Por nuestro asociado CDA Claudio Palma Gaete

-¡Lista completa Capitán!- exclama  Claudio, el copiloto del DC-3 de LAN Chile listo para despegar desde Pucón, hermoso lugar ubicado a los pies de los Andes y en la ribera del lago Villarrica. Juan, el Capitán, empuja ambos aceleradores y el avión inicia su carrera por la pista de tierra.

Ya en el aire, el Capitán ordena subir el tren de aterrizaje y Claudio actúa prontamente  moviendo la palanca correspondiente.

-¡Qué día más lindo y este lago tan precioso! ¡Es un regalo de belleza para el espíritu!- piensa Claudio.

Pero el éxtasis de Claudio ante tanta belleza cambia bruscamente:

¡¡Paf!! – se escucha una explosión desde el  lado derecho, seguida por vibraciones que sacuden el avión.

– ¡Flauta!- exclama, volviéndose para mirar la cara de su Capitán quien  ya retardaba el acelerador del motor derecho mientras giraba la «caña» hacia la izquierda y con su pié empujaba el pedal de ese lado:

– ¡Falla de motor derecho! – le dice a Claudio quien no tenía experiencia en situaciones reales de este tipo. ¡Lo practicado en instrucción, ahora lo vivía de verdad!

Juan hace el procedimiento de detención del motor sin mayor problema, mientras Claudio le va confirmando cada uno de los pasos del procedimiento y luego le dice a Claudio:

-Tú sabes que por el Manual de Operaciones está prohibido aproximar a Pucón con un motor inoperativo, así es que nos vamos a Temuco -.

Claudio ya no disfrutó tanto del paisaje en el resto del vuelo ya que su vista no se apartó de los instrumentos que indicaban el funcionamiento del motor bueno.

Una vez en Temuco, esperaron las instrucciones desde Santiago las cuales no tardaron en llegar: — Permanecer en Temuco pues al día siguiente, en el primer avión que saliera de Santiago a ese destino, iría un especialista en motores con los repuestos necesarios -.

¡Bien! Harto tiempo para recorrer Temuco.

Ya en el hotel, Claudio tuvo tiempo para repasar esta nueva experiencia. Le impresionó la tranquilidad con que actuó el Capitán y lo sencillo  que hizo parecer esta emergencia.

-¡Tuve miedo?- se pregunta

La verdad es que no. Sólo la sorpresa y luego todo lo que hay que hacer – ayudando a completar el procedimiento – no deja tiempo para temores. Por lo demás, todo sucedió tal cual les habían enseñado en su instrucción.

-¿Cumplí bien con lo que yo tenía que hacer?

Esta inquietud le hizo recordar las palabras del Capitán Silvio Parodi en Punta Arenas, no mucho tiempo atrás, cuando junto a otros tripulantes se dirigían al Centro Austral a comer y saborear las deliciosas centollas de la zona:

-¡¡¡Ustedes los copilotos nuevos están muy «botados»!!!

Claudio se sorprendió ya que todavía no había volado con ese Capitán. Silvio continuó:

-Nosotros los Capitanes del último curso tuvimos una reunión y acordamos ser más estrictos con ustedes. De ahora en adelante se les exigirá que las cosas se hagan de acuerdo con la Reglamentación y con los Manuales. Nada de cambios o negligencias. Por ejemplo:

-¡Si el flap se debe bajar a 112 millas, se baja a 112 millas y no se baja a 111 ni a 113!-

Claudio repasó los Manuales y recordó su  actuación en el vuelo y la emergencia. Quedó tranquilo. Además Juan, el Capitán, no le había criticado nada.

Al día subsiguiente el Capitán lo llama y le dice que se prepare pues el avión está listo y deben irse al aeropuerto.

 Ahí los recibe el especialista en motores, el «negro» Linares. Lo apodan así por su tez oscura. Un hombre alto y de una sonrisa muy amistosa.

-Capitán, cambié un cilindro que era lo único dañado en el motor y ahora ya está listo – dice Linderos.

– ¡Bien! Gracias Linares – responde el Capitán y dirigiéndose a Claudio:

– Preparémonos para salir –

Linares se dirige al Capitán nuevamente:

-Señor, le pido su autorización para irme en el otro vuelo que viene de Osorno y que saldrá de Temuco antes que este avión. Así podré llegar más temprano a mi casa -.

Juan lo mira, Linares es un buen profesional y muy querido entre los tripulantes, vacila un momento y luego responde:

– Entiendo tu interés por estar más temprano con tu familia pero en esta ocasión, como tú reparaste este avión, corresponde que te vayas con nosotros. No será mucho más lo que te demores en llegar -.

 Desaparece la eterna sonrisa del rostro del «negro» Linares, quien sólo atina asentir, sin mucho entusiasmo, con un movimiento de cabeza.

Ya en el aire, Juan pilotea su aeronave bajo las nubes, el cielo está totalmente cubierto. Claudio alterna su mirada hacia adelante,  viendo como Juan mantiene una prudente separación con los obstáculos  y hacia abajo contemplando los potreros verdes y amarillos, geométricamente distribuidos.

Juan le dice a Claudio:

– Volaremos bajo nubes hasta Victoria, ahí subiremos y continuaremos volando por instrumentos, la ruta está malita y desde ahí ya tendremos el apoyo de las radioayudas  de la aerovía.

Claudio sintoniza los radio-compases en el radiofaro de Victoria.

Cuando las agujas inician un giro desde adelante hacia atrás, Juan inicia el ascenso ingresando en el manto de nubes.

– Claudio – dice Juan – abajo me pude dar cuenta que hay un viento muy fuerte del oeste, esto no va a ser sencillo. Necesito que tú te dediques muy concentrado  a la navegación, yo me encargo de volar.

Claudio saca sus armas para la contienda que se aproxima: cartas, Dalton, Plotter y compás y algo muy importante: la famosa libretita con todos los «cateos de la laucha» recopilados tanto en el curso de copilotos en LAN como en los vuelos con otros Capitanes que iban sembrando su experiencia en los pilotos más nuevos.

Poco más adelante, Claudio trata infructuosamente de sintonizar el radiofaro de Curicó en el ADF 1, punto siguiente en que se apoya la aerovía. Se ajusta los fonos, los presiona sobre sus oídos y no puede distinguir la señal del radiofaro. Sólo escucha un enjambre de chicharreos y pitos que no permiten percibir la correspondiente señal en morse.  Aunque ajusta la frecuencia en el dial, la aguja gira en todas direcciones sin captar la señal que emite el radiofaro. Vuelve a sintonizar la señal de Victoria y repite la búsqueda de la señal de Curicó con el ADF 2. Pero es inútil, tampoco hay resultado.

-Bueno – se dice Claudio,- era de esperar, Curicó está muy lejos para una buena sintonía  y con mal tiempo es peor todavía. Por ahora tendremos que navegar por la cola con el radiofaro de Victoria  y regresa el ADF 2 a la frecuencia del radiofaro de Victoria.

Pero las agujas de los dos  ADF  ya no estaban quietas dando ambas la misma indicación, habían comenzado a oscilar lo que hacía poco segura la navegación.

– Llegó el momento de usar la libretita -, se dijo Claudio, y buscó la frecuencia de una radio emisora de Los Ángeles. La sintonizó en el ADF 1 y la aguja se orientó sin vacilación indicando la dirección de donde venía la señal. Claudio aleja el fono de su oreja izquierda y se dirige a su Capitán:

– Juanito – es imposible navegar por la aerovía, aún no hay señal de Curicó  y Victoria está saliendo con muchas oscilaciones. Tengo sintonizada la frecuencia de una radioemisora de Los Ángeles en el ADF 1. La señal es buena, yo sé que no se debe navegar por radioemisoras y además,  si la seguimos, nos saldremos de la aerovía pero es la única forma segura de evitar acercarnos a la cordillera -.

Juan, sin despegar la vista de sus instrumentos, le responde sin vacilar:

– Conforme Claudio, tomamos rumbo a Los Ángeles -.

Pasaron sobre la radioemisora de Los Ángeles y seguían sin poder sintonizar el radiofaro de Curicó.

– Capitán, tengo una radioemisora de Chillán en la aguja 1 ¿Seguimos a Chillán?- pregunta Claudio.

Nuevamente Juan da su -¡Conforme!- y continúan ahora volando fuera de aerovía entre Los Ángeles y Chillán. El avión se sacude ocasionalmente y Juan se mantiene atento a sus instrumentos. Pedro, en tanto, controla el aire caliente a los carburadores, vigila y escucha las radioemisoras,  pendiente de la transmisión de su identificación para asegurar la navegación.

¿Y el «negro» Linares?

No se ha aparecido por la cabina de pilotos. Todavía debe estar molesto y pensando que esa tarde podría haber estado mucho antes con su familia si no hubiese sido por la negativa del Capitán.

Pasan sobre Chillán y ahora ya se escucha débilmente la identificación del radiofaro de Curicó. Sin embargo la aguja todavía  tiene muchas fluctuaciones, sin dar seguridad para navegar.

¡Pero no importa! 

Más adelante está Linares y San Javier con sus respectivas radioemisoras. Claudio vivió hartos años en esa zona y se conoce de memoria los nombres, frecuencias y hasta las voces de los locutores y los programas que trasmiten estas radioemisoras.

Después de pasar sobre San Javier, por fin logran captar una buena señal del radio faro de Curicó.

El tramo Curicó Santiago fue tranquilo, relajado. Ya en Los Cerrillos comentan algo respecto del vuelo y se despiden contentos. Se ha cumplido con el deber.

Al día siguiente Claudio se levanta un poco más tarde que de costumbre, se instala a tomar desayuno,  pone la radio y queda paralogizado ante una noticia:

¡Avión LAN desaparecido! A bordo viajaba el equipo de futbol del Green Cross. Escucha atentamente.

 ¿Qué vuelo sería?  ¿Qué tripulantes irían en él?

Se trataba del vuelo que salió poco antes que su vuelo desde Temuco  a Santiago.

¿Qué pasó? ¿Dónde están?

La terrible respuesta podría ser una sola:

¡En la cordillera!

Los tripulantes, ya le eran todos conocidos. Un hondo pesar lo invade.

¿El Capitán? 

Silvio Parodi.

¿Trató de mantenerse en la aerovía, como indica la reglamentación y la corrección de deriva fue insuficiente?  Las señales de los radiofaros deben haber sido muy débiles y la corrección por deriva pudo haber sido buena para contrarrestar un viento normal en la ruta pero ahora era de mucha mayor intensidad y no tuvieron cómo detectarla.

¿Y si tuvieron otros problemas mayores que los distrajeron de la navegación?

 Al nivel que ellos volaban la formación de hielo debe haberlos tenido muy ocupados.

¿Algún otro problema?

Siempre puede ser algo más y que nunca sabremos.

Los pensamientos de Claudio vuelven hacia atrás, hasta antes de salir de Temuco y hay un momento que ahora cobra vida y fuerza:

¡El «negro» Linares!

Se había molestado porque no le permitieron viajar en ese vuelo. ¡Quería llegar antes a su casa!  ¡Pero resulta que sólo pudo regresar a su casa gracias a la decisión del Capitán!

Han pasado muchos años desde que ocurrió este vuelo – fuera de aerovía –  y la tragedia del DC-3 Nº 210 de LAN.

Desde entonces Claudio no ha sabido más de Linares pero está seguro que el «negro», su familia y el Capitán Juan Cantuarias no han olvidado este vuelo. Claudio tampoco.

No era aún el  destino final del  «negro» Linares. A Claudio le habría gustado ver regresar a su rostro moreno esa simpática sonrisa esta vez dirigida al Capitán Cantuarias, quien fuera el portavoz del mensaje supremo que le permitió volver a unirse con su familia:

¡NO «NEGRO» LINARES, TODAVÍA NO!

¡¡¡ AÚN TE QUEDAN TAREAS QUE CUMPLIR EN ESTE MUNDO !!!

Categories: Crónicas

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