Nuestro estimado lector Sr. Antonio Saffie Ibañez, escarbando en su memoria, nos ha querido regalar -a sus 70 bien volados años- este simpático recuerdo que nos muestra las oportunidades que había en otros tiempos. Don Antonio es médico y ex piloto del Club Universitario de Aviación (LIC PP  9428) y alumno del actual Cdte. B-787 de Latam Sr. Miguel Aguilar Zetino.  Por el momento ofrecemos una de sus experiencias como joven estudiante subiéndose como “pavo” a un Caravelle, pero nos ha manifestado que tiene unas cuantas historias más.

“Sería el año 1967 o 1968 cuando yo era asiduo visitante de la Torre de control de Los Cerrillos donde tenía muchos amigos que me invitaban a jugar ajedrez  o cartas y que yo aprovechaba para alimentar mis aficiones aéreas imposibles de cumplir en ese momento a mis escasos 18 años y estudiando una profesión que me demandaba mucho tiempo.

En esa época muchos vuelos nacionales de Lan Chile aún salían de ese aeropuerto en tanto que los internacionales, lo hacían del nuevo aeropuerto de  Pudahuel.

En eso, me fijo que hay ahí mismo, un Caravelle de Lan que según me explican está próximo a efectuar un vuelo de instrucción (en esa época esto era una práctica muy común). Le pregunto a mi amigo controlador si hay alguna posibilidad de que me metan en el vuelo y me contesta que a ellos, los han invitado muchas veces pero el, en lo personal decía que no, porque eran vuelos “un poco violentos” pero que hará las consultas para que yo suba, no sin antes preguntarme si tengo claro en que lesera pretendo meterme.

La gestión resulta exitosa y heme aquí caminando hacia una escalerilla posterior e inferior en la cola del avión y que forma parte del avión mismo. Toda una novedad para la época  La matrícula del avión era  CC-CCP; la recuerdo perfecto, por la analogía con la Unión Soviética de la época…

Una vez adentro me llama la atención el color azul de los asientos (creo que le llamaban Azul Poeta) y cierto olor “a nuevo”. Habían 6 a 8 personas más, dispersas en distintos asientos y adelante, con la puerta del cockpit abierta,  3 a 4 personas más en tenidas informales que parecían ser los instructores y alumnos.

Algo me ronda en la cabeza ¿Qué quiso decir mi amigo con eso de que estos vuelos eran algo violentos?  ¡Ya lo iba saber en carne propia!

Se cierran puertas y ahí mismo se encienden los 2 motores posteriores del Caravelle (parece que no se usaba el push- back). Que emoción, un dulce olor a parafina inunda por un momento el interior que desaparece al iniciar el carreteo. Me siento en una ventanilla derecha de penúltima corrida y espero lo que venga.

Lo que viene es el despegue con una aceleración totalmente desconocida para mí y enseguida , el ascenso en un ángulo que por estar yo sentado atrás se me antojó como de 45 grados – cierto o no – , pero era algo que nunca había vivido antes. Después, viraje al Weste en ascenso con rumbo a un sector costero probablemente el área de Santo Domingo. Alejado ya de la línea de costa (estaba totalmente despejado) a unas 15 -20 millas mar adentro iba a empezar lo bueno (o lo violento como me había anticipado mi amigo controlador).

A continuación una sesión de virajes para todos los lados, algunos bastantes escarpados y por primera vez siento como que los brazos me pesan un poco y que es difícil incorporarme del asiento, una sensación nueva jamás sentida a mis 18 años. Después, un ascenso con nivelada más o menos brusca y otra sensación nunca