image001Exactamente 48 horas después del violento sismo y maremoto que asolaran el 27 de Febrero de 2010, las Regiones del Maule, Bío Bío, Los Lagos, causando gran pérdida de vidas humanas y millonarios destrozos materiales, un grupo humano reconocido como Escuadrilla del Aire “Águilas Blancas”, gestada  bajo el alero del “Centro de Ex – Cadetes y Oficiales de la Fuerza Aérea de Chile”, no vaciló en ponerse a las ordenes de la FEDACH y por su intermedio a disposición de la ONEMI, en un generoso intento de acudir en ayuda de quienes vivían una desesperada situación.

Para ello disponían de dos vetustas aeronaves, erróneamente denominadas “avionetas”, marca Cessna, modelo C 172 F año 1965 que, pese a sus bien volados 45 años, se encuentran en excelentes condiciones de aeronavegabilidad.

 

Con limitados recursos económicos, en parte aportados por el Directorio de “Águilas Blancas” y otra por los pilotos de dicha Escuadrilla pero contando con un gran espíritu humanitario y un corazón a toda prueba, se dieron a la digna empresa de colaborar en el Puente Aéreo que se estableció entre Santiago y Curicó, transportando alimentos, medicinas, agua, ropa, zapatos, herramientas, artículos de aseo personal y todo aquello que las Instituciones de Apoyo hacían llegar hasta las dependencias del CAPE, Club Aéreo del Personal del Ejército, ubicado en el Aeródromo de Tobalaba.

 

Día a día, de lunes a domingo, semana corrida, desde la salida del sol hasta el ocaso, estas dos aeronaves, al igual que la de otros Clubes Aéreos, no pararon, volando incansablemente, guiadas por la diestra mano de estos pilotos de “Águilas Blancas”.
En más de un lugar de destino, como por ejemplo Quivolgo en Constitución, fuimos recibidos con los brazos abiertos por los damnificados, siendo calificados como: “Los Ángeles que Dios nos envía desde el Cielo”.
Allí, fundidos en estrecho abrazo, con hombres y mujeres, niños y adultos, dábamos rienda suelta al viril llanto, unos de agradecimiento por la ayuda recibida, nosotros de felicidad por tener la oportunidad de llevar un poco de alegría y esperanza a quienes más lo necesitaban.

 

La rutina era llegar muy temprano a Tobalaba, en equipo de dos pilotos y mientras uno supervisaba el carguío del avión, el que iba a volar en esa oportunidad acudía a la Oficina de Operaciones a imponerse del Informe Meteorológico de la ruta, obtener el correspondiente Plan de Vuelo para luego hacerse al aire, en demanda del Aeródromo de Curicó.

 

Una vez allí, entregaba su manifiesto de carga a un representante de la FEDACH, procedía a descargar su avión para de inmediato regresar a Tobalaba con el objeto que el otro piloto hiciese el vuelo siguiente y así, en más de una oportunidad, hasta tres turnos en el día.

 

¿Almuerzo, once? Eran lujos para tiempos normales; una manzana o un sándwich era a veces toda la ingesta del día.

 

En su Oficina Central de “Águilas Blancas”, el Brigadier de Operaciones secundado por el Brigadier de Mantenimiento, supervisados por el Brigadier Mayor, no descansaban, asignando tripulaciones, controlando el mantenimiento de los dos aviones, sin dejar nada al azar.

 

¿Remuneración? : Cero; los pilotos no la habrían aceptado. Incluso, desde que se inició el operativo hasta su término, cada piloto pagó de su propio bolsillo la diferencia entre el valor de la hora de vuelo y el combustible, ya que este último lo proporcionó la ONEMI.

 

El Centro de Ex – Cadetes y Oficiales de la Fuerza Aérea de Chile “Águilas Blancas” con su Escuadrilla del Aire cumplió 37 misiones, volando un total de 82 horas con 35 minutos, transportando 7.670 kilos de carga en su anciano material de vuelo, aviones que no solo se sustentaban en base a los Principios y Leyes que rigen la Aerodinámica sino más bien sustentados en el corazón generoso de sus pilotos.

 

El día 26 de Marzo de 2010, restablecida ya en gran parte la conectividad terrestre con la Zona Centro Sur, el último avión de “Águilas Blancas” posaba su tren de aterrizaje en el Aeródromo de Tobalaba para posteriormente dirigirse a su Base de Origen, el Aeródromo de Curacaví. A los mandos de dicha aeronave, sonreía un piloto con el corazón henchido de gozo por haber colaborado en esta magna tarea, impuesta por la movediza y loca geografía de nuestro Chile querido.

 

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Nota del encargado de nuestra página.-

 

Oscar Avendaño es un personaje conocido en el ambiente aeronáutico no solo por su pasión por el vuelo sino tambien por su activa participación en instituciones formales e informales que cultivan la amistad entre los pilotos civiles, militares y tambien de LAN, ya retirados. Para distinguirlo de cualquier otro Avendaño del planeta, es ampliamente conocido como “el conejo Avendaño”. No es solo un simple apodo, es su sello personal con el cual rubrica todos sus escritos y comunicaciones. Así fue como termina el propio Oscar su mail con el cuál remitió su colaboración a nuestra página www.pilotosretiradoslan.cl:

 

“Ese sonriente Piloto al que le correspondió terminar el operativo y regresar a Curacaví, …..¡¡¡¡…. tenía una cara de “Conejo”…!!!… que hasta los perros del aeródromo lo persiguieron cuando se bajó de su avión.”

 

Entre muchas otras distinciones que ha merecido de sus amigos aviadores, Oscar es el Brigadier Mayor de laEscuadrilla del Aire de “Águilas Blancas” en la que comparte responsabilidades con el Brigadier de Operaciones y Piloto, Av. Leonardo Marín P. y el Brigadier de Mantenimiento y Piloto Av. Jean Paul Doussouliny.

 

Además le pedimos a Oscar nos remitiera la nómina de los Pilotos que participaron en estos vuelo de “Solidaridad” ya que merecen ser especialmente recordados y destacados: Av. Claudio Navarrete M., Av. Fernando Torres L., Av. Marcelo Moukarzel L., Av. Rodrigo Veganzones O., Av. Christian Vergara T., Av. Ismael Arias M., Av. Rodrigo Bigas M. y Av. Jorge Garcés D.
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Oscar no sólo es un aviador solidario. Es un hombre que sabe alegrar a sus amigos con sus sanas ocurrencias y que tampoco rehuyó celebrar con ellos una pre Navidad luciendo su respectivo gorro pascuero