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EL “BATUCO”, PRIMER AEROPLANO CONSTRUIDO EN CHILE Y SU PILOTO LUIS PAGE(Extraído de
la Historia Aeronáutica de Chile de Enrique Flores - 1950)
La tentativa mas interesante y audaz en la
construcción de un aeroplano enteramente nacional correspondió, sin ligar a
duda, a los hermanos Copetta, quienes a mediados de
1913, diseñaron y comenzaron a fabricar un aparato completamente original con
materiales chilenos, que dio excelentes resultados: el “Batuco”.
Tiempo atrás, en 1909, un mecánico alemán había construido
un aeroplano de grandes proporciones con un motor de 15 HP, destinado a volar,
según su inventor. Durante varios días permaneció a la vista de los curiosos en
el Parque Cousiño, sin que jamás volara por no haber sido fabricado conforme a
ley alguna aerodinámica. Para suerte de su constructor, Máximo Bischkus, el mismo día de anunciarse el vuelo , el aparato
amaneció con una ala tronchada a causa de un golpe intencionado o de alguna
brisa que corrió durante la noche, mientras permanecía listo para ser lanzado
desde un terraplén de mas o menos quince metros de altura, construido a la
entrada de la elipse del Parque Cousiño. Cuando este hecho ocurrió, su inventor
y los empresarios del espectáculo ya habían logrado reunir una gruesa suma de
dinero con el aporte de cientos de ingenuos curiosos Que pagaron entrada para
observar de cerca el extraño aparato.
Antes del “Batuco”, en 1912, los hermanos Copetta habían dado vida a un monoplano de modestas
proporciones y aspecto, que recibió la denominación del “El Burrito”, el cuál
permitió al teniente Eduardo Molina conquistar la gloria de ser el primer
chileno que voló en territorio nacional el 4 de Abril de aquel año. Este
aparato no alcanzó a la categoría de un avión estable y seguro, capaz de
mantenerse por mucho tiempo en el aire.
En cambio, el “Batuco” logró efectuar vuelos con todo
éxito, sin presentar diferencia alguna en sus cualidades aerodinámicas con
respecto al material importado. Con la sola excepción del motor Renault de 75
HP en V, conseguido con la aviación militar, el resto del aparato era de
construcción enteramente nacional.
El “Batuco” fue construido en el taller de los
hermanos Copetta, ubicado en calle Ejército N° 755,
destinado primitivamente a la atención de los automóviles que invadieron las calles
del viejo Santiago y que aún conserva como estación de servicio bajo la
denominación de “Garage Copetta”.
El primer propósito de sus constructores fue hacer un
monoplano rápido, pero el peso del motor impuso la necesidad de obtener una
mayor superficie de sustentación que obligó a diseñar un biplano de enormes
proporciones.
Para realizar sus proyectos los Copetta se inspiraron en los biplanos Farman y Voisin, que aún permanecían a medio funcionar en Batuco y
en Lo Espejo, respectivamente. Del Voisin copiaron la
parte delantera de la cabina, suprimiendo el estabilizador y la rueda,
colocados en el extremo anterior; y del Farman reprodujeron el tren de aterrizaje y los planos de cola, con ciertas
modificaciones.
La construcción demoró tres meses, al final de los
cuales se iniciaron los ensayos, sin buenos resultados en un comienzo, por la
manifiesta tendencia a picar que demostró al aparato en los primeros saltos de
prueba.
En Septiembre 1913 el “Batuco” ya estaba listo, con
una serie de reformas introducidas en el modelo original.
Sin embargo, no logró volar con éxito, debido a falta
de experiencia de vuelo de César Copetta, su piloto.
En uno de los ensayos sufrió un fuerte golpe en la cabeza y prefirió dejar para
mejores días la prosecución de las pruebas, hasta que se presentó la
oportunidad de ofrecer el aparato al valeroso y experimentado piloto Luis Page,
quien se había retirado de la aviación militar después de una brillante serie
de vuelos efectuados como alumno de la Escuela de Aeronáutica de Los Espejo.
(El sargento Page debió acogerse a retiro por limitación de la planta del
personal de suboficiales en su Regimiento. Pero además la superioridad tomó esa
medida con el objeto determinado de que Page no continuara en los servicios de
la aviación militar por reiteradas faltas de disciplina de vuelo y acumulación
de castigos por esta causa).
La armadura completa del “Batuco” estaba constituida
de madera de fresno, incluyendo el fuselaje, los largueros de las alas y la
cola. Los perfiles de las alas eran de álamo, calados, para disminuir su peso.
Como tela se empleó el lino, pintado con una composición especial denominada “Noavian” para hacerla mas firme e impermeable a la humedad.
Los tensores eran de acero, confeccionados con alambre de cuerda de piano. Los
cables de comando eran todos dobles, a fin de evitar una desgracia en el caso
de que alguno se cortara. El estabilizador no fue hecho fijo al cuerpo del
fuselaje, sino sujeto por alambres de acero.
El plano superior tenía una envergadura de trece
metros y el largo del fuselaje de ocho metros cincuenta centímetros.
El “Batuco” fue provisto de un estanque de 110 litros
de bencina, suficiente para una autonomía de vuelo de cuatro horas. El depósito
de aceite alcanzaba para un consumo normal de cinco horas. El peso total del
aparato era de 550 kilos, de los cuales 220 correspondían al motor. La cabina
permitía transportar al piloto y a dos pasajeros, pudiendo hacer subir el peso
total hasta 250 kilos.
La constructores avaluaron el costo total del “Batuco”
en $ 21.000: $10.000 el motor, $ 5.000 el aeroplano y el resto en obra de mano.
Cuando el aparato estuvo listo no se creyó que volaría
con la apariencia tosca y exagerada de sus dimensiones. Sin embargo, la pericia
y la audacia del sargento Page demostró con creces el acierto de los hermanos Copetta al construir el “Batuco”, que fue oficialmente
probado el 16 de Febrero de 1914 con un magnífico vuelo realizado en el
aeródromo del mismo nombre.
LOS VUELOS
NOCTURNOS DE PAGE
Comprobados las bondades del biplano construido por
los hermanos Copetta, el aviador Luis Page continuó
efectuando una serie de vuelos en Batuco, con gran éxito, proponiendo pequeñas
modificaciones en la estructura del aparato, antes de ofrecer algunas
exhibiciones aéreas en Santiago. El miércoles 25 de Febrero llevó a cabo su
primer vuelo en el Club Hípico ante numeroso público, después de llegar
intempestivamente por los aires desde Batuco. Page, con su maestría
acostumbrada, deleitó a los presentes practicando arriesgadas evoluciones con
el biplano. Para demostrar la estabilidad del “Batuco”, el aviador efectuó, en
una ocasión, un vuelo a escasa altura sobre las tribunas, manteniéndose de pie
en la cabina, con los brazos en alto. Esta prueba arrancó los más entusiastas
aplausos y vivas a Page y a los hermanos Copetta quienes, perdidos entre la muchedumbre, vibraban de emoción y orgullo ante el
éxito de una obra que adquiriría proporciones inusitadas a impulsos del gran
aviador. Page se conquistó fácilmente el favor del público, que supo apreciar a
través de sus vuelos la buena instrucción recibida durante sui breve
permanencia en la Escuela Aeronáutica Militar.
Ávidos de aportar nuevas primicias al progreso de la aeronáutica
chilena, Félix Copetta y el ex sargento Luis Page
tuvieron la feliz idea de ofrecer algunas exhibiciones aéreas nocturnas sobre
Santiago, para lo cual consiguieron el recinto del Club Hípico.
Caricatura de
Luis Omar Page, hecha por Wiedner
Los primeros vuelos nocturnos en el mundo se habían
llevado a cabo en Francia por Enrique Farman el año
1910 en un biplano de su construcción, iluminado con faroles de papel. Con
posterioridad en Europa algunos aviadores se habían atrevido a volar de noche
tomando toda clase de precauciones, tales como elegir noches con luna, encender
grandes fogatas, despejar los obstáculos vecinos al campo de aviación, etc.
El viernes 27 de Febrero de 1914 no menos de cinco mil
personas se reunieron en el Club Hípico al anuncio de que Page se elevaría en
medio de la obscuridad de la noche con su avión totalmente iluminado.
Se preparó para el objeto el biplano “Batuco”, al cual
se colocó en los bordes de las alas y de los planos de cola una serie e
ampolletas conectadas a dos baterías de automóvil dispuestas al costado de la
cabina del piloto, además de un potente reflector bajo la parte delantera del
fuselaje.
Félix Copetta, el técnico
electricista Juan Young y Arturo Friedemann cooperaron intensamente en los preparativos de esta nueva prueba de aviación,
instalando y probando las ampolletas y cambiando los neumáticos por los más
nuevos y frescos que existían en plaza, en atención a que una rotura cualquiera
durante el despegue o aterrizaje, habría tenido desastrosas consecuencias en la
noche.
Una vez probado con éxito el motor, simultáneamente
con la iluminación, Page se dispuso a iniciar el vuelo. En esos precisos
instantes se encendieron dos potentes reflectores instalados a ambos costados
de la pista, iluminando un espacio de cincuenta metros adelante del avión.
Completaba el cuadro fantástico de aquella inolvidable noche, una corrida de
faroles chinescos sobre las barandas de la pista de despegue y una lámpara con
luz roja agitada por Félix Copetta en el límite
anterior de la improvisada cancha.
A las 21:30 hrs, el “Batuco” comenzó su lenta carrera
por el suelo. La velocidad parecía que no aumentaba, cuando el público, con
ansiedad y emoción, vio desprenderse en lento vuelo, al inmenso avión, que
semejaba a un transparente e iluminado meteoro en viaje a otro planeta. Al cabo
de algunos segundos, el intrépido Page, había penetrado en el misterio de la
noche, verificando que se podía volar con tanta o mas seguridad que de día.
Después de evolucionar durante media hora sobre el
Club Hípico y el centro de Santiago, asombrando a la población con tan
increíble espectáculo, Page se dirigió a aterrizar, descendiendo con toda
felicidad en el mismo sitio desde donde había partido.
Al día siguiente, la prensa dedicó al aviador los mas encomiásticos
comentarios por su audacia, preparación y arrojo para dominar el vuelo de
noche.
Si heroísmo constituyó volar en los primeros años de
la aviación, sin alerones, frenos, ni flaps y en
pistas angostas e improvisadas, que requerían aterrizajes y despegues de
precisión, ¿con qué adjetivo apropiado podrían calificarse los vuelos nocturnos
de Page en el Club Hípico? Sencillamente fueron magistrales.
Page pasó al primer plano de la popularidad.
Reconocido en una ocasión mientras presenciaba un espectáculo teatral, debió
interrumpirse la función por algunos minutos, mientras se ovacionaba al audaz
piloto, que fue instado a presentarse en el proscenio y a pronunciar algunas
palabras.
El domingo 8 de Marzo, Page ofreció una segunda
exhibición aérea nocturna, manteniéndose durante veinte minutos sobre el Club
Hípico, ante un público desbordante, que ocupó las aposentadurías y las pistas
adyacentes, eludiendo muchos el justo pago de una entrada relativamente
modesta, al amparo de la obscuridad. La nueva demostración se desarrolló entre
las diez y diez veinte de la noche con el mismo éxito anterior, obteniendo un
triunfo consagratorio ante la opinión pública, que compartieron
proporcionalmente el aviador y los constructores del “Batuco”, los entusiastas
hermanos Copetta. Como un homenaje a estos
impulsadores de una nueva etapa en el desarrollo de la aviación nacional. el Aero Club acordó otorgarles una medalla conmemorativa, que
fue entregada en una sencilla ceremonia llevada a cabo el 10 de Marzo.
El 28 del mismo mes, Page y Félix Copetta emprendieron viaje a Francia, vía Buenos Aires, con el objeto de visitar las
principales fábricas de aeroplanos y obtener nuevos conocimientos acerca del
desarrollo de la aviación.
Mas tarde Page se consagraría como el primer piloto
acróbata chileno, solo superado en Sudamérica por el paraguayo Silvio Pettirossi.
(David Fuentes, otro piloto civil de la época,
cumpliría el primer raid nocturno en Sudamérica. Voló, en el Bleriot tandem de 80 HP
“Talcahuano” de su propiedad, con el pasajero Rafael Andrews de noche entre Talcahuano y Concepción, el 8 de Agosto de 1914. El mismo piloto
bate ese año otros dos record de la época: el 27 de Junio alcanza – tras algo
mas de una hora de vuelo - los 3.150 mt de altura con
su avión impulsado por un motor Gnome y el 18 de
Septiembre, en un intento de unir por aire Concepción y Santiago, recorre 450
km en cinco horas y cinco minutos, aterrizando voluntariamente en Paine al advertir que no llegaría a Lo Espejo con la
bencina remanente, adjudicándose con ello el record sudamericano de distancia.
Tras ser reabastecido de bencina despega de Paine al
día siguiente a las 07:25 para aterrizar en Lo Espejo a las 08:15.)
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