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Michael Lambie fue un piloto que no podía pasar desapercibido. Irradiaba, tanto en lo personal como en lo profesional, algo que no dejaba de cautivar. Se inició como piloto en la Escuela de Aviación el año 1964 (Curso Águilas de Oro). Considerando la excelsitud de un ave dorada, cabría decir que Michael hizo con creces honor a esa denominación por su trayectoria de vida en busca siempre de la perfección y superación profesional, como también por su extraordinaria entereza frente a una enfermedad que nunca permitió que lo doblegara.

Después de una exitosa carrera como oficial de la Fuerza Aérea, se incorpora a la DGAC donde entra en contacto con los pilotos de la aviación comercial en calidad de inspector. Deja huella (a veces incómoda…) por su alto nivel de exigencia a los inspeccionados, pero también descubre el atractivo de un nuevo desafío, el de vivir personalmente la experiencia de un piloto comercial.

Ingresa a LAN casi sin transición por su experiencia previa (lo que no dejó de causar cierto escozor en sus nuevos colegas…)  como Capitán de B-737. Sin embargo, con el correr del tiempo Michael supo ganarse la confianza y el respeto de todos por su espíritu de estudio y elevadísimo estándar profesional. Su participación activa en los diversos ámbitos de Operaciones se tradujo en valiosas contribuciones al mejoramiento de procedimientos y criterios operacionales. Es el caso típico de pilotos que sin pretensiones de figuración personal se transforman en importantísimos agentes de dar valor al activo más importante de una línea aérea: la seguridad en sus operaciones.

Abandona Lan, como Comandante de B-767, por la complejidad creciente de su enfermedad y asume de nuevo funciones en la DGAC hasta la fecha de su muerte.

Los que tuvimos la suerte de conocerlo y compartir labores propias de nuestra profesión de pilotos, su partida y por qué no decirlo, su pérdida, nos ha causado un profundo dolor y tristeza. Expresamos a Marcia, su mujer, a Andrea, su hija, a sus familiares, a sus colegas, amigos y camaradas, nuestras más sentidas condolencias.

En el cementerio mereció honores militares y el recuerdo de diversos ex camaradas de la Fuerza Aérea.

También fue despedido por Sergio Barriga K. en los siguientes términos:

“Una vez más los aviadores nos hemos dado cita en este lugar de paz y meditación profunda, donde las ilusiones terminan y los espíritus se aquietan. Lo hacemos para despedir a otro de los nuestros.-

Un caballero del aire, que en palabras de Joseph Keselle: “Ha dado inicio al cruce del gran silencio”.

Aquel vuelo inexorable que todos, tarde o temprano, deberemos también emprender y en el que efectivamente se cruza un punto de no retorno. –

Michael Lambie Dahl fue un profesional intachable, que sirvió con distinción ejemplar a su patria, en las tres vertientes que confluyen en lo que se ha denominado el sistema aerospacial de la nación.

La aviación militar, la deportiva y la comercial; y en las tres lo hizo con acendrada vocación y dedicación. –

Juntos con el recordado Comandante Julio Cerda Pino, nos tocó trabajar en la Dirección General de Aeronáutica Civil, cuando en 1986 se nos ordenó reactivar el Departamento de Aviación Deportiva y pusimos en práctica los programas de instrucción complementaria para clubes aéreos y el de formación de instructores. –

El primero de los cuales, después de treinta años, sigue aún vigente, siendo ya miles los pilotos que de él han obtenido sus beneficios. Michael Lambie, con su carisma y avasalladora personalidad, supo inculcar en ellos el concepto de la seguridad de vuelo. –

Muchos son los que hoy, agradecidos de sus enseñanzas, sienten la pena honda ante su partida. –

Conocedor que su salud día a día se iba resintiendo, periódicamente lo llamaba para compartir temas de aviación, escuchándole su voz siempre entera y, sin jamás oírle una queja ante lo que el destino le había deparado. –

“Amigo Lambie”, como afectuosamente yo le decía, hoy no he venido a decirle adiós, porque adiós implica olvido. –

Sino un “hasta pronto”, rogando a Nuestra Señora de Loreto, Patrona de la Aviación, que al alcanzar Ud. los azules horizontes, salga a su encuentro y cogiéndolo de la mano lo conduzca a la presencia del Señor. Para que El prenda en su alma aquellas alas con que solo los escogidos pueden ingresar a la eternidad.-

Descanse en Paz. “