El “Gringo”
Halley
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(Entrevista efectuada a don Cyril Leslie
Halley-Harris Mac-Donald y publicada por Sergio Barriga K. en el N° 50
de Información Aeronáutica, Revista de la DGAC, en el mes de Septiembre de
1988, bajo el título “Grabaron su nombre en los cielos de la Patria”)
Acostumbrado
de pequeño ir hasta el balneario de Las Torpederas, en donde la Armada basaba
sus botes voladores, el contacto con los aviones lentamente hizo nacer en él la
que sería su vocación aeronáutica.
Orientados
sus pasos a la Escuela Naval, junto a sus compañeros de curso José Toribio
Merino, Patricio Carvajal e Ismael Huerta, compartió los rigores de la vida de
cadete, siendo nombrado Guardiamarina de 2ª Clase a fines de 1935. No obstante
su norte era ya la Fuerza Aérea.
Correspondiéndole
realizar el viaje de instrucción en el Petrolero Maipo, habló previamente con
el General del Aire Diego Aracena Aguilar, Comandante en Jefe de la Fach, a
quien expuso sus intenciones de ingresar a la institución.
Aracena
viendo su entusiasmo por el arma aérea, le prometió estudiar su situación y
tenerle una respuesta a su regreso.
Al
desembarcar en Valparaíso, con satisfacción se enteró de que su petición había
sido aceptada y que se tramitaba su destinación a la Escuela de Aviación.
No dejó de
extrañarle sí la que sería su primera actuación en la Fuerza Aérea.
Deseando el
mando institucional dar el mayor realce a la presentación en la parada militar
y en conocimiento de su desempeño durante cuatro años como tambor mayor de a
Escuela Naval, el General Aracena le solicitó que en esa oportunidad lo hiciese
al frente de la Banda de Guerra del Grupo de Defensa Antiaérea.
Luciendo el
uniforme de Alférez de Aviación, en 1936 Halley encabezó el Escalón Aéreo.
Iniciada su
instrucción en los Gipsy Moth, su primer vuelo solo es algo que jamás olvidará.
Aquel día,
bajándose del Moth, su instructor, el capitán Luis Lepe le dijo: “Listo Halley,
se fue”. Lleno de alegría puso motor y despegó.
En cosa de
minutos, una densa capa de niebla cubría la Base Aérea El Bosque y todo
Santiago.
En medio de
su desesperación, con alivio observó que otro Gipsy volaba hasta su encuentro.
Era el Teniente Enrique Flores Álvarez, quien habiendo aterrizado en esos
momentos, al darse cuenta lo que sucedía, se hizo nuevamente al aire un busca
suya.
Como carecían
de radio, por señas Flores le indicó que se acercara lo mas posible,
sobrevolando juntos el valle de Santiago, hasta que un pequeño quiebre en la
niebla les permitió descender en El Bosque.
Finalizada su
permanencia de dos años en la Escuela, con el primer lugar de su curso, tuvo la
satisfacción de ver recibir en su pecho la piocha de Piloto de Guerra, de manos
del Presidente Arturo Alessandri Palma.
En
encomiásticas palabras, el primer mandatario le felicitó manifestándole que era
aquella una oportunidad histórica por ser la primera ceremonia militar a la que
asistía tras su retorno al mando supremo de la nación.
Con el grado
de Subteniente, cumpliendo destinación en el grupo de Aviación N° 2 en
Quintero, en 1938, pasó comisionado a la aviación embarcada.
Para su
sorpresa , por su condición de ex marino, al poco tiempo era transbordado al
submarino Simpson.
Sin embargo,
su estadía a bordo no fue larga y a fines de año se le nombraba alumno del
Curso de Instructores de Vuelo en material Focke Wulf 44 Stieglitz.
Sobreviene el
terrible terremoto de Chillan en Enero de 1939 y vuelan a la zona de
catástrofe, quedando grabado en su espíritu juvenil la magnitud de la tragedia
y las condiciones en que debieron operar.
En posesión
del título de Maestro de Vuelo, pasó al Cuerpo Aéreo del Ejército de los EEUU
de NA, realizando curso de vuelo básico, avanzado, básico técnico y de
fotogrametría aérea en Randolph Field, Kelly Field, Scott Field y Howry Field.
Tras un
riguroso entrenamiento en un sinnúmero de aviones, desde el pequeño BT-9 a las
Fortalezas Volantes B-17, fue asignado como oficial piloto especialista en
fotogrametría a la Escuadrilla N° 91 de Reconocimiento de la III División del
Ejercito de los EEUU de NA.
A su retorno
a Chile, el reporte oficial elaborado en los EEUU, lo definía como: “Oficial
sobresaliente de la Fuerza Aérea de Chile. Su conducta no solo lo ha
prestigiado a sí mismo, sino al país que representa”.
Mayor
testimonio es lo que sus compañeros estamparon en un diploma que le entregaron
al momento de su partida: “There will never be but one Halley-Harris in the 91 sq. of the good old Army Air
Corps”.
Por ello al
establecerse en nuestra patria una Misión Aérea Norteamericana, se solicitaron
sus servicios como instructor, cupiéndole bajo las ordenes del Coronel Homer
Niergarth, activa participación en la instrucción de vuelo por instrumentos, al
resto de los pilotos de la Fach, concepto que recién se comenzaba a aplicar.
Designado
Instructor del Club Aéreo Universitario, fue Jefe del Curso que la Fach
organizó para aviadores civiles, a los cuales tras un intenso entrenamiento, se
otorgó el nombramiento de Oficiales de Reserva y el título de Piloto de Guerra.
Como Teniente
1° de Aviación, su vida tomaría nuevos rumbos, ya que otros ojos estaban
puestos en el.
Ejerciendo la
Presidencia de Lan Chile el General de Brigada Aérea Rafael Sáenz Salazar, en
conocimiento de su experiencia y capacidad, obtuvo se le comisionara a la
Empresa, con el propósito de renovar procedimientos operativos e impartir
instrucción de vuelo por instrumentos a sus pilotos.
En Octubre de
1945 el “gringo Halley” como cariñosamente era conocido cruzaba el umbral de
Lan Chile, tal vez sin imaginar que en ella permanecería largos años.
A decir
verdad en un comienzo su llegada a las alas comerciales fue visto con
escepticismo por quienes dudaban que aquel joven oficial con menos horas de
vuelo que ellos, estuviera en condiciones de enseñarle algo.
En poco
tiempo podían aquilatar en toda su dimensión a este Maestro de Vuelo, al que a
fines de año se encomendaba organizar el traslado a Chile de los nuevos Douglas
C-47 y el Beechcraft AT-7 adquiridos en EEUU y Panamá.
En Marzo de
1946 llegaba con ellos a Los Cerrillos.
Viendo Lan
Chile que era hora de abrir la ruta a la Argentina, le asignó los estudios
pertinentes y entrenar las tripulaciones en el cruce de la cordillera, tarea
que ejecutó en al AT-7.
Cuando su
incansable labor comenzaba a entregar sus primeros frutos, se vio enfrentado a
tomar una trascendente decisión. Retornar a la Fuerza Aérea para proseguir su
carrera como oficial, dejando inconclusa su obra, o permanecer en la Empresa y
proyectarla.
Con gran
dolor pero con fe en el porvenir, en Junio de 1947, tramitó su retiro de la
Institución.
Al mes
siguiente, era enviado a Baltimore a adiestrarse en el nuevo material Glenn
Martin 202.
En su informe
final el Service Training School del fabricante indicaba que: Realizó su labor
de manera muy inteligente y eficiente, impresionando su espléndido carácter, su
aplicación constante y si gran voluntad de trabajo.”
No sin razón,
cuando al año siguiente la Glenn Martin arrendó a Lan Chile uno de aquellos
bimotores para promover sus bondades en otros países americanos, lo hizo con la
expresa petición que él fuera nominado piloto demostrador.
Al crearse el
Centro de Instrucción Técnica de Lan Chile, se le nombró Subdirector del mismo,
asumiendo al año siguiente el puesto de Director. Ahí dio rienda suelta a sus
inquietudes, actualizando procedimientos, elaborando manuales, e implantando
técnicas renovadas, hasta hacer del Centro uno de los organismos mas
prestigiados de instrucción aérea a nivel americano.
En
reconocimiento la Dirección de Aeronáutica le extendió la Licencia N° 1 de
Inspector de Vuelo.
Al ponerse
una orden de compra por doce bimotores De Havilland Dove en Septiembre de 1949,
viajó a Inglaterra como representante oficial autorizado de la empresa, para su
recepción, entrenamiento y capacitación profesional. Allá recibiría una de las
mas altas muestras de confianza.
Encontrándose
en Londres un grupo de personalidades extranjeras, con motivo de la Exposición
Aeronáutica Internacional de Farnborough, la De Havilland los invitó a la
fábrica para enseñarle las cualidades del caza a reacción DH 100 Vampire,
orgullo de la industria aeronáutica británica. Tres días antes de la proyectada
visita, ofrecieron a Halley el honor de efectuar la demostración del reactor.
Preocupado
por la responsabilidad que asumía al tratarse de un monoplaza que le era por
completo desconocido, solicitó un manual de vuelo para interiorizarse de sus
aspectos técnicos y operativos.
Aquella
mañana, no sin algo de temor, se sentó en la estrecha cabina del Vampire,
mientras de pie en la losa el piloto Jefe de Prueba le recordaba que volaría a
dos veces la velocidad del avión mas rápido que hasta entonces hubiese
piloteado. Recomendándole precaución con la turbina Goblin, la que a diferencia
de un motor a pistón tardaba un cierto tiempo en reaccionar después de abrirse
el acelerador.
Una serie de
acrobacias sobre el campo y un aterrizaje en el mismo umbral de la pista, a
muchos hizo sospechar que quien realmente volaba el Vampire no era otro que el
Piloto Jefe de Pruebas.
Halley pasó a
convertirse en el primer piloto chileno en volar solo en avión a reacción.
Tiempo
después nuestro país adquirió una partida de Vampire en su versión bipalaza DH
115.
Habiendo
asumido de nuevo la Presidencia de Lan Chile en 1954, el Comodoro Arturo Merino
Benítez ordenó la realización de un vuelo experimental a La Paz en un Martin
202, para ver posibilidades de establecer un servicio regular a Bolivia.
Como una
forma de acallar opiniones interesadas que objetaba que el avión no era el
indicado para esa ruta, Halley realizó gran parte del vuelo de regreso con un
motor detenido.
Con un
prestigio tan bien ganado a nadie llamó la atención que al finiquitarse la
adquisición de los nuevos Douglas DC 6B se le encargara su recepción en la planta
de Santa Mónica de California.
En Enero de
1955, en posesión de la habilitación de Instructor de Vuelo en el material
llegaba al país en el primero de esos cuadrimotores.
Aun recuerdan
los viejos pilotos lo que eran los check de vuelo llevando como examinador a
“don Cirilo”, quien con su sola presencia infundía respeto.
Considerando
cumplida su tarea y queriendo dejar paso a los Comandante mas jóvenes, en 1958,
se alejó de la Empresa.
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Nota
complementaria del encargado de nuestra página web:
“Don Cirilo”,
como lo llamábamos con respeto, pero también con afecto, fallece en el año 1997
dejando en todos los que le conocieron y compartieron como pilotos de LAN, un
recuerdo muy especial. Sergio Barriga observa que cuando escribió, por encargo
de la empresa, la Historia de Lan Chile (1929-1984), todavía la documentación
que se administraba en LAN incluía todas las carpetas de los pilotos que habían
pasado por la empresa. Esa circunstancia permitió enriquecer la entrevista a
“Don Cirilo” con detalles notables. Hoy esa fuente de información no está
disponible y la rica historia de los antiguos pilotos LAN yace olvidada y
talvez arrumbada, pronta a su definitiva desaparición o simplemente ya murió
descompuesta en alguno de los vertederos de la Región Metropolitana.
Es lo que
sucedió con el pequeño Museo LAN que con tanta dedicación levantó don Alfonso
Cuadrado Merino durante la Presidencia de LAN de don Patricio Sepúlveda C. Es
la falta de respeto y de cariño por nuestra historia, que en tantos ámbitos
caracteriza a nuestro país.
Al llegar a
LAN, su investidura de Instructor lo colocaba jerárquicamente al tope del
escalafón de pilotos (sólo bajo las órdenes del Gerente de Operaciones don
Marcial Arredondo), y los diez pilotos mas antiguos lo superaban ampliamente en
horas de vuelo (César Lavín Toro, Héctor Lopehandía, Sergio García Huidobro
Herreros, Alfonso Moreira Arriagada, Hernán Mujica Bordalí, Luis Carmona
Lopehandía, Alberto Beytía Vivian, Carlos Wulf Droppelmann, Jorge Verdugo
Correa, Alfonso Cuadrado Merino) y tambien en año de promoción como Oficiales
de la Fuerza Aérea, en caso de aquellos que provenían de esa institución. Sin
embargo logró ganarse la confianza de todos con inteligencia y capacidad.
Tambien compartió a su arribo a Lan con el resto de los pilotos que en 1945
integraban la dotación: Julio Videla Silva, Jorge Peñafiel Rosselot, Alberto
Bermúdez Salas, Antonio Dagnino Mc Donald, Patricio Délano Barrios, Raymond
Alarcón Morris, Carlos Alarcón Morris, Raúl Turner Paredes, Sergio Correa
Léliva, Fernando Serrá Cotonat, René Pairoa Epple y Juan Costabal Echeñique.
Mas tarde
cuando dejó de estar en condición de “comisionado” por la Fuerza Aérea e
ingresa a LAN como piloto de línea, su ubicación en el escalafón correspondería
al lugar inmediatamente anterior al de los que habían cursado la Escuela de
Aviación como “Cadetes Aspirantes a Copilotos LAN” los Comandantes Vicente
Valjalo y Jorge Rivera A.
Con la investidura que tenía como Jefe de instrucción y por
su pasión por el vuelo solía subirse a cualquiera de los aviones de la empresa.
Eso lo hizo naturalmente tambien partícipe de algunos “Gajes del Oficio”:
El 22 Octubre 1948, en circunstancias que efectuaba un ejercicio de
despegues y aterrizaje en el avión Beechcraft N° 202, en compañía del Piloto
Luis Araya González, levantó el tren de aterrizaje en el momento en que iba a
despegar, provocando la caída del avión, el que sufrió diversos desperfectos
que fueron rápidamente reparados.
Cabe mencionar
tambien que “Don Cirilo” fue un decidido defensor del prestigio de LAN en los
turbulentos momentos que vivió la empresa con un grupo de pilotos en 1949. Sólo
había llegado hace dos años a LAN y su obra por cierto estaba todavía a mitad
de camino. Por tanto se explica que adhiriera sin complejos a la declaración
pública de los pilotos, que en minoría, sin embargo consideraban vital
expresarse en defensa de la Empresa. En su declaración los pilotos finalizaban
con los siguientes párrafos y que deben haber interpretado plenamente a ”Don
Cirilo”: “Nuestra capacidad profesional reconocida y demostrada a través de todo
el país y el extranjero, ha sido la mejor consejera que hemos tenido en estos
momentos difíciles por que ha pasado la empresa a través de tanta exageración.
Estamos dispuestos a seguir trabajando por recuperar el prestigio perdido tan
injustamente y a formar nuevos profesionales competentes y capaces como todos
los capitanes que siempre han dirigido los aviones de Línea Aérea Nacional.”
Superado el
conflicto, fue necesario contratar nuevos pilotos entre los que figurarían los
que se conocerían como los “gringos” (Alemanes: Kurth Pfeffer Eickenrodt, Julio
Mattich Oberg, Kurth Thiele Hubach y Julio Hoffmann Erwin. Británico: William
Archibald MacQueen Joste (“Archi”) – el otro británico Ronald Lowery T. había
ingresado dos años antes -). Si bien se comentaba que había cierta reticencia de la Jefatura
de Operaciones para aceptar a los alemanes, “Don Cirilo” se la jugó por ellos,
argumentando, que “estos alemanes son siempre muy disciplinados y ante la
situación que estamos viviendo con los pilotos, es lo que necesitamos”.
En cuanto a
la participación de “Don Cirilo” en la puesta en operación de los DH Dove cabe
señalar que estos aviones llegaron por barco y sus primeros instructores en
Chile serían el mismo “Don Cirilo” y Rafael Salas S. que habían integrado el
grupo que había ido previamente a Inglaterra.
Le gustaba alardear con el dominio que tenía en
diversos idiomas. Aparte del inglés que dominaba perfectamente, solía
jocosamente e hinchando el pecho intercalar frases en ruso, como señalaba
Sergio Barriga en su entrevista, pero tambien curiosamente ... en sueco ! Yo
desconocía entonces que efectivamente había asistido con el Cdte. Carlos Wulf D.
en 1951 a un curso de administración de empresas aéreas, operaciones,
entrenamiento e inspección de pilotos, invitados por SAS. Esto le había bastado
para expedirse con bastante soltura en ese idioma.
***
Nuestro amigo Amaro Bamón tiene un
recuerdo muy especial de “Don Cirilo” ya que lo “despachó” en su primer vuelo
como Capitán de DC-3 en forma bien poco ortodoxa. Habiendo sido citado en Los
Cerrillos a efectuar un entrenamiento de vuelo para su ascenso, en una de las
pasadas por la losa se acerca corriendo el Jefe de la Estación (José Enei, mas
tarde tambien Comandante de LAN) planteando al “Jefe” Halley que el Capitán
Amenabar, que le correspondía por Rol hacer un segundo circuito a La Serena,
había manifestado que no lo haría y se había marchado a su casa. ¡Nótese el
valor de los galones en ese tiempo...! Con razón al susodicho Capitán se le
conocía con el amistoso apodo de “Pechuga Amenabar”.
Ante esta situación tan imprevista
y con esa conciencia tan clara que tenía de sus facultades ejecutivas, don Cirilo
se dirige, al hasta entonces, copiloto Bamón y le ordena: “Usted está listo
Bamón, tome el vuelo a La Serena del Capitán Amenabar! “
El que por supuesto no estaba listo
ni se sentía preparado era don Amaro Bamón, que tímidamente intentó resistirse
argumentando que andaba de “paysa” con sólo una polera de verano. No sirvió de
nada y fue introducido por la puerta de carga delantera, al cockpit sin
uniforme.
Cierto hormigeo le sacudía el
cuerpo al iniciar su condición de Capitán en circunstancias tan inesperadas.
Por fin al lado izquierdo ! Nadie le volvería a tocar o intervenir con “la
caña” como solían hacer muchos Capitanes ante la impericia del copiloto.
Con la ansiedad del primerizo, no
había prestado mucha atención al copiloto ya instalado a su derecha, que con
una mirada entre torva e irónica había constatado que esta cosa que se había
instalado a su izquierda, era nada menos que el Capitán de lo que sería su
propio primer vuelo como copiloto. Era el primer vuelo de nuestro recordado
compañero y colega don Federico Wünsch que mas tarde amenizaría (o para
algunos, enturbiaría) con su peculiar y provocativo lenguaje tantísimas
jornadas y anécdotas de vuelo.
Para el “Capitán” Bamón esta
circunstancia no podía ser mejor, por fin se haría un circuito completa sin
intervención de nadie, los aterrizajes y despegues en Ovalle y La Serena serían
100% para él, así como tambien el despegue y el aterrizaje de regreso a Los
Cerrillos ! Qué delicia !!
La aproximación a Ovalle la trató de hacer con la
mayor elegancia y esmero, de modo que su primer aterrizaje fuera de una calidad
digna de su alto estándar y experiencia como piloto de DC-3. Pero en vez de una
posada estable en dos ruedas, el maldito avión no pudo dejar de dar un bote y
el maldito copiloto novato no pudo dejar de quedarse callado, pauteándole con
un: “Afírmelo con la caña adelante pues, Capitán”...!
Está demás decir que la charla entre el Capitán
(humillado) y el Copiloto (desubicado) se reduciría a lo mínimo indispensable
por el resto del vuelo.
Tanto su “largada” como Capitán por don Cirilo, como
la insólita “pauteada” en su primer vuelo por el entonces, imberbe copiloto
Wünsch, está entre uno de los tantos recuerdos que llenan la memoria siempre
viva de Amaro
***
Tras el retiro del “Gringo” Halley, la Jefatura de “su”
Centro de Instrucción sería asumida por don Adolfo Suhrcke Aburto, quien se
había formado por años a su lado. Los que conocieron a su sucesor saben que
“Don Adolfo” da para otras sabrosas e interesantes historias.
JMS.
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