(Extraído de la “Historia de la Aeronáutica Militar” del Teniente de Ejército Víctor Contreras Guzmán – 1916)

PRIMER VIAJE DEL CAPITÁN AVALOS A VALPARAÍSO.

“En esos mismos días (fines de 1913), el Capitán Ávalos, en un Bleriot 80 HP acompañado del teniente Mery efectuó el primer viaje a Valparaíso. Partió a las 06:20 A.M., se elevó sobre el aeródromo a 500 metros de altura y tomó en la brújula rumbo directo a Valparaíso. Frente a lo Aguirre el altímetro marcaba 1000 metros; en los cerros de Colliguay, 2000 metros. El viaje se prosiguió sin incidencia alguna durante 55 minutos. En esos momentos, espesos nublados, arrastrados por la brisa marina, ocultaron por completo la tierra y el aeroplano navegaba entre cielo azul y el océano de nubes a una altura de 2300 metros que fue la máxima alcanzada durante el viaje.

A as 07:40 A.M. calculando que el aparato debía encontrarse sobre Valparaíso, a juzgar por su velocidad y por los picos de los cerros más altos que sobresaltan de las nubes, que se podían identificar por la carta, procedió a emprender el regreso, resolución que comunicó por teléfono a su compañero Mery que había quedado dormido a 2300 metros de altura, caso raro en aviación. Pero tuvo que tropezar con serias dificultades debido a que la brújula, posiblemente influenciada por el magneto y el motor, empezó a girar locamente y en segundo lugar por carecer en absoluto de un punto de referencia, puesto que la tierra estaba invisible.

Hubo necesidad de orientarse por la Cordillera de los Andes, eligiendo como punto de dirección los picachos que parecían tener la forma de los que se encuentran frente a Santiago. El viaje se continuó en esa forma hasta las 09:20 de la mañana, hora en que se dejó ver por fin tierra, y se pudieron reconocer los alrededores de Casablanca. Cinco minutos después de sobrepasada esa ciudad se notó que era imposible de llegar a Lo Espejo por cuanto el tubo del estanque de aceite marcaba solo dos litros. Tomó la resolución de aterrizar en el punto más favorable, en el fundo de la Vinilla a 11 kilómetros al este de Casablanca, al pie de la cuesta de Zapata.

A causa de la configuración del terreno hubo necesidad de descender desde 2300 metros en vuelo cernido, en espiral muy cerrada a fin de poder aterrar (sic) en el único punto mas o menos favorable que se presentaba desde esa altura. A las 09:30 minutos se tocaba tierra en el campo que desgraciadamente estaba sembrado de arena que impidió al aparato correr normalmente, frenando una rueda que se dobló.
El aparato se inclinó sobre el costado izquierdo, rompiéndose un montante de fuerza, una aspa de la hélice y el borde exterior del ala izquierda. Los aviadores no tuvieron nada que sufrir y en automóvil se llevaron los materiales necesarios para ejecutar una rápida reparación. Algunos días después, el Capitán Ávalos traía el aparato en vuelo hasta el Aeródromo efectuando el aterrizaje con felicidad.”

EL TENIENTE PONCE, CAMINO A OBTENER SU BREVET DE AVIADOR EN LA CASA BREGUET DE VILLACOUBLAY, FRANCIA.

“Ponce demostró tener aptitudes excepcionales para aviador; el primer día hizo líneas rectas rodando; el segundo día se despegó del suelo en un aparato ‘Escuela’ provisto de un débil motor ‘Chenu’. Dos semanas después volaba correctamente en aparatos ‘Escuela’ con motor R.E.P. y Gnome de 50 HP.

Cuando subió por primera vez en un aeroplano provisto de un 70 caballos ‘Labor’, al encontrarse a 300 mt de altura, hizo explosión un cilindro del motor y comenzó a incendiarse el aeroplano comunicándose el fuego por intermedio del carburador. El piloto procedió con toda serenidad: cortó el contacto de la chispa, cerró la llave de la esencia de petróleo y alcanzó a aterrar en el aeródromo, sin contratiempo antes de producirse la catástrofe de la caída del aeroplano y la muerte del piloto por el incendio. El accidente se produjo a causa de la ruptura del soporte delantero del árbol cigüeñal. El motor siguió funcionando, impulsado por el volante; el árbol descentrado rompió el carter, cilindro, algunas bielas y pistones. La chispa de la bujía incendió entonces el petróleo y el aceite del carter e hizo explotar uno de los cilindros.”

9 DE MARZO DE 1914, UN DIA NEFASTO.

“Partieron a tentar el Brevet Militar, comenzando por el recorrido del triángulo Culitrín – Cartagena – Escuela, los Tenientes aviadores Bello, Ponce, Torres y el Sargento Menadier.

El Teniente Torres zarpó primero a las 5 y media de la mañana con rumbo a Cartagena. Fue penetrando en una bruma cada vez más espesa hasta que resolvió descender para ver tierra, creyendo encontrarse en Cartagena. Le fue imposible situarse y tomó rumbo contrario y después de vagar tres horas en el espacio, aterraba en la Escuela sin novedad a las 8 y media de la mañana.

Allí encontró los aparatos de los Tenientes Bello y Ponce que habían regresado.

En la tarde, a las 5 y media renovó la tentativa, pero como demorara más de un cuarto de hora en tomar altura, se hizo tarde y a las 7 de la noche, aterraba en Mallarauco, ocasionando desperfectos al aparato que fueron después convenientemente reparados. El miércoles siguiente, Torres regresó a la Escuela.

El Teniente Ponce partió con rumbo a Culitrin, pero hubo de regresar a causa de la bruma. En su segunda tentativa, aterró en Culitrín a las 10 A.M.

De allí zarpó parra Cartagena a las 5 y media e la tarde, pero como encontrara la costa cubierta de nubes, regresó, vio al aeroplano del teniente Bello tan cerca de si, que los pilotos alcanzaron a saludarse mutuamente con las manos. Ponce hizo señas a Bello de regresar. Permaneció en los aires mas de dos horas completamente desorientado y recorriendo el espacio en todas direcciones. A las 7 de la noche y estando ya por agotarse la esencia de los estanques, hizo un descenso considerable y creyendo que se encontraba en San Bernardo, resolvió aterrar. Después de maniobrar algunos minutos para no caer en una viña, pudo hacerlo con toda facilidad en un potrero, aunque el terreno no se prestaba para ello. En tierra vino a imponerse de su equivocación: se encontraba en Buin a 14 kilómetros al Sur de San Bernardo.
El sargento Menadier conduciendo un ‘Breguet’ de 80 HP salió en dirección a Cartagena.

Debido a la neblina, regresaba, cuando tuvo una falla en el motor que lo obligó a tomar tierra en el cerro de Lonquén, en tan difíciles condiciones que el aparato quedó casi totalmente destrozado.

El Teniente Bello en el viaje a Culitrin a Cartagena se perdió para no volver más.”

ALUMNOS AVIADORES 1914

“Los alumnos comenzaron a practicar en el ‘Duperbarril’ y ‘El Terror’ (Ver en sección CRONICAS, VICTOR CONTRERAS GUZMAN – Primera Parte) y el Teniente (Cesar) Merino se mostró desde el principio uno de los mas aventajados alumnos en estos ejercicios.

Al tercer día viendo los instructores su pericia en manejar estos pseudo aeroplanos preguntáronle si se encontraba en condiciones de subir en el Breguet de 80 HP, Merino contestó que estaba a las órdenes de sus Jefes para que hicieran de él lo que estimaran conveniente.

Sacaron a la pista el Breguet ‘Gnome’, ‘Justo Urrutia’, Merino se instaló en el puesto del piloto y al verlo sus instructores perfectamente posesionado del manejo de los comandos, botón del contacto, y llave del motor, hicieron poner en movimiento la hélice para que ejecutara líneas rectas, sin despegarse del terreno. Merino cumplió su cometido en forma inusitada para un aprendiz sin la menor práctica en el manejo de un aeroplano. Sin contar con la nerviosidad al operar en el contacto del motor, las rectas en el terreno fueron muy regulares.

A la tercera salida, los soldados que retenían el aparato, lo soltaron en dirección oblicua a la pista, es decir según la diagonal del aeródromo.

El aparato partió más veloz que nunca. Merino no había recorrido el campo para reconocer sus accidentes. Unos tubos de cemento, de alcantarillado, se encontraban parados en dirección del sudoeste y en aquellos seiscientos mil metros cuadrados de superficie, el aparato no tomó otra trayectoria que la que pasaba exactamente por el centro del grupo de tubos. Al verlos el piloto repentinamente, resolvió pasar por encima y el aeroplano en vuelo, animado de la mayor velocidad, dio tan recio golpe contra los tubos que su parte delantera de incrustó en el montón y la demolición fue total. El piloto felizmente, solo tuvo algunas contusiones en el rostro.

Un trozo de hélice pasó tangente a su faz y pudo haberle ocasionado la muerte. Difícilmente se habría producido un accidente más desastroso y con menores consecuencias para el piloto.

Desde entonces ese Breguet se llamó ‘El Cólera’ y se abandonó el sistema de aeroplanos artificiales.”