(Por Juan B. González Figueroa – Curso E.A. 1950-1952).

Indudablemente hay situaciones que pueden marcar la trayectoria de una vida, o mejor dicho, pueden cambiar definitivamente tu vida. Esto que les contaré cambió, a lo menos, mi actitud ante los futuros pasos de mi vida.

En 1962 fui trasladado al Grupo de Aviación N° 7, donde había material jet F-80 y T-33, además del Vampiro DH-115. La camaradería era excelente y el vuelo exigente. El F-80 era un avión bastante maniobrable, ágil y muy grato de volar. Con el correr de los meses me familiaricé totalmente con el avión, tanto en vuelo visual como instrumental y porqué no decirlo, disfruté el vuelo.

En 1966 se creó una Escuadrilla de Acrobacia, que tomó el mismo nombre de una anterior: Los Cóndores de Plata; cuatro jet que hacían todo tipo de acrobacia, volando en formación en rombo, con presentaciones en público, mostrando una cara fascinante de la Fuerza Aérea.

Debido a que entre una pasada y otra, durante una presentación, quedaba un tiempo vacío de algunos minutos y era importante mantener al público en una atención permanente, surgió la necesidad de complementar el equipo con un quinto avión que rellenara ese tiempo, actuando solo.

El Comandante de la Escuadrilla, que era Marcial Vargas del Campo, me propuso si quería participar haciendo el Solo, lo cual acepté con mucho agrado, ya que además de ingresar al grupo de acrobacia tendría la oportunidad de volar más horas. Por esto inicié mi entrenamiento especial, puliendo ahora diversas maniobras acrobáticas y con inicio y término a 200 pies aproximadamente. Camino a Colina había una recta que me servía muy bien como referencia para looping, ocho cubano, rol de cuatro tiempos, invertidos etc., de modo que ésta fue mi área de trabajo.

Después de un mes con prácticas de una o dos horas semanales, Marcial me dijo que hiciera una demostración en Los Cerrillos, y un miércoles en la tarde, aprovechando que todo el personal practicaba deporte.

Ese día despegué con el mejor ánimo alrededor de las tres de la tarde, me fui a mi camino favorito, practiqué dos o tres maniobras a modo de precalentamiento y me volví a Los Cerrillos. Mi primera presentación sería un rol bajo con inicio a 100 pies y término entre 150 y 200 pies, Mis prácticas sobre el camino a Colina eran normalmente entrando y saliendo a100 pies. Ahora quería estar mas holgado, sobretodo que realizaría una secuencia completa, manteniéndome siempre a la vista del campo.

Después de coordinar con la Torre de Control para tener el aeropuerto despejado por unos 15 minutos, inicié la presentación entrando de Norte a Sur: Combustible conforme, sistema hidráulico conforme, velocidad conforme, inicio el rol levantando levemente la nariz, luego el invertido y cuando inicio la salida del rol, me siento excesivamente bajo. Sobre la marcha apuro la salida tratando de mantener la nariz arriba; cuando ya estaba próximo a salir el avión entró en stall, girando descontrolado y bruscamente hasta quedar invertido y con vibraciones muy fuertes del avión, además de fuertes golpes de pedales que prácticamente me sacaba los pies de posición, a la vez que el bastón golpeteaba tan fuerte que tuve que tomarlo con las dos manos para que no se me soltara. Mi altura sobre el pavimento de la pista era de uno tres o cuatro metros, no más. La situación era tan precaria que sin decirlo pregunté si ese sería el momento final, me aseguré que tenía fuII potencia y continué tratando de controlar los pedales y el bastón que vibraban demasiado fuerte, sin tratar de salir de la posición invertido ya que estaba demasiado bajo. Llegué al final de la pista y vi que de alguna manera tenía que saltar el cordón de zarzamoras que conforma el límite Sur del aeropuerto. Levanté un poco más la nariz, salté los arbustos y me mantuve unos segundos mas invertido, pensando que no debía sobrepasar los veinte segundos para que no se detuviera la turbina por falta de combustible y a la vez esperando que se suavizaran los comandos, luego, próximo a un segundo potrero, subí hasta unos 150 pies y desinvertí. Allí escuché la voz de la torre de control que me decía “Puchas la libraita, aah… “.

Por supuesto el Comandante del Grupo, el “Pelao” Latorre, que vio la maniobra, quedó con las piernas tembleques y mientras se dirigía a la Comandancia ordenó que aterrizara de inmediato “por haber hecho dos roles bajos seguidos, los cual no estaba permitido”. Los comentarios entre el personal que estaba en deporte eran variados ya que vieron como el chorro del motor levantaba la tierra que había en la pista, mientras me alejaba invertido.

¿Por qué me ocurrió esto?
¡Fue por dos razones!:

Primero por un error de apreciación. Mis prácticas las realizaba sobre un camino de siete metros de ancho aproximadamente, por esto cuando hice la presentación en Los Cerrillos, sobre una pista de cuarenta metros de ancho, aun cuando mi altura era la acostumbrada me sentí demasiado bajo y apuré la maniobra, produciéndose el stall.

Segundo, porque esta posibilidad de stall con velocidad media, no estaba en conocimientos de ningún piloto del Grupo. Todos conocemos el stall por falta de velocidad y también conocemos el stall de alta velocidad, pero este con velocidad media era desconocido y sobretodo no se había considerado como posible en maniobras acrobáticas. Por esto al apurar el término del roll no consideré la posibilidad de que se produjera un stall.

Al día siguiente, fue una sorpresa para mí cuando, mientras me duchaba, me percaté que tenía morados una parte de los pies y la totalidad de las pantorrillas. Aun cuando volaba con botas de vuelo y dos pares de calcetines, estos no fueron suficientes para amortiguar los golpes de los pedales.

Posteriormente salí a volar con Marcial para demostrarle lo ocurrido, (y estaba muy renuente a creerme). Tomamos 10.000 pies y mientras el llevaba los comandos, produje el stall. Caímos cerca de 5.000 pies. Bajamos a 5.000 y repetimos la maniobra; ahora Marcial estaba muy atento. Esta vez caímos 400 pies. Bajamos a 1500 pies y repetimos dos veces mas el stall, cayendo unos 200 pies en cada uno.

Analizado y comentado lo ocurrido, me autorizaron para ingresar a la Escuadrilla de Los Cóndores de Plata, a cargo del Solo, puesto que ejercí durante los dos años que la Escuadrilla estuvo vigente, recorriendo el país de Arica a Punta Arenas.

Con la recepción del material Hawker Hunter y el desguace de los F-80 y T-33 , la escuadrilla quedó en receso.

Por mi parte, la experiencia ganada fue muy grata y beneficiosa. A partir del incidente de mi primera presentación, sentí que alguien me estaba regalando un tiempo extra, una oportunidad mas para ver la vida con otros ojos, con otro corazón, con otro razonamiento y la verdad es que ese cambio de actitud me ha dado el acceso a muchas alegrías, paz interior y tranquilidad espiritual.