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Vuelo ”caletero” en De Havilland Dove – LAN 1950
Por Jorge Pérez Sazie
En esa época
la mayoría de los pilotos no tenía teléfono. La Empresa contaba con dos, solo
uno de ellos se conectaba a Movilización para hacer las consultas. Lo usual era
conseguir el teléfono público más cercano. Era bastante difícil comunicarse con
esa repartición, ya que casi todos llamábamos a la misma hora de la tarde, a
fin de enterarnos de nuestros deberes para el próximo día. La recogida es a las
0630 de modo que hay que levantarse a las 05:45.
El
chofer se encarga de la maleta y el capitán aborda la camioneta en la que ya se
encuentra su copiloto y el capitán de otro vuelo. Los saludos protocolares de
los Capitanes y luego los “pelambres”, los chistes. Las risotadas que denotan
anticipadamente la alegría que tendrán al gustar el placer de volar. El novel
copiloto solo escucha atentamente. Los copilotos nuevos eran muy respetuosos
ante sus capitanes. Sabían que la carrera que iniciaban y que habían conseguido
con sacrificio y mucho anhelo, podía terminar abruptamente con solo un informe
negativo de un capitán.
En
los Cerrillos el Capitán sube al segundo piso, del edificio del aeropuerto, a
comunicarse con el Despachador que le proporciona la información de ruta, y la
del tiempo presente, y le entrega la hoja de zarpe para su firma y aprobación.
Si el Capitán estima que las condiciones meteorológicas del destino y las de la
alternativa son favorables acepta y firma la hoja de zarpe. En esa hoja está
anotado el estado del tiempo presente. El despachador guarda celosamente esta
hoja que deslinda su responsabilidad en el caso que algún accidente pudiera
ocurrir cuando el capitán, en uso de su criterio, decida iniciar un vuelo en
condiciones inferiores a los mínimos establecidos por la Compañía. Esos mínimos
aparecen anotados y firmados por el despachador en esa hoja de zarpe.
Ovalle
esta cubierto con estratos a 400 mts., Visibilidad
ilimitada, viento Weste 10 kilómetros / hra. También recibe los tiempos presentes de La Serena y
Vallenar, que están con techos bajos muy próximos al mínimo. Estos tiempos
tienen poca importancia para el piloto, ya que por su experiencia sabe que
estos estratos, que nacen del mar y penetran a tierra por los valles donde
están los aeródromos de la ruta norte, luego se disipan cerca del medio día. No
hay pronósticos. El vuelo a Ovalle demorará 1 hora y 50 minutos. A la llegada
del avión, lo más probable es que esté despejado o quebrado (broken clouds). El Capitán mira
desde la ventana de la Oficina de Control Vuelo y observa a su copiloto que
revisa el exterior del avión, conversa con el mecánico, mueve con sus manos el
timón de dirección y los elevadores. Subido sobre el ala chequea la cantidad de
combustible a bordo con la regla de madera graduada. Saca la funda del Pitot.
El
Capitán, en el trayecto hacia el avión en la losa, se dirige al despachador
comercial que le espera con sus ocho pasajeros, las guías de despacho, las
bolsas de correo y todo listo para el embarque. El despachador entrega los
manifiestos de pasajeros al copiloto. Usando un pequeño piso que sirve como
único peldaño para entrar al avión, el Capitán y su copiloto se introducen para
dirigirse a ocupar sus puestos en la cabina de mando. Pasan agachados por el
corto pasillo, para no raspar con sus gorras el techo, le siguen sus ocho
pasajeros a ocupar cualquiera de los ocho asientos. Ya todos sentados, el
Capitán les da la bienvenida a viva voz. Están todos tan cerca los unos a los
otros que pareciera que están alrededor de una mesa de comedor. A través del
espacio que deja la pequeña puerta abierta de la cabina que lo separa de los
pasajeros, el Capitán, desde su puesto, estira su brazo derecho para dar la
mano al pasajero sentado en el primer asiento de la fila derecha. El es un
vendedor viajero que frecuenta estos vuelos al Norte. Ya son amigos.
Como
no existe una lista de chequeo de prevuelo, esta se
hace “al ojo”: El Capitán ejecuta el acto, casi ritual, de golpear con la punta
de sus dedos los vidrios de los indicadores de sus instrumentos de vuelo. Esto
es necesario para soltar las agujas que pudieran estar pegadas. El Capitán
observa a su copiloto, quien imitándolo, golpea con exagerada energía los
vidrios de sus instrumentos. Le dice en tono autoritario: No me rompa los
instrumentos!
Ambos miran
sus respectivos paneles de instrumentos siguiendo una dirección dextrógira. Si
los encuentran normales, los aceptan sin mediar palabras.
El
mecánico en tierra, al costado del motor derecho, con su extinguidor en la
mano, indica, con un movimiento giratorio de su brazo, que el motor esta libre
para hacerlo partir. El copiloto observa y se lo confirma al Capitán. Se repite
el procedimiento para el motor izquierdo, con la diferencia que ahora es el
Capitán quien debe confirmar que el motor izquierdo está libre. (Muy importante
ya que una vez, por omitir este procedimiento, la hélice de un motor hirió la
nalga del mecánico que aún no había dado el libre para partir). Con los motores
en marcha, el copiloto pide autorización a la Torre de Control para carreteo y
despegue. La Torre le informa viento calma y le da el libre para la pista 21.
En el cabezal de la pista: Prueba de magnetos… despegue, y ya en el aire,
previa orden del Capitán, el copiloto sube el tren de aterrizaje.
Como
aún no se ha creado el Control de Tránsito Aéreo, no existen las Aerovías. Las
únicas disposiciones que había que respetar consistían en que la altura de
vuelos hacia el Norte debían efectuarse en miles pares de pies, más quinientos
pies. No se debía volar a menos de 1000´ sobre el terreno o sobre el mar (nunca
se cumplía), excepto en el área de aproximación a una cancha de aterrizaje. Los
terrenos para aterrizar se llamaban canchas pues no tenían pistas demarcadas.
También las llamaban Postas, cuando estas eran las habituales para el
aterrizaje de los “correos”. El término “correo” venía de los tiempos iniciales
de la aviación comercial, ya que esos primeros vuelos transportaban solo las
bolsas con la correspondencia.
El
Capitán le dice al copiloto que van a” montar” hasta los 4500´ para pasar por Tilama Bajo y así aprovechar los vientos del Sur Weste, ya que estos disminuyen cuando montamos a los 6500’
que se requieren para cruzar por Tilama Alto. (Los
términos Tilama Bajo y Alto no aparecen en los mapas,
solo aparece la Estación Tilama que está cerca de
esos cerros. Muchos de estos términos fueron creados por los primeros pilotos
de Lan que volaron esas rutas). Despegando hacia el sur en contra del viento SW
y ascendiendo, inicia un viraje a la derecha “enfilando” hacia el costado Weste del cerro Renca. Más o menos hacia una dirección,
entre los “tarros” (gasógenos) y las torres altas de las antenas de la radio de
la Armada que están en la Quinta Normal. Pasado Renca, a lo lejos, ya se divisa
el cerro El Buitre, característico por su forma que aparenta ser un cuervo,
posado, con sus alas a medio extender. El vuelo será “contacto” o pilotaje,
como también se llama. Se trata de sobrevolar puntos de la ruta, previamente
conocidos, lo cual implica que el piloto ya voló esos lugares antes y consiguió
la habilidad de ubicarlos sin cometer errores. El Capitán le hace notar al
copiloto la importancia que tiene memorizar bien todos estos puntos notables de
la ruta, que él se los irá nombrando, para que los recuerde. El vuelo es visual
diurno, con cielo despejado. A medida que van ascendiendo, el horizonte parece
levantarse mostrando un terreno erizado de montes cerros y cordilleras. Todos,
o casi todos, tienen nombres, formas y colores diferentes. Esta orografía, tan
propia del país, es muy útil para los vuelos, tanto hacia el Norte como para el
Sur, ya que conociendo los cerros y puntos notables que están en la ruta, basta
con seguirlos para llegar al destino sin necesidad de mirar el compás magnético
ni las cartas aeronáuticas con curvas de niveles que en ese entonces no
existían o eran muy escasas. Vale decir que van fraccionando la ruta de cerro
en cerro o de pueblo en pueblo, tratando de hacerla lo más recta posible. La atmósfera,
en su eterno y errático movimiento, va sacando el avión de la ruta visual que
eligió el piloto. Este, en su intento de mantener siempre apuntando al mismo
cerro, va virando paulatinamente y sin darse cuenta la nariz del avión, al
punto que la línea recta que se propuso volar, resultó ser un arco. Las derivas
las podíamos calcular con la ayuda de un “plotter” y un “Dalton”. Estos
instrumentos eran muy escasos. No existían en el comercio. Los pocos que los
tenían, los habían traído desde los Estados Unidos cuando fueron instruidos en
las Bases Aéreas de ese país. Como tampoco contábamos con cartas aeronáuticas y
los tramos de vuelo eran relativamente cortos, seguimos volando pilotaje ya que
el tiempo y la orografía lo permitían con confianza. Nos olvidamos de los
rumbos y de las derivas…! LAN, en su Centro de Instrucción, se preocupó de
enseñar a sus pilotos el arte de la navegación aérea, mas como cultura
aeronáutica que para su uso práctico...
El
copiloto coloca sobre sus rodillas la incomoda bitácora del avión, que tiene
tapas de lata, y empieza anotar la hora de despegue. Se le quiebra la punta del
lápiz… Al inclinarse para alcanzar su antiguo bolsón de colegio y obtener otro
lápiz, se deslizan, fuera de sus orejas, los pesados fonos justo en el momento
que la Torre de Control le pide que pase a la frecuencia de su Compañía… Da el
OK y manipulando perillas entre pitos y ruidos de estática pasa a los 3023.5
para dar la hora de despegue… No se la entienden y debe repetirla. Dar la hora
de despegue a la Compañía es innecesario ya que el Despachador de Vuelo, desde
la ventana de su oficina, esta viendo toda esa maniobra. No hay más vuelos por
el momento y el aeropuerto se ve vacío. La FACH también recibe esta
información, solo para su conocimiento y para tomar las acciones pertinentes a
la búsqueda y salvamento para las aeronaves perdidas o siniestradas. No tiene
otro control sobre ese vuelo por no existir algún organismo apto para ejercer
esa función. El único y precario control lo hacía la misma empresa con alguno
de los cinco Despachadores Técnicos que la LAN había formado con un “on the job training”. Este anotaba en un pizarrón las horas de despegue y las de las
posiciones que el avión reportaba a las horas y a las medias horas del reloj.
Muchas veces el Despachador desconocía algunas posiciones que ni siquiera
aparecían en las cartas. Tenía que hacer uso de su imaginación para estimar el
lugar geográfico exacto que sobrevolaba el avión, computando la velocidad con
los treinta minutos transcurridos entre la posición conocida y la estimada.
El
Capitán le dice al copiloto que están volando sobre el valle central y que a la
derecha tienen la cordillera de Los Andes y a la izquierda la cordillera de Los
Cóndores, ramal de la cordillera de la Costa. Abajo, un poco a nuestra derecha,
se nota una franja estrecha de tierra removida que se extiende hacia el norte
por varios kilómetros formando una línea muy recta. Es el trazado de la futura
carretera Panamericana. Esta franja será útil para entrar a Santiago, que casi
siempre se ve cubierto de espesa bruma. Ya se divisa el tranque Huechún, casi a los pies del cerro El Buitre, Se acercan a
los cerros que limitan la ribera sur del río Aconcagua. Pasando el río, ya
están en el vallecito de Catemu y desde allí pueden
ver San Felipe. Siguen hacia Cabildo y desde donde ya se puede ver los pasos de Tilama Bajo y el Alto
Son
las 08:30 hrs. y hay que dar la posición. (Las posiciones no son fijas y se dan
a cada 30 minutos de horas reloj, referidas al lugar que se sobrevuela ya sea
sobre ó a la cuadra de algún punto de referencia conocido). A la orden del
Capitán, el copiloto transmite en onda corta con un equipo que no tiene
frecuencia presintonizadas y es necesario mover perillas y agudizar el oído
para obtener una comunicación ruidosa y poco inteligible. Trasmite: - Aquí Lan Charly Lima India posición río Aconcagua, 4500 pies. Estima
Illapel a las 09:00. Despejado -.
A
la derecha se ve el estero seco de Putaendo. La
Ligua, a la izquierda. Distante, al frente, Petorca.
Ahora estamos cruzando la cadena de cerros que llamamos Tilama Bajo. A unos 100 metros más abajo de nosotros, está la punta del cerro; y una
casita que echa humo por su chimenea. - Alguien se está preparando su desayuno
- dice el Capitán. Lejos, en la cordillera de Los Andes, se ven El Aconcagua y
más al Norte El Mercedario. Le recuerda al copiloto novicio, que ya pasaron las
estaciones Las Palmas, Quelón y Tilama,
el tranque de Culimo y que ahora se están acercando a
la estación Caimanes, y que todos esos puntos que les ha mostrado, mas los
cerros y ríos, debe recordarlos con sus nombres, pues es su deber conocer todos
los puntos importantes de la ruta y traspasar esos conocimientos a sus
copilotos, cuando ascienda a Capitán. Tal como a él se lo enseñaron los que
fueron sus Capitanes.
Ya
se divisa el cerro Hornos, alto y aislado. Por allí pasa el único camino que va
al Norte, subiendo una empinada cuesta que llaman El Espino. Tal vez por eso
todos los pilotos llaman El Espino a ese cerro. Dejaremos el Espino un poco a
la derecha. Le mostraré Salamanca, Illapel y su cancha de aterrizaje que se
llama Aucó, y el río que vamos a cruzar.
Son
la 10:00 hrs. y corresponde dar posición: - Lan Cerrillos, aquí De Havilland Charly Lima India, a la
cuadra de Illapel, 4500 pies, estima Ovalle a las 10:50. Despejado. Cambio -.
Ovalle acusa recibo y trasmite la posición, en Morse, a radio LAN Cerrillos,
con copia para Control Vuelo y FACH.
Pasado el
cerro El Espino, se divisa Combarbalá a la derecha y
el tranque Cogotí algo mas adelante. Al frente y
distante, se ve el cerro Punitaqui al cual se
“aproan.” Le instruye al copiloto que el tranque Cogotí puede ser una buena entrada a Ovalle cuando este está cubierto y se viene desde
el Sur. Siguiendo el río Guatulame y a continuación
el río Grande se llega a Tuquí, donde está la cancha
de Ovalle, en una meseta difícil de ubicar por lo uniforme del terreno. La mina
La Cocinera, que está al costado derecho cuando se aterriza hacia el Weste, es una buena referencia para ubicar la cancha. A la
vista del hangar y la pequeña casa con que cuenta la Posta para atender a los
pasajeros, se baja el tren de aterrizaje y el flaps progresivamente. No hay Torre de Control y desde la radio estación no se ve la
cancha. El radio operador debe dejar su puesto y salir afuera a mirar que no
hay otro tránsito, para dar el libre para aterrizar. Se aterriza en una meseta
hacia el Weste contra un viento normalmente suave. Se
tiene la impresión que se está aterrizando en un portaaviones ya que la cancha
se inicia desde el borde de una quebrada que la rodea.. El suelo del campo es
de tierra amarilla como el maicillo, no tiene pista, pero desde el aire se ve
una franja de terreno marcada por las ruedas de múltiples aterrizajes. Se
asemeja a una pista suavemente arqueada hacia la izquierda, debido a que los
aviones próximos al final de sus carreras de aterrizajes tienden a acercarse a
la caseta donde esperan los pasajeros.
En
la losa se desembarcan todos los pasajeros. Al bajar, el copiloto entrega los
manifiestos de pasajeros y los de carga al Despachador. Antes, debió anotar la
hora de aterrizaje y el tiempo de vuelo en la bitácora del avión. El mecánico
de la Posta, junto al Copiloto, revisa la cantidad del combustible remanente,
mediante una regla graduada que introducen en los estanques a través de una
tapa que estos llevan en la superficie superior de cada ala. Como hay
suficiente combustible para llegar a Pan de Azúcar, que está a solo veinte
minutos de vuelo, el Capitán decide no cargar combustible. Una vez descargado
el equipaje de los pasajeros cuyo destino era Ovalle y embarcados, con su
equipaje, los que van al Norte y entregados al Copiloto los manifiestos
correspondientes, los pilotos suben al avión a tomar sus posiciones en el cockpit. Todo está listo para la partida de los motores. El
mecánico de la Posta, con su extinguidor a mano, toma las posiciones que le
corresponde. Con los motores en marcha, el Capitán conduce el avión al cabezal
de despegue. Prueba magnetos y despega hacia el NW. Asciende hasta los 2000
pies virando suavemente hacia la izquierda y luego a la derecha y ya tiene a la
vista la cuesta donde está la Estación Las Cardas. Esta está en un alto al
fondo de un valle medianamente ancho, cerrado por dos cordones de cerros bajos.
El Capitán advierte al Copiloto, que cuando el techo cubre la cumbre de esos
cerros hay que volar apegado a uno de esos cordones a fin de tener espacio para
volver hacia atrás, si el paso Las Cardas esta cerrado. Le muestra la Estación
Pejerreyes mientras se acercan al paso donde está la Estación Las Cardas,
rodeada de árboles altos. Pasado Las Cardas aparece un valle amplio de tierras
cultivadas. Al fondo, antes de Coquimbo, ya se divisa el Cerro Pan de Azúcar,
al lado del cual se encuentra la cancha que sirve a las ciudades de La Serena y
Coquimbo. A la derecha se ve Andacollo con su gran
Iglesia. La línea del ferrocarril nos señala el camino a la cancha de Pan de
Azúcar, donde aterrizaremos, después de pasar las Estaciones de Tambillo y
Cerrillos.
Aterrizado en
Pan de Azúcar, el Despachador señala con sus banderas el lugar donde debe
estacionarse el avión. Con sus banderas cruzadas y apuntando al suelo indica
que puede detener motores. Se colocan las cuñas a las ruedas. Se bajan los
pasajeros. El Copiloto, con el mecánico de la Posta, mide el combustible
remanente en los estanques. El Capitán ordena que se llenen a full. El mecánico
trae rodando, desde una caseta depósito del combustible, un tambor de 200 lts. de Intava 91 y una bomba
reloj. Coloca el tambor a un costado del ala, destapa el estanque del ala más
próxima y coloca sobre ella un embudo que contiene en su interior un filtro de
cuero de ante. Dentro del tambor de combustible introduce el tubo aspirador de
la bomba reloj y accionando a mano la palanca de la bomba, con movimientos
rítmicos de derecha a izquierda y de izquierda a derecha va moviendo el
combustible, a través de una manguera, desde el tambor al filtro y luego al
estanque. Con los estanques llenos hasta el borde, el mecánico introduce en
cada uno de ellos la regla de medir combustible, pero ya no con ese fin, si no
que para ver si hay agua en la Intava 91. Para el
efecto le ha colocado en un extremo de la regla un papel azul que se torna
rosado ante la presencia de agua en el fondo del estanque. Si hay agua hay que
drenar por los “espiches” en las superficies inferiores de las alas. En la
casucha de madera están los pasajeros a ser embarcados y en un taxi de modelo
antiguo, se irán los pasajeros a Coquimbo y los que van a La Serena.
El
avión, con siete pasajeros, despega para Vallenar a las 10:40 hrs. Con rumbo
Norte ascienden para 6500 pies. A la izquierda esta Coquimbo y abajo La Serena.
Ahora la dirección es hacia el cerro Juan Soldado y luego a 025 grados. La ruta
va alejando al avión de la costa Se ven
caleta Cruz Grande con su embarcadero del mineral El Tofo y las islas Pájaros.
El Copiloto anota y trasmite la hora de despegue a la radio estacón LAN que
está en La Serena, y da la hora estimada a Vallenar. Anota también la lectura
de los instrumentos de los motores y de los de navegación. Esta información es
muy útil para el Departamento de Ingeniería. Como no tiene ninguna carta de
navegación, se ayuda con un mapa de los Ferrocarriles del Estado en donde
aparecen las estaciones, algunos ríos y uno que otro cerro con su nombre.
Mirando hacia fuera, trata de ubicarlos en el terreno. Aprovechando el libro
del avión como mesa, dibuja sobre una hoja de su libreta el perfil del
horizonte que está mirando y poniéndole a los cerros, los nombres que le dice
el Capitán
Cada
piloto tiene su libreta particular donde anota las frecuencias de las broadcastings de las ciudades que están cerca de las rutas
que vuela. Estas les son útiles cuando está perdido a causa de un mal tiempo
imprevisto que le ha obligado a montar sobre los estratos cuando ya estos
parecen nacer de las copas de los árboles .
Hay
cerros altos al costado Este de la ruta, así que es mejor”cargarse” un poquito
hacia el Weste, dice el Capitán y agrega: - A la
derecha, distante se ve el cerro Almirante Latorre de forma característica
fácil de reconocer. Ahí nace la quebrada de Santa Gracia, a lo largo de la cual
descienden los aviones que vienen del Norte a aterrizar en La Serena -. Cruzan
la quebrada de Los Choros y le muestra la cancha para, aterrizajes de
emergencia, que hay allí. Son las 11:30 hrs. Trasmiten: - LAN Vallenar, aquí De Havilland Charly Lima India
sobre quebrada Los Choros, 6500 pies.
Estima Vallenar a las 12:05 hrs. Despejado -. Pronto estaremos cerca de la
cancha de Domeyko que es la cancha de alternativa
regular cuando no se puede entrar a Vallenar a causa de mal tiempo. Es difícil
de localizar ya que el terreno de color amarillento es muy uniforme y rodeada
de muchos cerros de mediana altura (entre 4 y 5 mil pies), la cancha está 2230
pies. Trate de memorizar bien la ubicación de Domeyko ya que a Vallenar es difícil de entrar, cuando está cubierto con techos bajos.
Es preciso evitar los cerros altos (9000 pies) al Este que están muy cerca. A
lo lejos se divisa el cerro El Hueso, que por tener dos puntas redondeadas y
muy juntas, alguien le puso cerro El Poto. El avión se aproa para pasar por
entre las dos puntas redondeadas ya que por allí pasa la ruta directa para
hacer la aproximación a la pista de aterrizaje. Están descendiendo y el
Copiloto ya ha pedido las condiciones del tiempo, viento y altímetro para
aterrizar. El Capitán le dice al Copiloto que para hacer esta aproximación
directa hay que conocer bien los cerros que esconden la pista, ya que hemos
iniciado el descenso entre cerros mas altos que la altura de aproximación y
bajaremos el tren de aterrizaje y los flaps antes de
ver la pista, la que aparecerá al frente, cuando rodeemos por la derecha el
cerro que tenemos adelante, en una aproximación final corta. La pista tiene una
altura de 1725 pies, parecida a la altura de Los Cerrillos.
Están
aterrizados en Vallenar sobre una pista pavimentada, la primera y única que
encontrarán en este vuelo a Arica. El Despachador había anunciado la cercanía
del avión con tres campanadas. Ahora, con sus banderas, nos aproxima a una losa
pavimentada como la de Los Cerrillos. Los pasajeros ya han desembarcado y el
copiloto cierra el libro con la anotación de la hora de aterrizaje. Los
pasajeros son conducidos al Casino que la LAN tiene en ese aeródromo para que
disfruten del almuerzo que LAN les ofrece. Los pilotos se dirigen a la casa de
huéspedes, junto al Casino, que tiene un comedor y unos tres dormitorios para
alojar a los tripulantes cuando, por causa mayor, deban pernoctar en esa Posta.
Como allí convergen los aviones del Norte y del Sur, la mayoría de las veces se
juntan dos o tres tripulaciones a la hora del almuerzo, lo que da motivo para
amenas conversaciones sobre las actividades de vuelo y las aventuras que ellas
conllevan. Este es un lugar de reencuentro entre compañeros de un mismo curso
que no se han visto desde hace un largo tiempo; debido a que por sus distintas
rutas voladas no les ha permitido cruzarse en alguna cancha de aterrizaje. El
aeródromo de Vallenar tiene mejores construcciones que cualquier otro en la
zona norte. Fueron hechas por Panagra cuando esa
aerolínea hacía escala en esa Posta para reabastecerse y dar almuerzo a sus
pasajeros que iban o venían de los Estados Unidos. Tiene un radio faro LLE que
puede ser muy útil cuando, por muy remota circunstancia, volando alto sobre un
tope compacto de nubes (con techo alto) es posible hacer un descenso cuadrando
el radio faro.
Terminado
el almuerzo de los pasajeros y las tripulaciones, el Despachador se dirige al
Capitán para anunciarle que tiene el “zarpe” con toda su documentación y los
pasajeros listos para embarcar. El Capitán, en amena charla, no demuestra
ninguna prisa por continuar su vuelo y le pide que espere un momento. No existe
ningún interés especial por cumplir un itinerario ya que por la naturaleza del
vuelo visual, sujeto a los estados del tiempo local y el del destino, es muy
difícil cumplirlo. Lo normal es que siempre los aviones estén retrasados. Al
igual que los pasajeros, debido al estado de los caminos y a veces por el
estado de los viejos buses de la Empresa, que los transporta. Lo más importante
para el Capitán era la hora de despegue hacia la Posta terminal de un vuelo, ya
que esta debía ser tal que permitiera un aterrizaje con luz diurna (hora cero).
La luz diurna terminaba 20 minutos después de la puesta del sol, y estaba
indicada por coordenadas geográficas contenidas en el Almanaque Astronómico de
la Universidad de Chile. El despachador de turno en Los Cerrillos, la
comunicaba por radio a todas las estaciones de la ruta.
En
la ruta el Capitán le muestra los pueblos de Chacaritas, Algarrobal, Castilla, Chañarcillo. - Ese cerro negro, solitario, al frente, es el
cerro La Viuda. Lo dejaremos a la izquierda y allí comenzaremos el descenso
para aterrizar en Chamonate -. Pasan casi rozando
unos cerros de arena y aparece, abajo, el amplio valle del río Copiapó. Muy
visible está la alta chimenea de la planta elaboradora de cobre de Paipote. Hacia ella y descendiendo, se dirigen para entrar
en pierna base al tránsito de aterrizaje hacia el Weste.
No hay Torre de Control. Un radio operador de la FACH da la información de
viento. Virando hacia la izquierda, como para evitar los cerros que cierran el
costado Norte del valle y verificando que no hay otro tráfico, el Capitán pide
tren abajo y un cuarto de flaps. El Copiloto no atina
a comprender donde aterrizará el avión, pues no se divisa ninguna pista y solo
ve al frente un rectángulo de tierra amarilla cercado por zarza mora que
termina muy cerca de un cerrito que tiene una cruz en su cima. Aterrizan
suavemente sobre suelo de arenisca gruesa. - La cancha de Copiapó se llama Chamonate y está cerca del costado Norte del río, al frente
de la ciudad de Copiapó que está en la ribera Sur del río. Es difícil de ubicar
desde el aire, cuando se viene por primera vez; así que tome nota del lugar con
respecto a la chimenea de Paipote y la del cerrito
con la cruz -, le dice el Capitán y le agrega que un tiempo atrás, un avión
monomotor aterrizó estrechamente en un potrero que el piloto confundió con la
cancha. Fue necesario sacar cercos y alargar el potrero para lograr que pudiera
despegar de allí.
Aterrizado
en Chamonate y estacionado en la losa próxima a las
instalaciones de FACH y LAN, el avión es atendido por el Agente de la Empresa
ya que allí no hay Despachador. Se intercambian los Manifiestos y se embarcan
en una camioneta los cuatro pasajeros para llevarlos a la ciudad. Como el
Capitán ordena llenar los estanques con combustible, implica repetir el
procedimiento de mover los tambores de Intava 91,
usar la bomba reloj para subir el combustible, a través de una manguera, que
luego lo hace caer al filtro con cuero de ante y finalmente al estanque. El
Copiloto con su flamante uniforme color beige con tres galones café, ayuda al
mecánico en el bombeo del combustible, para acelerar el proceso. Los dos
pasajeros a Chañaral y los que continúan viaje,
esperan de pié en una pequeña caseta que también vende bebidas. Como el aire
está seco y caluroso, tanto el Capitán como el Copiloto se han sacados sus
guerreras y en mangas de camisa han tomado su posición en la cabina y los ocho
pasajeros ya están en sus asientos.
El
avión despega con viento calma apuntando
su nariz hacia el cerro con la cruz. Al parecer no alcanzará a sobrepasarlo,
así que inicia un viraje suave a la izquierda para alcanzar la ribera del río y
luego seguir su curso hacia el Weste, en ascenso para
alcanzar por lo menos tres mil pies antes de iniciar su viraje al Norte y
sobrevolar los cerros altos que cierran el costado Norte del valle. Estos
cerros forman una cadena compacta que mas parecen dunas de arena de un
desierto. Durante el ascenso, el Capitán le cuenta a su Copiloto que hace poco
tiempo atrás un avión Lodestar, despegando de esta
cancha tuvo la falla de un motor, y que durante el viraje para volver a
aterrizar cayó en pérdida al lecho del río. En ese accidente fallecieron el
Capitán Raúl Palacios, el Copiloto Temístocles Rojas
y la Auxiliar Srta. Lucía Almazabal y cuatro
pasajeros. A raíz de ese accidente la Empresa decidió vender esos aviones.
El vuelo a Chañaral demora como 35 minutos y lo harán a 4500 pies. El
Capitán en su interés de enseñar a su novel Copiloto, le va indicando los
nombres de todos los puntos relevantes de la ruta y que recordarlos le van a
ser muy útiles. Le muestra el cerro Chamonate, al
frente, la quebrada del Morado; junto a los cerros Morado y Moradito, la
quebrada del Flamenco, la quebrada Salitrosa y la de Las Animas. En la costa ya
visible le muestra la punta Patache, el cerro Obispo que tiene un bonete
blanco, y al fondo la quebrada del Salado donde está Chañaral.
Entraremos a la quebrada del Salado y veremos a nuestra derecha el Pueblo
Hundido. Por esta ancha quebrada continuaremos nuestro descenso con rumbo Weste. Con este rumbo enfrentaremos la pista la que también
apunta al pueblo.
Chañaral está en una amplia bahía que tiene
una hermosa playa; pero muy sucia debido a las aguas de relave de la minas de
El Salvador y Potrerillos. Aquí la recepción y el despacho del avión la hace el
Agente con su característica diligencia y amabilidad. La tripulación, en mangas
de camisa, disfruta de la refrescante brisa marina, mientras revisa su avión
para un pronto despegue. No hay Despachador ni mecánico y solo atienden a un
pasajero de llegada y otro de salida.
El
Capitán dice que el vuelo a Taltal demorará 30 minutos y que se hará siguiendo
la línea de la costa a 4500 pies. Veremos el cerro Pan de Azúcar y la quebrada
de su mismo nombre. Desde ese punto tomaremos un rumbo 010 grados que nos irá
dirigiendo hacia Las Breas que es el nombre de la cancha de Taltal, la que se
encuentra en una meseta lejos de la ciudad. Como volaremos sobre una zona sin
caracteres orográficos notorios, salvo el cerro Cifuncho que dejaremos a la izquierda, mantendremos este rumbo hasta divisar el cerro
San José del Pingo que aparecerá a nuestra derecha. Sobre una ruta NW desde el
San José del Pingo encontraremos la cancha de aterrizaje en un terreno
desértico de tierra roja descendente hacia el Weste y
muy alejada de cerros. No hay radio estación en la cancha , solo hay una
casucha para guardar un extinguidor de incendios, banderas, cuñas y otros
elementos pequeños. No hay combustible ni mecánico. Atiende la llegada del
avión un Despachador que señala con banderas el lugar de estacionamiento. El ha
subido desde el pueblo en un viejo automóvil de los años treinta con dos
pasajeros para embarcar. El despacho es muy rápido ya que hay que desembarcar
solo un pasajero con su maleta. Concluidos los trámites rutinarios el avión se
dirige a su cabecera de despegue.
De izquierda
a derecha: Los Capitanes Jorge Pérez Sazie y Mario Riedemann M., y los copilotos Eulalio Henríquez A. y Gastón Veloso M. Al fondo el De Havilland Dove Charly Lima India
aterrizado en el aeropuerto antiguo de Cerro Moreno.
Ya
en el aire sigue la angosta quebrada que baja hasta Taltal. Por allí mismo baja
el tortuoso camino que el auto, con su pasajero, descenderá mil metros hasta
llegar a Taltal. El destino es ahora Antofagasta y el vuelo será íntegramente
sobre el océano, siguiendo la línea de la costa. La ruta normal, cuando se
volaba con los aviones Gipsy Moth, se hacía sobre la
meseta siguiendo la línea del ferrocarril. Era la única manera segura de no
perderse y de poder hacer un aterrizaje de emergencia sobre tierra en caso de
falla del único motor. En el caso que esto último ocurriera, el piloto contaba
con el recurso de trepar a un poste del telégrafo y cortar la línea con un
alicate y esperar que vinieran a socorrerlo, cuando se enteraran del
desperfecto. La ruta sobre la meseta requiere, en partes, alturas de vuelo
sobre los 10.000 pies. Ascendiendo para los 8500 pies, el Capitán sigue con su
enseñanza al Copiloto. Pasaremos pegados a Punta Grande y veremos el pueblo de Paposo; luego Punta de Plata, Punta Dos Reyes, que parecen
dos cabezas coronadas. Desde aquí se pueden ver, lejos en la Cordillera, los
volcanes Lastarria y un poco al norte el volcán Llullaillaco.
Lejos, al frente, se divisa el cerro Coloso y mas lejos, a la izquierda el
Cerro Moreno. Ambos cierran la bahía de Antofagasta. En 1944 un avión Electra
de LAN se estrelló contra la ladera sur del cerro Coloso. Ese día una capa de
estratos cubría la costa y se extendía unas cuantas millas sobre la meseta. El
vuelo era sobre nubes y sobresalían sobre el estrato algunas cumbres altas de
la meseta. Al parecer el piloto confundió una de estas cumbres, muy parecida al
cerro Coloso, que está a la orilla del mar y da comienzo a la amplia bahía de
Antofagasta. Inició el descenso atravesando la gruesa capa de estratos donde
estaba escondido el verdadero cerro Coloso que causó el desastre. Allí
fallecieron el Capitán Sr. Reed, el Copiloto Sr. Álamos y el hijo de Don Ramón
González Nolle, Agente de LAN en Vallenar.
El
vuelo inició el descenso antes de alcanzar el cerro Coloso y ya se encuentra en
la Bahía de Antofagasta a 4000 pies, teniendo a la vista la gran ciudad. El
descenso se hace a 500 pies por minuto, para no incomodar a los pasajeros con
el dolor de oídos que produce el aumento de la presión atmosférica. La pista
está directamente al frente y se inicia prácticamente donde nace la meseta de
blanco acantilado y su hermosa piedra La Portada. Para aterrizar contra el
viento Sur, en un tránsito izquierdo, el avión pasa sobre la Estación Cerro
Moreno del “longino”. A la izquierda se ve la Torre
de Control con su color verde y su
letrero que dice Panagra. La verdad es que lo único
verde que se ve en ese desierto blanco es esa Torre y algunas plantitas que
rodean las instalaciones de Panagra. Hay un radiofaro
FAG y una radio estación de esa Compañía y otra de FACH. La radio estación de
LAN está en la Ciudad, distante unos veinte kilómetros. El copiloto pide las
instrucciones para el aterrizaje a la Torre de Panagra.
Le contesta el Despachador de LAN a quien el operador de Panagra le ha cedido gentilmente su micrófono. Se le autoriza el aterrizaje en una
pista de arena apisonada bastante firme para aceptar el peso de aeronaves como
los DC 3 de Panagra que operan en ese Aeropuerto. La
Torre de Control de Cerro Moreno fue la primera de forma reglamentaria que hubo
en Chile, con visión a los cuatro puntos cardinales, con lámpara “Aldi” y radio estación.
La
recepción de los pasajeros y documentación la hace un Despachador Comercial de
LAN. Un mecánico con su ayudante se encarga de la revisión del avión y de la
carga del combustible. El combustible se carga siempre a full. En el aeropuerto
hay un pequeño stand donde se venden bebidas refrescantes y sandwiches.
Ahí también se preparan, para los pasajeros, unas pequeñas cajas de cartón que
contiene alguna fruta, galletas, sandwich y un vaso
de cartulina encerada, para ser usado por el pasajero cuando desee una bebida
durante el vuelo. Como no hay personal a bordo para la atención a los
pasajeros, el Copiloto desarrolla esta misión, entregando las cajas, para que
se las repartan, e indicándoles que en la parte trasera del avión, hay una caja
de lata con hielo y bebidas refrescantes, además de un destapador atado a la
caja con un cordel. Cuando el avión debía pernoctar en Antofagasta, por razones
de mantenimiento o por hora cero para el despegue, la tripulación se alojaba en
el Hotel Maury (el mejor hotel de entonces). Estaba a la orilla del mar y parte
de él estaba sobre pilones que sobresalían del agua. Era enteramente de madera.
Su dueño, un español muy amigo de los pilotos de LAN, los entretenía con su
charla en las horas previas a la cena.
-
Son las 15:30 hrs. -, dice el Capitán, - debemos despegar pronto, antes que nos
pille la hora cero en Iquique -. El Copiloto recoge rápido los manifiestos,
estados del tiempo y zarpe que le entrega el Despachador Técnico y sigue al
Capitán mientras suben al avión que ya tiene sus ocho pasajeros sentados. Hacen
partir los motores, el mecánico saca las cuñas y señala con las manos que está
libre para rodar. El Despachador Técnico, que ha subido a la Torre de Control,
le da lectura de altímetro, viento y “libre” para el cabezal Norte donde hay un
cuadrado de 25 por 25 mts, pavimentado con concreto,
apto para probar motores y magnetos. Despegan hacia el mar donde ven la famosa
piedra de La Portada. Ascendiendo y virando hacia la izquierda pasan por la
Estación Cerro Moreno del ferrocarril a Mejillones y aproan la aeronave hacia
el cerro Gordo. En el trayecto, aún a baja altura, pueden ver bien los
progresos en la construcción de la pista pavimentada y la de los hangares y
edificios que serán la nueva Base Aérea de Cerro Moreno. Vamos a ascender a
6500 pies y pasaremos sobre Mejillones y desde allí volaremos sobre el mar
siguiendo la línea de la costa. A la derecha están las playas de Caleta Hornos
y de Hornitos. Mas adelante le mostraré la Punta Tames y la Punta Cobija , las caletas Gatico y Guanillos.
En Guanillos entraremos sobre tierra y nos aproaremos
hacia un punto a la derecha del cerro Tolar que ya
estamos viendo y es muy alto, como 7000 pies. La cancha Barriles está a mas de
3000 pies y unos 12 kilómetros al sur del Tolar y es una buena referencia para ubicarla,
ya que Barriles está aislada de otros accidentes orográficos mas cercanos.
Mirando
el color rojizo del terreno en que está la cancha de Tocopilla, el Capitán le
cuenta a su Copiloto que no hace mucho, a un avión Lodestar despegando, se le salió una rueda. El piloto en rápida decisión abortó el
despegue, pero el avión continuó arrastrándose sobre el suelo de tierra roja
que cubre esa meseta. La tierra roja que se levantaba durante esa carrera
desenfrenada, se veía más roja por el efecto del sol poniente. Tal espectáculo,
hizo creer al público que presenciaba el accidente y a los pilotos
involucrados, que el avión había estallado en llamas. Afortunadamente no hubo
incendio y el avión canceló su vuelo en espera de ser reparado por técnicos que
vendrían de Santiago. Los pilotos involucrados Hugo Burr y Guillermo Esquivel pernoctaron en Tocopilla y sin duda que fueron bien
atendidos por nuestro amigo Owen, quien, como siempre lo hacía, llevaba a sus
invitados a Punta Blanca en donde servían los mejores mariscos y pescados de la
zona.
El
despegue de Barriles es a las 17:10 hrs. de modo que no alcanzaremos a
aterrizar en Arica antes de los veinte minutos posteriores a la puesta del sol
y tendremos que pernoctar en Iquique. Esto nos acarreará los inevitables
reclamos de los pasajeros, que ven en nosotros, los pilotos, las únicas
personas en las que pueden descargar sus enojos. - Ya lo verá Ud, colega, cuando le informemos que no llegaremos hoy a
Arica -. Este es un problema común en esta época en que estamos en los
comienzos de la industria del transporte aéreo. Los aviones, como Ud. puede
haber notado no han llegado a la perfección que se espera de ellos para dar la
confianza y seguridad que los pasajeros desean para no tener temor a volar. Ud.
ve los pocos pasajeros que llevamos y los asientos vacíos que pudieron ser
utilizados. Hacen falta ayudas terrestres que permitan a los pilotos saber el
terreno que están sobrevolando y las distancias a sus destinos, durante la
noche o dentro de nubes y en cualquier clase de tiempo. Hay avances en este
sentido. En los Estados Unidos ya han inventado el sistema VOR que supera a los
Radio Range y ADF y se ha adelantado mucho en el uso
del Radar y en el sistema que llaman ILS que permitirá aterrizar con mínimos
muy inferiores a los 1000 pies de techo y una milla de visibilidad. Si bien en
Arica no están autorizados los aterrizajes nocturnos, estos fueron frecuentes.
Dada la condición de Posta terminal del itinerario, los pilotos solían hacer
esfuerzos para superar las limitaciones del avión, cosa que no siempre lograban
y se veían forzados a aterrizar nocturno en el Buitre carente de la iluminación adecuada. Sólo contaba con
los “chonchones” que eran unos tarros con huaype empapado en parafina y aceite quemado, los que se colocaban cada treinta metros
formando una línea. Esta línea le indicaba al piloto el límite izquierdo de la
franja donde puede aterrizar. Los aterrizajes nocturnos se hacen hacia el Este,
con viento de cola, aproximando desde el mar con la luz de los focos y los ojos
bien abiertos para evitar una línea telegráfica que cruza la trayectoria de
aproximación. Afortunadamente estos postes los habían hecho muy bajos en
prevención de riesgos. Los aterrizajes hacia el Weste requerían pasar sobre la ciudad de Arica, Iniciar una pierna con el viento muy
cerca de la cadena de cerros al Norte del valle de Lluta y en su tramo base y final se acercaban demasiado al cerro Sombrero. Un avión
carguero de otra empresa, haciendo este tipo de aproximación durante la noche,
tocó un cerro con su rueda izquierda y tuvo un aterrizaje de emergencia.
Ya se
finalizaron los trámites de desembarque y embarque de pasajeros y el avión está
listo para su despegue con rumbo a Iquique que está cubierto con tres mil pies
de techo. El vuelo demorará 50 minutos. No hay Torre de Control; se despega mirando
con cuidado que no haya algún tráfico visible. Se pasa sobre Tocopilla y se
toma rumbo norte siguiendo la línea de la costa. Se divisa el cerro Tolar y el cabo Paquica, a donde
ya llegan los estratos. Se desciende a 2500 pies para volar bajo la capa de
nubes. El Capitán va mostrando la Punta Arenas, la Punta Chileno, la Punta Chipana, mientras se alejan paulatinamente de la costa. Al
Este está el altiplano con un altura media de 4000 mts.
Siguiendo la costa se ve el pabellón de Pica (un cerro puntiagudo pegado a la
orilla del mar). Mas al Norte está la punta Patache. Entre esta punta y la de Chucumata hay tres pequeñas pistas que los aviones de
instrucción de la FACH utilizan para fines de prácticas y ... para mariscar!
Después de 40 minutos de vuelo, el avión se encuentra en Punta Gruesa, lugar
donde se desarrolló un combate naval durante la Guerra del Pacífico. Desde aquí
ya se ve la ciudad y la Punta Piedras que está al Norte de Iquique. Vamos a
descender a 1000 pies para entrar a tramo con el viento sobre la ciudad. Bajo
esa boya que tenemos al frente está hundida La Esmeralda. La pierna base la
haremos entre Punta Piedras y la ciudad. La aproximación final pasa cerca de
una iglesia y casi a la misma altura de su cruz. El aterrizaje es suave sobre una
superficie dura. El Despachador recibe los dos pasajeros para Iquique y
despacha en un taxi a los cuatro pasajeros para Arica, que pernoctarán aquí en
un Hotel pagado por LAN.
La
cancha de Iquique fue antes un Hipódromo y aún conserva las graderías para el
público. Hay una casa grande, de madera, donde LAN atiende a sus pasajeros y
tiene una radio estación. El mecánico tiene una pequeña bodega donde guarda sus
herramientas, repuestos y unos pocos tambores de combustible. El avión, durante
la noche, queda al cuidado de un viejo nochero. La pista es de tierra
endurecida con sal marina, lo que se consigue regándola todas las tardes con
agua de mar que trae un camión aljibe. Los pilotos son trasladados al Hotel
Prat recién construido y que tiene mejores comodidades que el Hotel Pacífico de
Arica. Son la 18:30 hrs. El Capitán invita a su Copiloto para que después de
cambiados sus uniformes, se junten en la Plaza frente al Hotel a ver a las
niñas iquiqueñas que pasean sus bellezas a su alrededor. Algunas de ellas
coquetean alegres con los jóvenes oficiales del Grupo N 1 de la FACH, que tiene
su Base Aérea en Alto Hospicio. El Capitán saca cuentas y dice: - Hemos volado
8:25 hrs en 10:30 hrs. de servicio. Si hubiéramos llegado Arica antes de la
hora cero, habríamos volado 9:15 hrs. en 11:40 hrs. de servicio. No se conocía
ninguna limitación de horas de servicio y en cuanto a límite de horas de vuelo
diarias, se sabía de oídas que eran 8 horas. Volábamos de sol a sol, como los
trabajadores agrícolas, la verdad era que no nos importaba volar estos excesos.
Estábamos mas contentos cumpliendo un correo que estar en casa sin hacer algo
que fuera mas agradable que volar.
El
Capitán sigue contando, mientras beben un pisco sour en el lujoso club Español: - Cuando estábamos en tierra más de un día,
tomábamos la góndola para Melipilla, que salía de la
Estación Central, para bajarnos en Los Cerrillos y conversar con la gente de
Control Vuelo. Con tanto afán por volar, sin una autoridad que controlara los
máximos de horas voladas diarias, mensuales o anuales, muchos pilotos llegaron
a volar más de 100 hrs. mensuales y hasta 120 hrs. Las 1000 hrs. anuales eran
usuales para los más voladores. Casualmente se topan con los cuatro pasajeros
que no pudieron continuar a Arica. Ya no están molestos por ese inconveniente y
se expresan agradecidos por los beneficios que ofrece LAN en sus vuelos al
acortar el tiempo de tantos días que tomaba el Tren Longitudinal. Cruzan la
Plaza para ir a comer al hotel y luego a sus habitaciones para dormir
“apurados” ya que a las 06:30 los vendrán a recoger, junto a los cuatro
pasajeros, para despegar hacia Arica a las 08:00 hrs.
Embarcados
los pasajeros rezagados mas otros cuatro con destino a Arica, el avión despega
a la hora prevista. Arica e Iquique están cubiertos con la característica capa
de estratos que genera la vaguada costera. El techo es de 2000 pies. El
despegue es hacia el Sur. Los despegues hacia el Norte están prohibidos para
evitar, los vuelos a baja altura, sobre la ciudad. Tren arriba y ascendiendo en
viraje a la derecha para apuntar hacia Punta Piedras. Pasando Punta Piedras
siguen la línea de la costa volando a 1000 pies de altura y aproan hacia Punta Pichalo, donde está Pisagua.
Antes de Pisagua ven Caleta Buena y caleta Junín. Al
Este está la Pampa del Tamarugal con altura media de 6500 pies y que ahora no
se ve por estar tapada con nubes. Pasan cerca de la desembocadura de la
quebrada de Camarones y luego los acantilados con las grutas donde duermen los
lobos de mar y murciélagos vampiros que se alimentan de la sangre de los lobos.
Ya están a la vista del Morro y de la ciudad de Arica. Pasan sobre la ciudad
entrando a pierna con el viento para un tránsito derecho. El tramo base es
delante del cerro Sombrero y luego la recta final a la cancha de El Buitre,
donde aterrizan. Han volado 50 minutos desde Iquique. Ahora hay que cargar
combustible y apurar el despacho para poder llegar a Santiago antes de la hora
cero.
El
avión es despachado a Santiago vía Antofagasta, Vallenar, Illapel, Santiago.
Full gasolina. Antofagasta cubierto con estratos a 4000 pies. Visibilidad 10 Kms. Los Cerrillos cubierto con altos estratos sobre 3000 mts. Completados los trámites aduaneros el avión despega
hacia el mar a las 09:50 hrs. ascendiendo en ese rumbo para romper nubes y
quedar sobre el tope a 5500 pies. Toman rumbo Sur. Están sobre el mar que no
ven, sin embargo ven toda la pampa y la distante cordillera con sus cumbres
nevadas. El Capitán aprovecha esta amplia visión para mostrar al Copiloto los
volcanes Guallatiri y el Isluga que se ven coronados de nieve junto a muchos otros cerros altos cuyos nombres
aimaraes desconoce. A la hora y veinte minutos de vuelo ya están cerca de
Tocopilla, a la vista del cerro Tolar que sobresale
sobre los estratos. Y mas al sur, aproximando a bahía Hornos hay un gran claro
descubierto de nubes. Por ahí descenderán para volar bajo nubes hacia
Antofagasta. En cuanto pasan Mejillones, se dirigen hacia el cerro Gordo y
desde allí ya pueden ver donde está la pista de Cerro Moreno. Piden
instrucciones a la Torre de Control que les da el libre para aterrizar junto
con el altímetro y el viento, Con el tren abajo y un poco de flaps, sobrevuelan las instalaciones del que será el nuevo
Aeropuerto de Antofagasta y que estará justo sobre el Trópico de Capricornio.
Aterrizan y cierran el libro a las 12:20 hrs.
Mientras
preparan el avión y lo llenan de combustible, aprovechan para almorzar junto a
los seis pasajeros que continúan al Sur, en un pequeño restorán que tiene en el
aeropuerto el Sr. Bronda y quien además da
alojamiento a las tripulaciones de Panagra, en una
Posada que tiene en la Ciudad. Provistos del zarpe y de los estados del tiempo
en la ruta, y con la autorización de la Torre de Control, despegan a las 13:30
hrs. con rumbo a Vallenar. El Copiloto comunica a radio LAN, y anota en el
libro, la hora de despegue. Da su estimada a la posición de las 14:00 hrs. y su
estimada a Vallenar. La ruta será sobre el mar siguiendo la línea de la costa y
a 7500 pies. A esta altura los vientos son más favorables cuando se vuela hacia
el Sur. La distancia entre Arica y Antofagasta es muy parecida a la que dista
entre Antofagasta y Vallenar, así que esperamos llegar a Vallenar a las 16:00
hrs.
El
Capitán quiere saber cuanto recuerda el Copiloto de los nombres de los lugares
recorridos el día anterior. Le dice: - Muéstreme la Punta Dos Reyes. Bien,
ahora la Punta Plata -. Y así con preguntas y respuestas, erradas y correctas,
pasan un buen rato de instrucción de ruta. El copiloto que se entretiene
haciendo cálculos de navegación, le dice al Capitán que vientos de la izquierda
están derivando al avión hacia la derecha. Efectivamente eso esta sucediendo.
Pero en realidad no existe ningún viento que empuje al avión hacia algún lado.
La verdad es que no existe ningún viento que afecte el avión, el único, si es
permitido llamarle así, es el roce del aire sobre el avión que está penetrando
en la atmósfera que lo transporta. El viento es significativo para el avión
cuando va aterrizar o al despegar y solo cuando tiene ruedas sobre el suelo.
Cuando está en el aire está siendo transportado por la atmósfera, tal como lo
es un pasajero cuando es transportado por un tren. En navegación aérea se
utiliza, erróneamente, la palabra viento cuando se refiere a los movimientos de
la capa atmosférica que envuelve al avión. Si hubiera viento en la atmósfera,
los dirigibles llevarían velas en su parte superior y navegarían mejor que los
veleros. Recuerde, agrega el Capitán, la atmósfera, en su eterno vagar, lleva
al avión a cualquier parte. El Piloto deberá tomar el curso, que le llevará a
su destino, corrigiendo el rumbo a que la atmósfera quiere llevarle.
Sobre
Taltal pasan a volar sobre tierra. A la izquierda está el cerro San José del
Pingo y a la derecha el cerro Cifuncho y lejos,
adelante, los cerros Morado y el Moradito, los que dejarán a la izquierda para
pasar entre Caldera y Copiapó los que verán muy bien desde esa altura. Durante
esos largos vuelos, la conversación entre Capitán y Copiloto se hacía tediosa
cuando no existía empatía entre ellos. Para algunos Copilotos era un tormento
volar con ciertos Capitanes. Sin embargo había otros Capitanes que eran alegres
y buenos conversadores y hacían buena “yunta” con sus Copilotos. No podemos
negar que todos los que fueron nuestros Capitanes nos dejaron enseñanzas que
nos sirvieron durante toda nuestra vida profesional y las continuamos enseñando
a nuestros Copilotos, hasta llegar a crear ese actuar profesional tan uniforme,
característico de las tripulaciones de LAN. Los Copilotos y los Capitanes, en
las repetidas veces que formaron la misma tripulación, llegaron a hacerse
grandes amigos. Cuando, por razones de servicio, debían volar dos Capitanes
formando una tripulación, había un ambiente de dualidad de mando que no siempre
fue grato. Esas amistades que se crearon desde la época que fuimos Copilotos,
se han mantenido a través del tiempo. Como buenos humanos que somos, también
hay enemistades que aún perduran
En
esos monótonos vuelos sobre terrenos tantas veces vistos. El Capitán rompe el
silencio y pregunta al Copiloto si en sus vuelos ha visto alguna vez a un disco
volador. El Copiloto contesta que no, pero que ha oído que algunos los han
visto. El incrédulo Capitán afirma que esta sobradamente probado que no hay vida
inteligente, fuera de la Tierra, en nuestro sistema solar. Según él es
imposible que algún cuerpo material creado por seres inteligentes, pueda
acercarse a nuestro planeta viniendo desde otro sistema solar. La estrella mas
cercana a nuestro sol es Alfa, en el Centauro, y esta dista 4 y medio años luz.
Puedes calcular la distancia en kilómetros: 300 000 por 3 600 por 24 por 365
por 4,5. De donde pueden venir esos OVNIS si no es de nuestra propia
imaginación? Todo el mundo que se nos manifiesta a través de miles de ondas de
diferentes ciclos y amplitudes que excitan nuestro sentidos y estos envían
otras ondas microeléctricas a nuestros cerebros que
nos muestran lo que llamamos nuestro mundo real. No es acaso maravilloso que el
ojo, parte inicial de nuestro sentido de la vista, reciba en su retina las
distintas ondas de la luz solar, estelar o artificial reflejada en el objeto
que estamos observando y las imprima chiquitas e invertidas en el fondo del
ojo? La retina a su vez transforma esta imagen en impulsos eléctricos que van a
alguna parte de nuestro cerebro que se encarga de interpretar estas ondas de
luz como un objeto con color, forma y posición en el espacio. No es posible
también que la luz reflejada y refractada a través de diferentes capas de la
atmósfera con distintas densidades ópticas debido a sus distintas temperaturas
y grados de humedad nos den falsas sensaciones de objetos inexistentes o que
están bajo el horizonte? Todos, mas de alguna vez hemos visto agua en el
desierto o sobre el pavimento en días calurosos, es lo que llamamos espejismo y
es una muestra de que hay fenómenos físicos que provocan falsas sensaciones.
Cuando no se tiene una distancia conocida que sirva de referencia para situar
objetos en el espacio, estos pueden estar a cualquier distancia que queramos
imaginar. Hay casos en que una mancha en el parabrisas del avión nos parece ser
una nave distante. Una prueba interesante que demuestra lo diferente que pueden
ser las apreciaciones del tamaño que tienen objetos distantes cuando se les
quiere comparar con objetos cercanos conocidos. Por ejemplo pregunte: ¿Con el
tamaño de que cosa puede comparar el tamaño de la luna llena, si esta la
pudiera coger con la mano del brazo extendido? ¿Una manzana…Un platillo… Una
arveja? No se sabe de ningún astrónomo profesional o amateur, de los decenas de
miles que cada noche observan el cielo, que haya visto con su telescopio, algún
elemento fabricado por alienígenos. En los vuelos largos en los que ya no
quedan temas para conversar es frecuente que los pilotos se entretengan en
divagar sobre enigmas de las ciencias, o en cosas que les parecen extrañas
aunque tengan validez científica.
El
avión ya ha pasado el cerro Chañar y está a la vista el cerro Jaula que nos
indica lo próximo que estamos de Vallenar. Estamos iniciando el descenso
demasiado tarde, así que tendremos que pedir disculpas si algún pasajero sufre
dolor de oídos. Está despejado y aterrizaremos en aproximación directa. El
mecánico recibe el avión al que después de haberlo visto durante la aproximación
anunció su acercamiento con tres campanadas. Son las 15:50 hrs. Dejan dos
pasajeros y toman uno para Illapel; el resto sigue a Santiago. El mecánico se
encarga de la carga del combustible. El Copiloto chequea la cantidad cargada y
la anota en el libro del avión, recibe los manifiestos de pasajeros y revisa el
exterior del avión. Chequea con especial cuidado las aspas de las hélices, que
por estar muy cerca del suelo sufren
picaduras y “esmerilados” a causa del tierral que levantan en esas canchas sin
superficies pavimentadas. El Despachador entrega al Copiloto 10 cajas con
refrigerio para los pasajeros y ha puesto bebidas en la caja con hielo.
Despegan
a las 16:30, mirando que no haya tráfico ya que la información de viento la dio
el radio operador de LAN, que desde su puesto no ve la pista. Illapel dista 370 kms. de Vallenar, calculan que estarán allí a las
17:45 hrs. El vuelo se hará a una altura de 9500 pies con rumbo 180 grados. En
unos treinta minutos mas verán el cerro Almirante Latorre y “aproarán” a ese
punto. Siguiendo ese rumbo, pasarán sobre el tranque Recoleta y verán la ciudad
de Ovalle, a la derecha ya divisan el cerro Curamávida y al Weste de él, el cerro Hornos, donde está la
cuesta el Espino. También verán el pueblo Combarbalá.
Continuando el descenso bajarán por la quebrada que nace en El Espino y los
lleva directamente a Aucó, la cancha de Illapel.
Aterrizados en Illapel, descargan rápidamente al pasajero que ya lo están
esperando para llevarlo a la ciudad. Despegan a las 18:00 hrs. para llegar a
Los Cerrillos antes de la hora cero que es a las 19:20 hrs.
Terminando
el vuelo en penumbras, tienen la pista iluminada y una Torre de Control
recientemente inaugurada, les da las instrucciones para el aterrizaje. Cierran
el libro a las 19:25 hrs. Sin observaciones. La tripulación ha volado 9:05 hrs.
en 12:30 horas de servicio. Son trasladados a sus casas y se ha informado al
Copiloto que mañana tiene un vuelo a La Serena y Ovalle con regreso a Santiago
con salida a las 14:00 hrs. La recogida será a las 12:10 hrs.
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