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(Por Julio Matthei Sch.)
Cuando ingresé como copiloto LAN en 1956, tuve la suerte de
conocer y apreciar la calidad humana de quien fuera entonces un Comandante de
Aeronave ya antiguo: Jorge Rivera Alonso. Era una época en que la distancia
entre Comandante y Copiloto era enorme y algunos Comandantes lo hacían notar en
forma no muy grata al copiloto, particularmente al recién ingresado. En
ocasiones no había intercambio de palabras durante todo un vuelo, ni siquiera
un saludo de buena crianza. Jorge en cambio, era un Comandante de trato cálido
y amistoso que supo sembrar en nosotros la semilla de una amistad que perdura
hasta hoy transcurridos más de 50 años.
La infancia de Jorge transcurrió en los agitados años entre
la primera y segunda Presidencia de don Arturo Alessandri, período en que se
produce tambien la creación de LAN en 1929. Tal vez sería precisamente por esos
años que Jorge tendría un decisivo encuentro con los aviones y que lo marcarían
para toda la vida. Sucede que la familia acostumbraba a veranear en el entonces
exclusivo balneario de Cartagena, normalmente en casonas capaces de albergar no
sólo a la propia familia sino a parientes y amigos. Uno de esos parientes era
hermana del Teniente Agustín s, un aviador de la Fuerza Aérea de Chile, que
solía aparecer de visita piloteando su avión Gipsy Moth.
Para el deleite de todos los niños lo veían evolucionar sobre Cartagena para
posarse luego en los arenales inmediatamente al norte de la Playa Grande. Como
para Jorge, el tío “Cucho” era de la familia y este reconocía como tal tambien
al “Jorgito”, pronto se dio la oportunidad para, ante la insistencia del niño,
el “tio” lo acomodara un día arriba de su biplano y
lo iniciara en su primera experiencia de vuelo. Fue algo que lo marcó tan
profundamente que, cumplida su mayoría de edad y contra todos los deseos de su
severo padre, ingeniero de Ferrocarriles, tiró por la borda sus estudios de
medicina y se presentó a un concurso de admisión a la Escuela de Aviación Capitán
Avalos.
El Teniente Riveros no era solo
un buen piloto sino tambien un estudioso de la Navegación Aérea, era profesor,
autor de un libro sobre la materia y quien realizó además las primeras experiencias de Navegación Aérea con
empleo de Radiogoniometría. Siempre como oficial de la Fuerza
Aérea fue tambien piloto de la incipiente LAN donde sufre un accidente llevando
de pasajero al Comodoro Arturo Merino. El Curtiss Cóndor N° 2 al mando de Julio Tapia y Riveros de
copiloto sufre el incendio de un motor al aproximar a Copiapó donde una vez
aterrizado se quema completamente sin antes haber permitido la evacuación
completa de sus doce pasajeros. Esto sucedía en 1936. Tres años mas tarde, Agustín Riveros lideraba una escuadrilla de 12 aviones Junkers en un
raid Santiago – Buenos Aires – Santiago, con motivo de las fiestas patrias
argentinas. A su regreso tras una escala en Mendoza los aviones cruzan la
cordillera, a pesar de haber sido notificados de la situación meteorológica
adversa, y se encuentran con todo el valle cubierto por una densa capa de nubes
bajas. Don Agustín habría dado la orden de que cada avión buscara por su cuenta
la mejor forma de llegar sano y salvo a tierra, cosa que felizmente se logró
pero totalmente dispersados. Probablemente por este desliz don Agustín no
seguiría su carrera en la Fuerza Aérea y lo vemos en 1942 formando parte de la
dotación de pilotos de LAN, como instructor de navegación y de vuelo por
instrumentos.
En todo caso, siempre situándonos en lo que para la opinión
pública significaba en esa época ser piloto aviador, es interesante lo que
incluye la Memoria 1938-1941de LAN con respecto a sus pilotos y que podrían
haber reflejado tambien el sentir de la juventud con respecto a esa actividad
ofrecida por la empresa:
De izq. a der. el Comandante Arturo Merino B., el teniente 2° Arturo Meneses K., Teniente 2°
Agustín Riveros G., Alférez Juan Rodríguez P. y
Alférez Vicente Montero F.
“Gracias
a un espíritu de selección que se ha ido superando a través de los años, la
Línea Aérea Nacional ha logrado reunir un grupo de pilotos de primera clase, de excepcionales
condiciones técnicas y de una capacidad profesional sobresaliente.
Para
ellos, en el desempeño de sus altas misiones, no hay, obstáculos ni
inconvenientes de ninguna especie, y siempre, de acuerdo con el espíritu
moderno que anima a la Dirección, están dispuestos y prontos a realizar cualquier tarea que se les
encomiende, por difícil que ella sea.
Debido
a este espíritu de cuerpo, al profundo respeto que los pilotos tienen por los
austeros principios de la aeronavegación comercial y a un contagioso entusiasmo
por el vuelo mecánico, unid todo esto a una emulación que los honra, la
Dirección ha podido atender a todos los servicios extraordinarios que se
le han presentado en los últimos tiempos.
Los
pilotos de la Línea Aérea Nacional forman, pues, un grupo homogéneo de hombres
que luchan y que trabajan por un alto ideal. Su profesión, para ellos,
es una misión superior digna de todo respeto y de toda consideración.
Los
pilotos en todo momento están al servicio del país, porque su trabajo
cotidiano de dirigir y llevar siempre a buen término las aeronaves de la
Empresa, es, en el fondo un función pública de
positiva importancia.
Extensas,
prolíficas y fecundas regiones están atenidas, en buena parte, a sus esfuerzos. La llegada, del correo aéreo diario es
para las provincias más septentrionales de la República una hermosa vinculación, real y positiva, con el
centro de la Nación. El avión es, en, en el fondo, la certeza de un palpitar
unánime y unísono con la capital del país. Tanto el Norte como el Centro viven
en contacto íntimo, y es el avión el que ha realizado este milagro que acerca y
que, reduce a unas cuantas horas la enorme distancia ferroviaria y la tarda y
lenta navegación marítima.
Se
explica, en esta forma, la satisfacción, honda y viril, de los pilotos al
cumplir diariamente con una tarea que, para ellos, es fecunda y es
trascendental porque ella contribuye, en buena parte, al progreso de la Nación.
Fuera
de este sentimiento que eleva el ánimo de nuestro personal de pilotos, se debe
agregar la conciencia de su alta responsabilidad como capitanes de una nave
aérea. En la máquina que la Empresa pone a sus ordenes van a su único cuidado,
preciosas vidas humanas, y un correo - carga y correspondencia – que siempre ha
sido sagrado para los aviadores de todo el mundo. '
Hay,
al respecto, una mística internacional y hay héroes de todas las
nacionalidades, incluso propios que, al sacrificarse voluntariamente por salvar
el correo o por hacerlo llegar oportunamente a su destino, han señalado una
ruta de honor en los anchos y abiertos campos del espacio.
Héroes
gloriosos del progreso humano; su ejemplo magnífico vive y vivirá siempre en
los hombres que en todas las latitudes y en los dos hemisferios, empuñan el
bastón de las aeronaves comerciales.
Su
aporte a la Humanidad es valioso, porque es de paz. Sus alas no se ciernen en
el espacio azul como una amenaza, sino que son, para todos los seres humanos,
una ilusión, una realidad y una esperanza.
Es
satisfactorio, por esto, ver que al finalizar 1941 la Línea Aérea Nacional
cuenta con una espléndida flota aérea integrada por las aeronaves más modernas
del momento y por un cuerpo de pilotos de grandes condiciones técnicas.”
Cuando LAN en esa Memoria se
refiere a sus modernos aviones estamos hablando de una flota de 9 aviones: 3
LAN JACOBS y 6 Electra 10-A y su dotación de pilotos a fines de 1941 era de 8
Capitanes (Sergio García Huidobro Herreros, César Lavín Toro, Eduardo Lazo Preuss, Alfonso Moreira Arriagada,
Héctor Lopehandía Collao, Eduardo von Bischoffshausen, Marcial Arredondo Lillo y 5 Copilotos
(Carlos Wulf Droppelmann,
Alberto Beytía Vivian, Jorge Verdugo Correa, Hernán
Mujica Bordalí y Alfonso Cuadrado Merino). Además ese
año había transportado a 20.191 pasajeros.
A la flota de 1941 se agregarían
en 1943 los cuatro Lockheed Lodestar (el 501, 502, 503 y 504) recibidos por el Vicepresidente de LAN don Rafael Saenz S.
Esa es la situación de LAN en el momento en que Jorge
Rivera Alonso hace sus primeras armas como cadete becado por LAN en la Escuela
de Aviación Capitán Avalos.
En ausencia de una unidad propia de adiestramiento “ab
initio” y conciente de la necesidad de formar pilotos bien preparados para la
empresa, el Vicepresidente de LAN el Comodoro Rafael Sáenz Salazar, decide
incorporar a la Escuela de Aviación a un grupo de jóvenes que harían el mismo
curso regular de los cadetes y que al terminar sus dos años de estudio y
entrenamiento, egresarían con los mismos requisitos exigidos al oficial de la
Rama del Aire de la Fuerza Aérea. La diferencia estaría en que, en vez de
seguir en la Fuerza Aérea, serían contratados como pilotos en Lan Chile.
Así tenemos que con fecha 1 de Marzo de 1944,
por Orden del Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, General del Aire Manuel Tovarías Arroyo, P. 1. N° 73 de fecha 19 de abril de 1944,
se nombraba a contar del 1° de marzo de ese año, Cadetes de la Escuela de
Aviación, Aspirantes a Copilotos de la Línea Aérea Nacional a los siguientes
ciudadanos: Julio Aravena Ibáñez, Luis Avaria Arriagada, Roberto lrigoyen Sahry, Isaac Menis Suker, Marcelo Müller Rivera, Raúl Pa!acios Pinochet, Jorge Rivera
Alonso, Hernán Salas Reyes, Carlos Salazar Román y Vicente Valjalo Ramírez.
Durante su formación como “cadetes”
durante los años 1944 y 1945, en LAN están preocupados de estar presentes en la
Conferencia de Aviación Civil Internacional de Chicago y avanzar ampliando la
frontera de sus servicios hasta la austral Punta Arenas, creándose seis meses
antes de su graduación como oficiales, el servicio regional de Punta Arenas a
cargo del piloto Alfonso Cuadrado Merino con un avión Electra basado en la
zona.
De los cuatro “cadetes” LAN graduados como oficiales,
Hernán Salas Reyes sólo alcanzó a estar tres años en la empresa, ya que sería
uno de los 23 pilotos que fueron despedidos por el Vicepresidente Juan del Villar en 1949. Años mas tarde
(1968) se accidentaría fatalmente en un C 46 aproximando a Punta Arenas. Raúl
Palacios, ya de capitán y con siete años de permanencia en LAN, se accidentaría
en Copiapó en un Lodestar al intentar volver a la
pista después de la falla del motor izquierdo. El avión queda destruido y
perecen todos sus ocupantes.
El mismo mes de su ingreso a LAN
estos “ex cadetes” serían testigo del arribo de los dos primeros C- 47
adquiridos por la empresa y se familiarizarían con los apellidos de sus pilotos
que pasarían a ser sus futuros “Comandantes”, tales como Halley Harris, Moreira, Lopehandía
y Lavín, entre otros. El año 1946 se produce la entrega de la Vice Presidencia
de LAN a Juan del Villar el cual contaría con una respetable flota de 6 aviones
DC-3, 4 aviones Lodestar y 6 aviones Electra.
Tanto Jorge Rivera Alonso como Vicente Valjalo,
si bien se mantendrían en una trayectoria relativamente paralela por todo el
período que les tocó compartir en LAN y tambien posteriormente, activados en la
Reserva de la Fuerza Aérea de Chile, tomarían caminos distintos. Ambos salvan
ilesos de aquel desastroso enfrentamiento de un grupo de pilotos con la Vice
Presidencia de la empresa, quedando instalados entre los primeros quince
pilotos del escalafón. Jorge Rivera A. estuvo mas bien ausente de
toda la controversia entre pilotos y la empresa al estar destacado muy alejado
como Jefe Regional en Punta Arenas, zona que lo atraería casi a lo largo de
toda su permanencia en la empresa.
Y esta atracción fue determinante desde los comienzos de su
trayectoria como piloto. El 13 de Junio de 1946, Alfonso Cuadrado deja de ser Jefe del Regional
Punta Arenas y es reemplazado por Arturo Prado Orozco quien desempeñaría sus
labores junto a Alberto Bermúdez y Fernando Serrá. El
“tata” Prado es trasladado en Octubre de 1947 a Santiago quedando
interinamente en su reemplazo el piloto de transporte Fernando Serrá Cotonat. Posteriormente se sucederían distintos pilotos como Jefes Regionales (René Pairoa, Raúl Turner y Germán Acevedo), siendo designado
Jorge Rivera A., como piloto regional, en marzo de 1948, a dos años de su
ingreso a la empresa y con Raul Turner como Jefe
Regional.
En las puertas de la Agencia LAN de Punta Arenas (1948). Al
centro de uniforme Raul Turner P. A la izq. Jorge
Rivera A. Mas a la derecha de uniforme Jorge Perez S.
Jorge Rivera había demostrado un particular interés por
seguir los pasos de Alfonso Cuadrado Merino en la conquista de los cielos australes
en alas de LAN. Por eso que al presentársele la oportunidad, no la desaprovecha
y se instala por primera vez en Punta Arenas durante los años 1948 y 1949.
De esa época es un memorable vuelo que ejemplifica la
diversidad de misiones que solía cumplir el servicio regional de LAN y que es
relatado por el propio Jorge Rivera A., piloto del Regional Punta Arenas. Se
trata del reabastecimiento por aire del personal del Faro Evangelistas el día 27 de Julio de 1948.
Hasta las 10 de la mañana del anterior, debido al mal tiempo reinante, habían
resultado inútiles los esfuerzos de la Armada para abastecer de provisiones a
los hombres destacados en el faro Evangelistas. Todos
los intentos de acercarse y atracar al desembarcadero habían fracasado. Esto
dio origen al vuelo del bimotor Electra N° 008 y que se relata en detalle en la
crónica “Abasteciendo el Faro Evangelistas” de esta misma sección de nuestra
página web.
El Almirante Santibáñez, Comandante en Jefe de la III Zona
Naval en carta al Vicepresidente de LAN Sr. Del Villar agradece especialmente a
los pilotos de la tripulación del avión y expresa “su reconocimiento por estos
servicios que no solo demuestran pericia, espíritu humanitario y de cooperación
de esa institución, sino que constituyen un timbre de orgullo para Chile.”
, El 22 Noviembre de 1951 siendo Jefe Regional Germán
Acevedo y Agente Comercial Sergio Del Rio, participa en los vuelos inaugurales
regulares entre Punta Arenas y Rio Gallegos. El primer vuelo, de 55 minutos de
duración, lo hace el Capitán Germán Acevedo con el copiloto Alfredo Beytía B. en el Lockheed Electra
CC-CLI N°007. Después del mediodía llegó el Electra N° 006 al mando de Jorge
Rivera A. y el copiloto Eulalio Henríquez, con otros invitados. En este avión
también viajó Guillermo Duarte entonces, meteorólogo LAN en Punta Arenas.
Jorge Rivera A. (2° der. a izq) con el almirante MacIntyre en Puerto Williams para determinar un buen lugar para construir una pista
(1953)
En Marzo de 1954 encontramos
nuevamente a Jorge Rivera A. en Pta. Arenas, ahora, como Jefe Regional. Su
secretario es Mateo Martinic quien más tarde
tendría una destacada figuración política y literaria. Le toca entonces recibir al Capitán Amaro Bamón que viaja, con su familia (mellizos de 3
años incluidos) en DC3, trasladado a Punta Arenas a reemplazar al piloto
Eulalio Henríquez. Allá se integraría al grupo de pilotos formado además por el
Ayudante de Operaciones Julio Mattich y por los
copilotos Jorge Rivera Calderón y Eduardo Montes.
Ese mismo año Cirilo Halley
Harris Mc Donald, Jefe del Dpto. de Instrucción e inspección, lo designa además
como Inspector de DC-3 en los Regionales Pta. Arenas, Pto.
Montt y Balmaceda (DC-3 y DH Dove).
El servicio regional se hace con
dos DC-3 de 28 pasajeros bajo el siguiente itinerario: Correo diario a Santiago
(desde Diciembre 1953) y Porvenir; semanal a Cerro Castillo y Cerro Guido;
bisemanal a Caleta Josefina, San Sebastián, Springhill,
Manantiales, Bahía Felipe, Puerto Natales y Río Gallegos. En este mes también
se inaugura la cancha de Porvenir (900 mts de largo,
apisonada y ripiada, orientada al viento dominante) ubicada en Laguna de los
Cisnes y que llevará el nombre de Capitán Fuentes Martínez (Capitán de Bandada
que pereció en el accidente del hidroavión trimotor Junkers R-42 el 7 de Febrero 1930 en que salvara ileso el Comodoro Arturo Merino B.).
No habían pasado dos meses cuando
la Jefatura de Jorge Rivera A. tuvo que lamentar la pérdida de uno de sus DC-3
precisamente en la cancha de Porvenir recién inaugurada. Amaro Bamón relata en detalle ese accidente en nuestra sección
“Gajes del Oficio” de esta misma página web: “De las luces de Hollywood a un
poco grato bautismo de fuego.”
A
mediados de 1956, la dotación de pilotos del Jefe del Regional sufre los
siguientes cambios: Julio Mattich es reemplazado por
Oscar Boetto y Amaro Bamón por Manuel Iriarte, permaneciendo los pilotos Eduardo Montes y Jorge Rivera
Calderón. En el futuro no habría mas traslados de
pilotos a Punta Arenas. Como Jefe de Estación se desempeñaba el despachador
Litre Medina secundado por el despachador Galvarino Galdames W.
Jorge Rivera Alonso continúa en
Punta Arenas como Piloto Jefe Regional hasta que a principios de 1957(Febrero)
asume como Agente Comercial en esa ciudad. Este mismo cargo lo ejercería entre
los años 1968 (Enero)-1969 (Julio) y mas tarde entre 1973 y 1976.
Durante los períodos de regreso a Santiago efectúa los
cursos de aviones Martin 202 y DC-6B y se desempeña como piloto al mando en las
respectivas rutas nacionales e internacionales.
De izq. a der.: Jorge Rivera A., el VP Eric Campaña y
Marcelo Cisternas
A fines de 1964, con la asunción
a la Presidencia de Eduardo Frei M., asume como Vicepresidente Eric Campaña B.
y al poco tiempo vemos a Jorge Rivera A. elegido como Presidente del Círculo
de Pilotos donde le cabría denunciar con firmeza la precaria condición de
determinados aeropuertos, particularmente el de “Cavancha”
en Iquique donde se había accidentado el DC-6 403, asumiendo públicamente la
defensa del piloto en contra de ciertas voces que con estridencia buscaban su
desprestigio.
De aquel evento guardo no solo gratitud por la lealtad del
entonces Presidente gremial de los pilotos sino esta breve nota con que le
acompañaba mi informe sobre lo sucedido:
Sr. Jorge Rivera A.
Presidente
del Círculo de Pilotos
Presente.-
Por el valor
que tiene para todos los pilotos la experiencia sufrida por el suscrito el día
31 de Julio en un DC-6B en el aeropuerto de Cavancha (Iquique), me permito adjuntarle copia del informe entregado a la Gerencia de
Operaciones de la empresa. Espero que este antecedente complementado por
aquellos que proporcionarán los investigadores del caso sean de positivo beneficio.
Deseo
aprovechar esta oportunidad para manifestarle que no fueron términos por mí empleados
aquellos publicados en la prensa, en que aparecía mencionando que la operación
en Iquique sólo era para “pilotos valientes”. El concepto que tengo de nuestra
profesión y la, en todo caso, excesiva sobriedad de mi carácter, excluyen de mi
persona ese tipo de declaraciones. Mantengo, eso sí, mi opinión en relación a
las limitaciones de la pista que atentan contra una operación segura de los
aviones DC.6B.
Le saluda
atentamente
Julio Matthei Schwarzenberg –
Comandante de Aeronave LAN CHILE
Julio Matthei Sch. como invitado en
casa de Jorge en su período como Presidente del Circulo de pilotos
Hacia fines
de ese año 1965 tendríamos nuevamente la grata oportunidad de compartir una
comisión de servicio al extranjero, esta vez para trasladar desde Dallas a Los
Cerrillos otro DC-6B para la flota de la empresa, a la que se incorporaría con
el número 411. Un vuelo con alternativas muy interesantes ya que nos dio la
oportunidad no sólo de disfrutar unos días por demora en la entrega por parte
de Braniff sino tambien por llevarnos por una
travesía que era desconocida para nosotros.
Por esta
época el VEA publica bajo el título “PICNICS” en la
Isla Navarino una iniciativa del entonces Agente LAN
en Punta Arenas Jorge Rivera A. que apuntaba a competir con los proyectos de
viajes turísticos argentinos hacia la Antártica:
“...Ya estaba impuesto del folleto (argentino
“Antartic Tourist Expedition 1967” con promoción de viaje de barco de turismo
de la Marina de Guerra “Lapataia” hacia la Antártica
por 25 días desde 1 de enero 1967 por USD 3800 = 17 MI de pesos ch.) que circulaba en el mundo del turismo, y también tenía sus
planes para contrarrestar la ofensiva. "En conversaciones informales que
he sostenido con el almirante Tirado, de la Tercera Zona Naval, habría un
acuerdo en principio para realizar viajes de turismo a la isla Navarino. LAN haría vuelos los domingos a un precio
aproximado a cincuenta escudos (ésta es una cifra no determinada aún). La
Armada se encargaría de atender a esos turistas con cocaví, bebidas calientes y
paseos en lancha y a pie por Navarino. Esto es lo que
se ha conversado, no existiendo todavía ningún acuerdo definitivo."
Jorge Rivera
habla con propiedad de la idea. Conoce bastante la región magallánica, pues
como piloto la sobrevoló mucho. Sobre la isla Navarino es un gran entendido: fue el encargado en 1953 de escoger y diseñar una pista
para aviones grandes. Esta se construyó cerca de Puerto Williams, el único
centro poblado -Quinientos habitantes y cuarenta mil ovejas. Actualmente LAN hace
vuelos quincenales a la isla -319 pasajeros en 1965, y 3242 kilos de carga- sin
ningún problema, por lo que tanto máquinas como hombres están adiestrados para
e1 vuelo.
De esta
manera Magallanes se prepara para impulsar el turismo y convertirse en zona atractiva
tanto para chilenos como para extranjeros. Ahora lo qué falta es que las
autoridades navales aprueben y apoyen 1a idea y no se muestren tan reticentes y
misteriosas. El turismo, aparte de entonar los bolsillos fiscales y
particulares, servirá para dar a conocer un territorio ignorado para muchos
chilenos. Para mostrar al resto de Chile cómo trabajan y se esfuerzan en
dificilísimas condiciones medio millar de compatriotas. De paso, servirá para
sentar soberanía tal como se hacia en 1905. Entonces se trataba de pescar
ballenas; ahora se trata de "pescar" turistas.”
Como siempre
Jorge Rivera identificándose con su querida zona austral.
En 1968 y
hasta mediados del año siguiente, Jorge vuelve a asumir como Gerente Comercial
en Punta Arenas y el tráfico local diario a Cerro Sombrero (en convenio con
ENAP) solía alcanzar a 80 pasajeros ida y vuelta. A Porvenir el tráfico en DC-3
era a veces muy precario, uno o dos pasajeros debido a la competencia de la
barcaza Melinka con pasajes más baratos. Tras un período
en que Jorge es reemplazado por Dinko Obilinovic, vuelve a Punta Arenas en 1973 para continuar
hasta 1976.
Jorge Rivera ya retirado de LAN se “activa” en la Fuerza
Aérea pasando a integrar la escuadrilla de transporte de DC-6 del Grupo N° 10.
La vida familiar de Jorge Rivera A. se ve marcada por dos
trágicos acontecimientos. Siendo Gerente Comercial de LAN en Punta Arenas, una
pequeña hija se precipita al vacío por el shaft del
ascensor del edificio en que vivían. La niñita muere a los ocho días a causa de
una infección postoperatoria. Años más tarde, en 1978, su hijo Jorge al salir
desde Los Cerrillos en un vuelo de prueba con el ex piloto de LAN, David Puyol,
se precipitan a tierra, por causas que nunca pudieron ser determinadas, desde
la altura de tránsito cerca de Maipú. El avión Beechcraft J-50 de propiedad de la CORFO habría caído en “spin” a consecuencia de una
posible falla de motor.
Jorge Rivera A., alejado ya de su actividad
profesional como piloto, se ha mantenido permanentemente cerca de sus camaradas
LAN de toda una vida. Es infaltable en todas nuestras reuniones y una fuente
inagotable de interesantes recuerdos y experiencias.
Miembro activo del “Club de la Amistad” formado por
aviadores ex cadetes de la Escuela de Aviación, ex oficiales, pilotos civiles o
simplemente personas afines a la Fuerza Aérea de Chile, nos da siempre un
ejemplo de su nunca menguado interés por alternar religiosamente con sus pares,
cada último jueves del mes, en un ambiente marcado por la mas simple,
transparente y desinteresada amistad entre amantes de la Fuerza Aérea y de la
aviación en general.
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