El General Arturo Merino Núñez, hijo del creador de Línea Aérea Nacional de Chile (LAN, LAN-CHILE, hoy LATAM) es el nuevo Comandante en Jefe de la FACH. (Reportajes de El Mercurio –  Matías Bakit R.).

En el piso de la Comandancia en Jefe de la FACh, y en la oficina del general Arturo Merino Núñez, el nuevo jefe de la institución, hay un rostro que se repite y que, por momentos parece omnipresente. Es su padre, Arturo Merino Benítez, fundador de la Fuerza Aérea de Chile y pionero de la aviación civil y comercial del país. Está presente en varios retratos, de gala o con uniforme de piloto, en su avión “Bristol”, o en grabados y bustos.

 

En el piso de la Comandancia en Jefe de la FACh, y en la oficina del general Arturo Merino Núñez, el nuevo jefe de la institución, hay un rostro que se repite y que, por momentos parece omnipresente.

Es su padre, Arturo Merino Benítez, fundador de la Fuerza Aérea de Chile y pionero de la aviación civil y comercial del país. Está presente en varios retratos, de gala o con uniforme de piloto, en su avión “Bristol”, o en grabados y bustos.

Un hombre legendario en estos pasillos, al punto que su hijo, su sucesor, en muchos puntos de la conversación se refiere a él, muy formalmente como el Comodoro, a quien —dice— conoció poco.

“Hay que entender que, como hijo, participé en los últimos diez años de su vida”, dice el comandante en Jefe. Sin embargo, tiene en la memoria las historias que su padre le contaba a su familia.

“La más emocionante fue de cuando él abrió las rutas aéreas hacia el sur y hacia el norte. Fue el primer piloto que pudo hacer la ruta completa, para comprobar que se podía hacer y para demostrarles a los pilotos que estaban con él que era una hazaña que se podía lograr. Llegó hasta Arica, haciendo distintas paradas, lo que dio origen a la creación de la Línea Aeropostal, que luego fue LAN Chile. Son historias que a uno le dejaban de enseñanza el ímpetu, el carácter y la fuerza que tenía”, dice.

Claro que el general Merino Núñez conoció a fondo estos logros, años después, luego de la muerte de su padre, en 1970. Fue de ahí en adelante que comenzó a buscar, con familiares, en la prensa, las historias y su origen.

“Él le dijo a Carlos Ibáñez del Campo: ‘yo le tengo los caminos del aire para solucionarle sus problemas y conectar a Chile’. Vio en la aviación la solución para esto. Era un visionario. Su obra estableció las bases de la institucionalidad de la aviación militar, comercial y civil del país. El sistema aeronáutico actual decanta en esas bases creadas en los años 30”.

—¿Qué siente al encabezar la institución que fundó su padre?

Merino Núñez, piensa, y se emociona. Antes de responder, carraspea.

“Si pudiera pedir algo hoy en día, me gustaría hablar con mi padre y decirle: ‘papá, mira dónde estoy, cómo te sientes’. Así como yo me siento orgulloso de él, yo creo que él se debe sentir orgulloso de mí”.

—La gente común reconoce a su padre por el nombre del aeropuerto. El mismo que hoy se quiere cambiar. ¿Qué piensa?

—Hay gente que ha dicho, y lo comparto, que la obra del comodoro Arturo Merino Benítez no es muy bien reconocida en nuestro país. Por eso, estas instancias han sido una oportunidad para nosotros, porque se da a conocer la obra del Comodoro. Es el lado positivo. Pero creo que aquí nos ha faltado exteriorizar más la obra de él, a nivel nacional. Y es algo que voy a realizar en mi gestión. Esto podría ser incluido en los libros de educación de los niños, para que se genere la cultura necesaria.

—Pero, ¿qué siente al saber de la posibilidad?

Por respuesta, Merino saca un papel en el que está escrito el discurso que su padre leyó en el funeral de uno de sus tenientes, que murió en la ruta hacia Arica.

—“Mañana, cuando sean realidad cotidiana los viajes aéreos a lo largo de la República, los que recorran seguros, en forma confortable, mirando desde lo alto, el largo y desolado desierto, la intrincada maraña de los cerros, tal vez no se recordará cómo se ganó eso. A costa de qué esfuerzo. De qué abnegado sacrificio de unos muchachos valerosos que quisieron vencer las dificultades, los peligros y la muerte”. Él tenía razón. Fue visionario hasta para esto.

—¿Y cuál es la opinión institucional?

—Como oficial de la Fuerza Aérea, creo que el país le ha hecho un reconocimiento enorme al Comodoro al haberle puesto su nombre al aeropuerto. Éste representa el legado de todos aquellos aviadores del ayer, de hoy y del mañana.

—La institución, entonces, ¿defenderá su legado ante los parlamentarios?

—Claro, lo vamos a hacer. Cuando supimos que esto pasó, lo primero que hicimos fue hablar con el ministro de Defensa y él nos apoyó en forma inmediata.

—Se ha dicho que era de izquierda y allendista, ¿era así?

—Así lo afirma la historia. En su momento, él abrazó las ideas del socialismo de los años 30. El conoció, siendo oficial del Ejército, y aviador, las precariedades del país. Y hacia el final de su vida vio en esta fórmula que entregaba el socialismo, la salida de todos los problemas.

—¿Usted tiene una posición política definida?

—Claro, pero siempre he sido reservado en ese tema. Además que en la Constitución nos prohíben deliberar, así que prefiero no opinar.

“Caiga quien caiga”

“Pórtate bien, o no serás aviador”, solía decir el comodoro Arturo Merino Benítez, a su hijo pequeño. Es que el actual comandante en Jefe de la FACh siempre supo lo que quería ser. De hecho, a los 14 años rechazó becas deportivas de la Universidad Católica y la de Chile. Su foco estaba totalmente puesto en entrar a la Escuela de Aviación. En 1978 aprendió a pilotear un avión, mucho antes de haber manejado un auto.

—¿Además de sus padres, tiene otros modelos en la Fuerza Aérea?

—Hay muchos. Desde el punto de vista del desarrollo, el general Fernando Matthei, que tuvo la capacidad para proyectar la institución y dar un salto tecnológico importante, que fue un tremendo beneficio para la Fuerza Aérea.

—¿Cuáles son sus desafíos? ¿Los problemas que ve en la FACh para su gestión?

—En mi gestión de mando hay tres ejes. El primer eje está destinado a mantener nuestras capacidades estratégicas de forma de seguir aportando a la paz de nuestro país. ¿Y cómo se hace eso? Generando el control del espacio aéreo. El control y resguardo de la soberanía en el espacio aéreo. En este mismo concepto, esas capacidades deben ser más desarrolladas para buscar los caminos para que se generen más capacidades polivalentes para el aporte al desarrollo del país.

“El segundo va orientado a lo más importante de esta institución: el personal. Debemos estar a la altura de los requerimientos que la sociedad quiere de su Fuerza Aérea. Y estoy hablando de aviadores con una gran ética y moral, con respeto a los Derechos Humanos y con una mente amplia para aceptar la integración de las mujeres. El otro eje va orientado a la infraestructura. Debemos mejorar la calidad de vida en el trabajo de nuestro personal. Sobre todo lo que tiene relación con las escuelas”.

—En el primer punto, resulta clave que la institución tenga el financiamiento, para adquirir y mantener los medios. ¿Lo tiene?

—Hay que entender que la responsabilidad de las capacidades que tiene la Fuerza Aérea es de nivel político. En decir “esta es la Fuerza Aérea que yo quiero tener y quiero hacer esto”. La responsabilidad de nosotros es responder “para lo que usted quiere hacer, necesita esto. Y si no lo tiene, podría ocasionar esto”. Pero la decisión del tamaño de las instituciones y la capacidad estratégica es política.

—En este contexto, en el debate por el financiamiento de las Fuerzas Armadas, ¿Qué necesita la FACh?

—La FACh requiere de un sistema moderno y eficiente de financiamiento. Un sistema que nos permita mantener la fuerza que tenemos. Que tenga procesos de control del nivel político, de tal forma de asegurar que los fondos se ocupen de buena forma y finalmente que nos permita desarrollar aquellas capacidades que el propio nivel político indique que son necesarias. En este sentido, venimos trabajado hace tiempo con el ministro de Defensa y la comunicación ha sido tremendamente fluida.

—Recientemente se han descubierto casos de corrupción en Carabineros y el Ejército. ¿Por qué cree que ocurrieron?

—Los actos de corrupción son de determinadas personas dentro de instituciones enormes, donde hay una mayoría de gente proba. Son individuos que cometen estos actos, y contra ellos hay que aplicar lo que se tenga que aplicar. Caiga quien caiga. Tiene que ser así. Detrás de todos los que caen hay una tremenda institución, que se extiende al tiempo. Los hombres pasan.

—El ministro de Defensa ha manifestado que habrá tolerancia cero con la corrupción en las Fuerzas Armadas, lo que implica también más intervención del Poder Ejecutivo sobre decisiones típicamente más internas. ¿Qué opina?

—Nosotros vamos a seguir todas las orientaciones que nos dé el ministro. De hecho, tiene la particularidad de que con todos los comandantes en Jefe tiene una comunicación muy fluida en todo este tipo de temas.

—¿Hay casos de corrupción que hoy estén en ese proceso en la FACh?

 

—Hubo un caso que no alcanzó a cometerse, porque fue detectado en forma q anticipada. Una persona de la institución intentó hacer mal uso de los fondos.

—¿Y se entregó al Poder Judicial?

—No, porque se detectó a tiempo. No hubo malversación.

—¿Cómo funcionan las asignaciones por viajes o destinaciones en la FACh? En el Ejército, el tema ha generado un mal uso de los fondos, y en esta institución hay viajes permanentes.

—Los procedimientos nuestros nos permiten estar seguros, en el sentido de que no se puede producir que vaya una persona y pueda cambiar un pasaje o recibir dinero por ese pasaje. No hemos tenido indicios de problemas.