Con motivo del 25º aniversario del fallecimiento del Comandante de Aeronave (R) de Lan Chile don Jorge Verdugo Correa, realizó una ceremonia junto a su tumba ubicada en el Cementerio Católico de Santiago. En el camposanto hicieron uso de la palabra el presidente del instituto Sergio Barriga Kreft y el socio del Club Aéreo de Santiago Hugo Marín Lezaeta, quienes pusieron de relieve las condiciones personales y profesionales del ilustre aviador, destacando su obra como instructor de la aviación deportiva y prestigioso piloto de la aviación comercial chilena, resaltando además el profundo cariño que él sentía por la Fuerza Aérea, a la que lo unió una amistad de toda una vida. A nombre de la familia agradeció el homenaje, su hijo Jorge Verdugo Palacios, quien al igual lo fuera su padre, es comandante de aeronave (R) de Lan Chile. Finalizó el acto con un responso oficiado por el capellán Reverendo Padre Marcelo Isaule, un toque de silencio y la colocación de ofrendas florales. El Presidente del Instituto, Sergio Barriga K., recordó a Jorge Verdugo Correa con las siguientes palabras:

“El vuelo que siendo casi un niño, a fines de los años veinte realizara en un Avro Linx de la aviación militar chilena, acompañando a su primo el teniente de caballería Osvaldo Correa, fue algo que cimentó la vocación aeronáutica que desde pequeño sentía.

Por ello, cuando contando con la edad y los medios necesarios, en 1935 sus amigos Julio Carmona Lopehandía y Eduardo Lazo Preuss, ambos pilotos de Lan, lo incentivaron a realizar el curso respectivo, no dudó un instante en solicitar su incorporación al Club Aéreo de Chile.-

De su instructor, el entonces teniente Washington Silva Escobar, en un de Havilland Cirrus Moth, aprendió el arte de volar, que en corto tiempo, el 1º de Junio de ese año le permitieron rendir examen ante una comisión integrada por el capitán de bandada Gregorio Bisquert y los aviadores civiles Aladino Azzari y Emilio Etchegaray, recibiendo el anhelado brevet de Piloto Aviador de Turismo.-

Aquel sería el inicio de una siempre ascendente carrera en los cielos de la patria, que tres años más tarde lo llevarían a obtener su habilitación de instructor de vuelo, pasando a ser uno de los instructores más renombrados del país, formando más de cien alumnos en el Club Aéreo de Chile y en los de Curicó y Melipilla.-

El mundo vivía años turbulentos y los avatares de la Segunda Guerra Mundial afectaron los negocios familiares agrícolas, situación que lo llevó a explorar otros horizontes.-

Una vez más sus amigos Julio Carmona y Eduardo Lazo le señalaron nuevas perspectivas y en marzo de 1940 ingresaba a la Línea Aérea Nacional, realizando el 1º de Septiembre de ese año su primer vuelo, como copiloto del Electra que ese día, a los mandos de Eduardo Lazo cubría el servicio caletero a Arica.-

Epoca en que como él mismo lo recordaría más adelante, en materia aeroportuaria era muy poco lo que había. El vuelo IFR no existía y solo en raras ocasiones se volaba de noche.-

Y los años fueron pasando, como pasaron por sus manos los Electra, los Potez, los Lodestar, los Douglas DC-3, los Glenn Martin, los Douglas DC-6B y finalmente los Caravelle VI-R.-

Hoy podemos decir que su carrera fue progresando a la par con el desarrollo que experimentaba la aviación comercial chilena.-

Etapas todas en las que dejó estampadas su impronta de verdadero caballero del aire.-

Volar con él otorgaba una sensación de seguridad que se palpaba en el aire y si alguien se lo solicitaba, con aquella amabilidad y bonhomía que le era tan característica, con agrado recibía a los pasajeros en la cabina para explicarles aspectos del vuelo.-

Por entonces, esa lacra que es el terrorismo, aún no había encontrado en el avión un medio de sembrar el temor y el espanto.-

Con la Fuerza Aérea de Chile estableció aquellos nexos imperecederos que solo se dan entre quienes comparten comunidad de ideales y su opinión muchas veces fue consultada y respetada por sus tripulaciones, cuando había que adoptar una decisión importante y su palabra y consejos generosos siempre fueron tomados en consideración

En lo personal, como oficial de servicio, recuerdo que era frecuente que en sus viajes de regreso de los Estados Unidos, generalmente había alguien esperándolo a su arribo a Los Cerrillos.-

Oportunidades todas, en que desde su maletín de vuelo extraía un paquetito, que manos ávidas recibían con gratitud y esperanza. Eran remedios no existentes en el país, que a él le encargaban y en los que un padre cifraba la posibilidad de mejorar a un hijo afectado por un mal incurable.-

Hombre noble y de corazón bueno, muchas veces fui testigo de ver rodar por su rostro curtido por el paso de los años, más de una porfiada lágrima.-

Le correspondió transportar a dignatarios civiles, militares y eclesiásticos. A reyes, primeros mandatarios y personas de renombre mundial y por su desempeño profesional recibió un sinnúmero de condecoraciones y distinciones.-

Sin embargo, ello no alteró su innata modestia en el actuar y por el contrario, era él quien destacaba las virtudes de los que lo habían honrado. Recordando con afecto a los Presidentes de la República Gabriel González Videla, Carlos Ibáñez del Campo y Eduardo Frei Montalva y se refería con gratitud de don Marcial Arredondo y don Juan del Villar.-

Del Comodoro Arturo Merino Benítez, jefe al que supo admirar diría; “Hombres como él, se dan solo una vez cada cien años en la historia de las naciones”.-

Pero el tiempo, que en forma inexorable establece los plazos, un día le indicó que para él también había llegado la hora de decir adiós a su querida Línea Aérea Nacional y el 17 de Julio de 1969, de regreso de un vuelo a Punta Arenas, detuvo por última vez los motores de un Caravelle.-

“La pena que en ese momento sentí, fue una de las más grandes que he experimentado en mi vida”, me confidenció años más tarde cuando lo entrevisté en casa de don Alfonso Cuadrado.-
“Lo que soy se lo debo a Lan-Chile, la suerte siempre me acompañó y en ella encontré tan buenos amigos”, agregó, resaltando que su mayor orgullo era que sus dos hijos varones habían seguido sus pasos en la empresa.-

No obstante, su retiro de nuestra empresa bandera no lo alejó de la aviación y tiempo después volaría en cielos extranjeros y más tarde como piloto de Solastral, hasta que llegó el momento cerrar la bitácora del alma.-

Invitado de honor, su presencia era recibida con general complacencia en los almuerzos para el aniversario de Lan-Chile, como también en las ceremonias y actividades de nuestro instituto, en las que siempre nos acompañó, brindándonos su consejo sincero y el apoyo afectuoso cuando recién dábamos comienzo a nuestro peregrinar en los cielos de la patria.-
Lamentablemente, cuando aún tanto podía entregar a las alas chilena, Dios nuestro Señor, cuyos designios no son los de los hombres, lo llamó a su lado, llenando de congoja a quienes con él habían compartido esta aventura maravillosa que es la aviación y supieron aquilatar sus cualidades superiores de hombre de bien.-
Talvez el Señor quiso cumplir el anhelo que en vida manifestara a su hijo Jorge como él lo consigna en su libro Los Amantes del Aire. “Yo no quiero que me anden arrastrando de puro viejo”, le señaló cierto día.-En esta mañana, en que la primavera nos recuerda que la vida es una renovación constante, con paso silente, como para no perturbar la quietud de su reposo eterno, al cumplirse 25 años de su partida, sus camaradas del Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile llegan hasta el viejo panteón. Para testimoniar su certeza de que si bien es cierto, ya vuela en el cielo de los viejos pilotos, aquel el de los horizontes sin límites, el recuerdo de don Jorge Verdugo Correa perdura en el corazón de todos los aviadores chilenos.”

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