y acompañado del mecánico francés, Pierre Goemme.

La “Sociedad Chilena”, a cuyo cargo estuvo la organización de los actos de recepción a Luis Acevedo y su mecánico, debió afrontar nuevos gastos de propaganda y otros que agravaron aún mas su critica situación económica, de la cual podía salvarla una primera exhibición aérea pública del novel aviador.

El arme del Bleriot en la elipse del Parque Cousiño atrajo la atención de los miles de curiosos que durante una semana se mantuvieron a la expectativa en los alrededores de un improvisado hangar armado con carpas, bajo el cual se cobijaba el aparato.

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Luis Alberto Acevedo

Clodomiro Figueroa

 

Un lamentable accidente, ocurrido en el primer ensayo de vuelo, causó la rotura del motor, parte del tren de aterrizaje, la hélice y un ala del flamante Bleriot, lo cual casi puso fin a la sociedad. Figueroa y Fernández, agobiados con letras, hipotecas y compromisos de todo orden, se sintieron en tal forma decepcionados con Acevedo que lo instaron a retirarse de la sociedad.

Acevedo solicitó que se le brindara una última oportunidad, a base de la adquisición del biplano Voisin que pertenecía a la “Sociedad Nacional de Aviación”, para emplear su motor en reemplazo del Gnome, que debía ser remitido a Francia para su reparación.

Figueroa y Fernández aceptaron la idea de Acevedo, procediéndose a la compra del Voisin en 45.000 francos pagados con facilidades. Colocado el motor de este aparato en el Bleriot y una vez reparado en el garaje de César Copetta, se iniciaron los nuevos ensayos en Batuco, los que fueron coronados por el mas franco éxito. Días mas tarde Acevedo se presentó en exhibición pública en el Club Hípico, obteniendo el 21 de Mayo de 1912, una entrada neta de 26.000 pesos, de los cuales destinó el 50% para amortizar la deuda del Voisin y el saldo para Acevedo.

En esa nueva exhibición, realizada en Viña, se obtuvieron 14.000 pesos de ganancia, perdiéndose la oportunidad de conseguir una mayor entrada por haberse suspendido en dos ocasiones los vuelos debido al mal tiempo y al viento. Por otra parte, los gastos de alojamiento, comidas de retribución por atenciones recibidas, propaganda, locomoción etc., fueron muy subidos, resultando muy poco comercial y llena de sacrificios la mencionada gira a Viña del mar.

Figueroa que actuó como representante de la Sociedad en esta ocasión, resolvió emprender por su cuenta y riesgo, la tarea de estudiar aviación en Francia, para ayudar a recuperar el capital invertido y, especialmente, para satisfacer sus anhelos de volar, que cada día sentía con mas intensidad.

Mientras Figueroa estudiaba aviación en Francia, y a raíz de una gira de Acevedo al norte, la que constituyó un gran fracaso económico, se suscitaron serias dificultades entre el aviador y Fernández, que determinaron la eliminación de Acevedo, el embargo del Bleriot que piloteaba y, mas tarde, la disolución de la Sociedad.

Transcurrido algún tiempo, el 13 de Abril de 1913, Acevedo caía definitivamente abatido en el rio Bio – Bio, cuando intentaba efectuar un vuelo desde Concepción a Santiago para recuperar su prestigio y popularidad, que le habían sido arrebatados por un ambiente hostil formado en su contra por el comentario callejero y de cierta prensa. Un mes antes, el 22 de marzo, había intentado infructuosamente unir por vía aérea Concepción con Talca. En este vuelo Acevedo había llegado hasta Quilacoya, regresando al punto de partida, en San Pedro, debido a una densa bruma en la ruta y después de una hora de permanencia en el aire, tiempo durante el cual alcanzó a batir el record chileno de altura con 3.180 mt.

Fueron grandioso los funerales de Acevedo en Santiago el martes 15 de abril de 1913. El pueblo entero abrió calle al cortejo, que pasó lentamente por la Alameda de las Delicias, calle Estado y Avenida la Paz, hasta el Cementerio General. Acevedo había nacido en Santiago el 23 de septiembre de 1885. Contaba a la fecha de su muerte poco menos de 28 años de edad. Formado en la escuela de los hombres que surgen por sus propios esfuerzos, encontró su tumba en la conquista de su máximo ideal: la aviación.

En tanto, Figueroa había regresado a Chile con un flamante título de piloto aviador y tras duras alternativas económicas que logró vencer con paciencia y fortaleza, se abrió un camino tapizado de glorias y de triunfos.

Así nació y murió la “Sociedad Chilena de Aviación”


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