Indomable aviadora chilena que vino a Gran Bretaña en 1941 para volar en la guerra.

 

                     

 

Margot Duhalde fue la primera mujer de Chile en obtener una licencia de piloto

En una nevada mañana de enero de 1942, los londinenses que caminaban en Trent Park, cerca de Enfield, se sobresaltaron al ver a un Tiger Moth perder altura demasiado rápido sobre campos que no estaban cerca de una pista de aterrizaje.

El avión aterrizó mal, dejando al piloto consciente, pero con la cabeza sangrando.    Los primeros en llegar se sorprendieron al descubrir que se trataba de una mujer. Cuando se dieron cuenta que ella no hablaba inglés y que no portaba ningún documento, llamaron a la policía.                

Margot Duhalde fue arrestada. Si bien no llevaba mucho tiempo en Inglaterra, no era su primera experiencia con la ley. En siete meses la habían detenido como espía, relegada primero al infierno de lavar platos en una casa de convalecientes y luego rescatada por un capellán militar francés.   Que ella encontrara a alguien que respondiera por ella ante la policía de Enfield simplemente apunta al ingenio de una joven atraída por la guerra, desde la otra mitad del mundo, con una fuerza irresistible.

              

Duhalde (a la izquierda en la cabina) con la ATA en un Spitfire Mk XII (1) durante la guerra

Ella no era una espía; ella vino a volar. En el momento de su desastroso primer vuelo solo a campo traviesa en Gran Bretaña, Duhalde tenía 21 años, pero ya era la primera mujer de Chile en obtener una licencia de piloto y la única que pensó en usarla para volar en la guerra. Al final del conflicto ella era una veterana de tres zonas de guerra en más de 100 tipos de aviones (su favorito era el Spitfire Mk XII).   También aprendió inglés, aunque aprendió a blasfemar como sus maestros, que eran ingenieros.

Las aventuras de Duhalde en tiempos de guerra comenzaron con un malentendido. Al comienzo de la guerra tenía 19 años y trabajaba en Santiago, la capital chilena, como protegida de un instructor de la principal escuela de vuelo militar del país. Ella se había enamorado del vuelo después de recibir una lección para su cumpleaños número 16. En el plazo de dos años logró obtener su licencia y cuando Charles de Gaulle creó las Fuerzas francesas libres en el mes de junio de 1940, decidió unirse inmediatamente a ellas.

Su abuelo era del País Vasco francés y ella sintió, dijo, “un deseo por aprender más sobre Francia, el lugar de donde proviene mi familia”. No se le ocurrió hacer otra cosa que no fuera volar para De Gaulle. A nadie se le ocurrió que los documentos presentados por “M. Duhalde” podrían ser de una mujer

Mintiéndole a su madre que probablemente no iría más allá de Canadá, Duhalde cruzó los Andes en un automóvil con dos reclutas masculinos. Tomó un tren a Buenos Aires y un carguero noruego a Liverpool. Cuando atracó allí en mayo de 1941, Duhalde recordó: “Scotland Yard nos estaba esperando”. Churchill en ese momento era escéptico sobre los voluntarios que llegaban a Gran Bretaña bajo los auspicios de los franceses libres. ¿Qué mejor cobertura para un agente Nazi?

Duhalde y sus compañeros de viaje fueron detenidas durante cinco días en Londres, luego entregados a los franceses, quienes los instalaron en un hotel en Russell Square. Solo entonces, -se dio cuenta más tarde-, fue que descubrieron que era una mujer. Cuando le dijeron a las claras que las mujeres no volaban para la Francia Libre, la enviaron a cocinar y limpiar en un establecimiento para pilotos heridos, en Wellingborough.

“Me encontré trabajando como sirvienta”, dijo. Así es como su guerra pudo haber terminado, si no hubiese sido por la intervención del capellán. Después de haber escuchado su historia, le contó a un piloto francés que la presentó a la fuerza Auxiliar de Transporte Aéreo ATA.

A diferencia de la Fuerza Aérea de la Francia Libre o la RAF, la ATA sí aceptó pilotos femeninos. Duhalde tenía 50 horas de vuelo en su bitácora y aprobó su chequeo de vuelo en un Tiger Moth a pesar de que todavía no hablaba mucho inglés.   Destinada a un grupo femenino de pilotos en Hatfield, no deshonró su género como piloto ni como navegante. En ese malogrado primer vuelo solo a campo traviesa, se perdió entre una barrera de globos y decidió hacer un aterrizaje forzoso.

“El campo parecía limpio desde 2,000 pies”, recordó, “pero no llevaba mis gafas”.   Resultó estar lleno de postes de madera y un pequeño muro que se interpuso en su trayectoria le desprendió las ruedas.

 

Ella afirmó volar hasta bien entrados los noventa

Se esperaba mucho de las pilotos mujeres de la ATA siendo la RAF muy crítica de su actividad de vuelo. Duhalde tuvo suerte de ser confinada a tierra solo por tres meses para un curso intensivo de inglés y de mantenimiento de aeronaves. Más tarde fue reasignada a la única agrupación de solo pilotos mujeres, en Hamble, Hampshire, y se le dio el apodo de “Chile”. Ella hizo muchos amigos allí, pero también un enemigo, la igualmente formidable piloto polaca AnnaLeska. Duhalde dijo más tarde:

                              

“Luchamos por todo, en el suelo y en el aire”. El novio de Duhalde, un piloto de la RAF, la vio a ella y a Leska volar una vez peligrosamente y se los contó al comandante de la base por su propio bien. Duhalde fue obligada a disculparse.    “Entonces dije perdón frente a ella”, recordó, “pero afuera le dije a Leska que después de la guerra le arrancaría los dientes”.

En la medida que se acercaba la victoria, Duhalde siguió su sueño. Se unió a la Francia Libre y, como la única mujer con licencia de piloto militar francesa, entregó aviones a bases en Marruecos.

En 1947 regresó a casa con una gira por América del Sur, exhibiendo nuevos aviones franceses. Esperaba volar en LAN Chile, la aerolínea nacional, pero le fue denegado por su condición de mujer. “Los hombres estaban convencidos de que eran los únicos que podían hacer cosas”, señaló sin rencor.

Duhalde voló para una pequeña aerolínea regional antes de pasar 30 años como controladora de tránsito aéreo y directora de su propia escuela de vuelo en Punta Arenas en el austral sur de Chile. Toda su conversación giraba en torno al vuelo y a su perro.

Nacida en 1921 en un campo en Rio Bueno, al sur de Santiago, Duhalde fue el segundo de 12 hermanos. Su primer encuentro con un avión fue verlos pasar por arriba, llevando correo a la Patagonia. Su último encuentro sería en sus noventa.  En 2013, afirmó que todavía volaba dos horas al mes al mando, -al mando-, aunque esa podría haber sido su manera de reconocer la presencia de un copiloto.

Su retiro lo vivió con estilo. Desde un departamento en el distrito diplomático de Santiago recorrería la ciudad en un Peugeot con “look” deportivo. Sus visitas eran recibidas en el Club de Oficiales de la Fuerza Aérea, donde era conocida como “Comandante”. Tenía preferencia por el whisky y la cerveza, y usaba lápiz labial rojo oscuro cuando salía.

Duhalde se casó tres veces, pero nunca por mucho tiempo. Un diplomático que llegó a conocerla se aventuró a decir que sus maridos simplemente “nunca fueron a su medida”. Su primero marido fue Alfredo Burgos. El segundo, en 1957, fue Vicente Martínez-Conde, con quien tuvo su único hijo, Fernando, que trabajaba para la Fuerza Aérea chilena pero ahora es agricultor. Un tercer matrimonio con Charles Price, un estadounidense, duró días. “Fue muy difícil para mis cónyuges entenderme”, escribió Duhalde en sus memorias. “Durante las instrucciones de vuelo, a veces tenía que despegar con un minuto de aviso, sin previo aviso y, a veces, solo regresaba a casa al día siguiente”.

Nombrada caballero de la Legión de Honor francesa en 1946, fue ascendida a comandante 60 años después y reconocida en una carta firmada por Jacques Chirac por su “servicio a sus antepasados”. Sirvió después a Gran Bretaña en la guerra y recibió una medalla por el 50 aniversario de la ATA en 1989.   También recibió en la embajada británica en 2009, una insignia de veteranos especialmente acuñada.

Sobrevivido por su hijo y una legión de admiradores, la indomable, pero inconstante Duhalde murió en Santiago. Ella fue llorada por la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, como una pionera que “demostró en un mundo de hombres que nada es imposible para las mujeres”.

La aviadora Margot Duhalde, nació el 12 de diciembre de 1920. Murió de cáncer el 5 de febrero de 2018, a los 97 años”.

(Ver también CRONICAS 15.04.13 – Margot Duhalde Sotomayor).

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(1) Quien guste de la historia de los Spitfire puede disfrutar de la fascinante historia de la reconstrucción, durante dos años, de uno de esos aviones con piezas originales en la película disponible en Netflix:  “Guy Martins Spitfire” (Guy Martin es un famoso personaje de la televisión y del motociclismo británico que ayudó a restaurar un Spitfire que se estrelló en la 2ª Guerra Mundial y cuenta la historia del piloto).

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1 Comment

Náyade Muñoz · Diciembre 5, 2018 at 1:01 am

Sólo una acotación, Margoth no fue la primera mujer en sacar la licencia de piloto civil en Chile. La primera fue Graciela Cooper el 26 de julio de 1930.

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