claudiobaquedano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con esta fecha fuimos conmovidos por el fallecimiento del Presidente de nuestra Asociación que había contraído un cáncer muy agresivo y que en un lapso inesperadamente corto, nos arrebató a un gran dirigente y a un excelente amigo. En la misa celebrada el día 21 en la Parroquia San José Patrono de la Iglesia en La Reina, fue acompañado por gran cantidad de asociados y amigos que mas tarde lo siguieron tambien al Cementerio Parque del Recuerdo, donde fue despedido en nombre de LAN por el Gerente de Operaciones Carlos F. Arellano. En nombre de la Asociación de Pilotos retirados, usó de la palabra al finalizar la misa, el Vicepresidente Julio Matthei Sch. refiriéndose a Claudio en los siguientes términos:
“Querido Claudio, querido Presidente de nuestra Asociación de Pilotos en Retiro de Línea Aérea Nacional de Chile:
Nos hemos congregado hoy en esta parroquia, no solo tus familiares con tu hermano Patricio,- con el cual compartiste la misma vocación de piloto -, tus amigos, tus colegas de LAN, sino tambien tus hermanos en la fe, los que junto a ti, y junto al pan y al vino consagrados, nos pusimos en presencia del Señor, el cual,- no obstante ocultarse al ojo humano -, nos ve, nos escucha, nos habla, nos ama, nos consuela.
Tras el recogimiento propio de la celebración de la Eucaristía y aún desconcertados frente a los insondables designios de nuestro Padre Dios, solo atinamos a repetir esa exclamación que nos acerca hoy como ninguna otra: ¡ Dios mío, y Señor mío !
Son las palabras con las que nos disponemos a recibir la presencia del Señor en la Eucaristía. Esa Eucaristía que compartiéramos contigo tantas veces en la poquedad, pero tambien en la alegría, de nuestra condición de hijos de Dios. En una comunión muy íntima, nos volvemos a encontrar hoy, regalando y recibiendo la paz, esa paz que nos dejó y nos sigue dando por siempre el Dueño de esta casa que hoy nos acoge a todos, a ti Claudio, como el escogido, y a todos nosotros que aún deberemos completar nuestra tarea.
En su inmensa sabiduría, Dios ha extendido su brazo para preferir llamarte a ti, tal vez para encomendarte que nos señales el camino o para instarnos a prepararnos mejor para el momento que seamos llamados para hacerte compañía y que podría muy bien, estar a la vuelta de la esquina. Dios extiende su mano según su misericordia y su infinito amor, y a nosotros sólo nos cabe aceptar, tambien con amor, esa mano que El nos tiende. Es el gesto a nuestro último vuelo, con destino al lugar que Dios nos tiene preparados, donde solo impera la luz, la paz y el gozo eterno.
Te recibimos como un novel copiloto en los queridos y confiables aviones DC-3 y DC-6, toda una leyenda de nuestra época de aviones propulsados a hélice. En alas de ellos, recorrimos juntos todo Chile y hacia donde LAN decidía desplegar sus alas por el mundo.
Cuando ya te habías instalado con seguridad frente a los mandos de un avanzado jet, tu corazón se rebeló y se negó a cumplir con los estrictos requerimientos de funcionamiento que establece la autoridad aeronáutica. Era el fin prematuro y no deseado de un sueño en la plenitud de tu vida.
Sin embargo, no bajaste los brazos y emprendiste nuevos desafíos que tambien coronaste con éxito. Pero no sólo se trataba de seguir en el mundo laboral, velando por la subsistencia familiar. Volcaste gran parte de tu tiempo y de tus esfuerzos a servir la causa de los pilotos retirados.
Haberte elegido Presidente de nuestra Asociación es lo mejor que nos pudo haber ocurrido. Tu incansable preocupación por la suerte de tus colegas y la eficaz conducción de nuestra institución, fue el sello de tus repetidos mandatos. Fueron ocho años de una generosa entrega, que ni el deterioro de tu salud pudo amilanar.
Nos enseñaste como en tu caminar, dejabas una huella de paz y de alegría; algo que te brotaba del corazón, cerrando el paso a todo aquello que podía causar división y desasosiego, los juicios negativos, las murmuraciones, las quejas y las críticas. Tu amistad era garantía de sinceridad y confianza, de compartir penas y alegrías, de consolar y ayudar con el ejemplo.
Nos enseñaste que la acción de nuestra Asociación no sólo abarcaba la preocupación por sus miembros, sino que tambien, debía contribuir a dar felicidad a otros, como a aquellos niños desvalidos, que recibieron para cada Navidad, gracias a tu empeño, una muestra si bien modesta, no menos importante de alegría.
Muy joven formaste familia con Maureen, que con el correr de los años creció con tus tres hijas y todos tus nietos. Esta familia que para tu querida madre, que tambien nos acompaña, debió ser no sólo motivo de especial orgullo, sino la confirmación de un sueño que sólo la vocación materna,- única de nuestras bienaventuradas madres -, puede construir. Como buen cristiano, fuiste para todos ellos sembrador de paz y de alegría. Por eso para tu querida familia, Claudio, Dios no será un ser lejano que contempla indiferente sus tribulaciones, sus afanes, sus luchas, sus angustias, sus temores, su soledad. Con la confianza que nos da la paternidad divina, volverá la serenidad, porque sabemos que aun las cosas que parecían un mal irremediable contribuyen al bien de los que aman a Dios. El Señor no dejará de enseñarnos un día, por qué fue conveniente aquella humillación, aquel desastre económico, aquella enfermedad, aquella pérdida.
A ti Claudio, no te vamos a despedir, sólo te vamos a desear un buen viaje al mejor de los destinos, un destino mucho mejor que todos aquellos que enfilaste tantas veces con la proa de tu avión, como piloto y Comandante de Aeronave de LAN. Algunos te verán partir, pero todos los que compartimos contigo una vida entera, veremos mas bien que te quedas con nosotros en nuestra mente y en nuestro corazón. Nosotros, tus camaradas pilotos, observaremos con la nostalgia del aviador avanzar tu avión hasta confundirse con ese azul infinito de cielo y quedaremos prendidos de esa estela que será testimonio de tu presencia en nuestros corazones.
Con la fortaleza que dan la fe y la esperanza, tendremos esa paz que trasciende todas las alegrías pero tambien todas las tristezas, y que nos permite decirte, con toda sencillez: Hasta pronto Claudio. Darte con cariño, gracias, en nombre de todos los amigos y colegas retirados por quienes te entregaste sin reservas como Presidente de su Asociación.
Que de tu sueño despiertes, Claudio, a la vida eterna, a esa dicha sobrenatural en presencia de Dios, que es fundamento de nuestra esperanza cristiana.”

Categories: Obituario

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