JOSE SIERRA RUIZ
Un Aviador Chileno de Exportación
(Por Amaro Bamón)
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Como
hijo de padres españoles, fue inscrito en el Consulado español, lo que le
concedería la doble nacionalidad. Este detalle adquiriría importancia años mas
tarde, en circunstancias muy especiales de la historia de nuestro país. Como sus
primeros años de vida los pasó cerca de la Base Aérea de El Bosque donde
funcionaba la Escuela de Aviación, desarrolló una temprana admiración por los
aviones.
Pero
la situación de incertidumbre y caos que empezó a vivir el país en los años
setenta impulsaron a “Pepe” a tomar una decisión drástica y dolorosa: buscar la
continuidad del ejercicio de su profesión en otras latitudes. Como por su doble
nacionalidad sabía que no tenia la restricción de un extranjero para postular a
un trabajo como piloto en España, aprovechó una estadía en Madrid para requerir
información sobre necesidad de pilotos en Iberia. Si bien se le recibió muy
bien, se le expuso que el Sindicato de Pilotos exigía que tenía que entrar a la
cola del escalafón como co – piloto, lo que le
significaría estar muchos años en esa posición antes de poder llegar al mando
de una aeronave.
Considerando
las desfavorables perspectivas en Iberia, postuló en 1972 a la aerolínea
española de vuelos charter, Aviaco. La respuesta fue
sorprendente: lo recibirían con los brazos abiertos (su curriculum registraba un total de 19.000 horas de vuelo de las cuales 3.450 eran en Boeing
707 y 1.200 en Caravelle 6R) ya que justamente
necesitaban pilotos con la experiencia que él tenía.
Desgraciadamente
“Pepe” no podía “de la noche a la mañana” dejar LAN. Nunca pensó que lo iban a
aceptar así, tan rápidamente. Propuso que lo esperaran 2 o 3 meses para poder
hacer entrega de sus obligaciones como Inspector de LAN. Estuvo todo el año 72
pidiendo nuevos plazos, hasta que a comienzos del 73, por intermedio de un
Télex, lo conminaron a presentarse en las oficinas de Aviaco “so pena” de perder la posibilidad que le estaban ofreciendo.
A
pesar que su “corazoncito” seguía deseando quedarse en Chile y que siempre
había pensado permanecer en LAN hasta que lo despidieran por viejo, las cosas
se precipitaron. Viendo que la situación en el país no sólo no mejoraba sino
que cada día se ponía más “color de hormiga”, tomó la determinación de aceptar
el ofrecimiento de Aviaco. Dejando a Rosita, su
esposa, y sus hijos con pasajes tomados para hacerlos efectivos apenas él les
avisara, se embarcó a España para cumplir otra etapa de su vida. Sería uno de
los primeros de nuestros pilotos que daría por esos años, inicio a la
emigración de ”talentos aeronáuticos” formados en LAN. Una especie de
“exportación no tradicional” de pilotos profesionales chilenos que se sigue produciendo
hasta hoy, y con mucho éxito, hacia los mas distintos y lejanos cielos de
nuestro planeta.
Pero
no todo fue fácil. Llegando a Madrid, “Pepe” se presentó a su nuevo Gerente de
Operaciones quien lo felicitó por la decisión que había tomado. Pero… siempre
hay un pero en la vida. Para poder volar en España debía convalidar su Licencia
y para eso era necesario rendir un examen en la Escuela de Polimotores de Salamanca que duraba 7 días en total: 5 días de exámenes escritos y dos de
vuelo. El examen de vuelo había que rendirlo en un DC-3 ! Como “Pepe” se dio
cuenta que dar un examen de esa envergadura no era “llegar y llevar”, optó por
tomar un profesor para una mejor preparación.
Este
profesor le “leyó la cartilla” sin consideración alguna a su curriculum como experimentado Comandante de Aeronave. Le
expresó claramente que no lo presentaría a examen sin estar totalmente seguro
de su aprobación ya que él llevaba 10 años como profesor sin ninguna falla con
sus alumnos y no quería caerse en esta ocasión. Pero mi estimado amigo José,
como siempre tan “clever”, supo salir adelante y
terminó incorporado a la empresa Aviaco.
Pero…..aquí
va el segundo pero. Resulta que mi amigo no estaba habilitado para el avión
DC-8 al que había sido asignado, dada su experiencia. Por lo tanto, tuvo que
esperar que Iberia programara un curso de ese material. Mientras esperaba la
realización del curso, lo destinaron temporalmente a lo que se llamaba “Jefe de
día”, una función dentro del área de Operaciones de Vuelo de la Compañía.
Paro
aún así, a “Pepe” le pareció que era el momento apropiado para avisar a Rosita
que se embarcara hacia la “Madre Patria”. Esto sucedía dos meses antes del 11
de Septiembre de1973, por lo que al cumplirse la fatídica fecha,
toda
la familia estaba ya felizmente reunida en Madrid. Feliz por reunir de nuevo la
familia y tener una “pega” asegurada, pero con el dolor de tener que apechugar
con la nostalgia. El consuelo de los Sierra era que de vez en cuando pasaría a
verlos algún colega amigo de LAN de paso por Madrid y así saber en vivo y en
directo lo que sucedía en Chile.
Por
suerte la “paga” y la “pega” eran buenas, España (la segunda patria de “Pepe”)
era un lindo país, de modo que mi amigo se dijo, “vamos andando”: arrendar un
departamento, los niños al colegio y Rosita a dirigir la casa.
Aviaco era entonces una empresa,
igual que Iberia, de propiedad del Estado español, y muy bien organizada. Su
flota estaba compuesta por 6 aviones DC-9, recién incorporados, y 12 Caravelle. Con este material se atendían primordialmente
las rutas europeas. La empresa contaba además con 6 aeronaves DC-8 de pasajeros
y 2 de carga. José voló al principio en Europa Central para pasar al poco
tiempo a las rutas de larga distancia: Desde Islas Canarias a Londres, Irlanda,
todo el norte de Europa hasta Helsinki, Milán en Italia y Abú Dhabi - Emiratos
Árabes. Con los cargueros hacía vuelos a Lagos en Nigeria y por cuenta de Alitalia, vuelos saliendo de Roma a Nigeria, Lusaka,
Zambia, Nairobi, Kenia y EL Cairo. Por el lado del Atlántico, la ruta era
Madrid - New York - Chicago. Durante el tiempo que estuvo con Aviaco en Europa, “Pepe” completó 2.689 horas en DC-8.
Como
sucede en todas las Líneas Aéreas del mundo, tambien “Pepe” tuvo como piloto de Aviaco la oportunidad de vivir situaciones realmente
divertidas de las cuales se podrían llenar varias páginas. Aquí va una que mi
amigo me refrescó hace poco:
Estando
un día en Tenerife, recibió la orden de efectuar un vuelo a Helsinki llevando los pasajero de un avión de Air Spain que estaba cancelado por mantenimiento. En estos
casos Aviaco agregaba a la tripulación de cabina una
Azafata finlandesa ya que casi todos los pasajeros eran de esa nacionalidad.
Hasta ahí, todo bien. El problema se suscitó cuando el Despachador se percató
que el aparato de Air Spain tenía 8 pasajeros más que
la capacidad del avión de Aviaco. Cuando esto fue
comunicado al Comandante Sierra, estaba presente la Azafata finlandesa que
tenía fama de ser “como fiera para caer” con cualquier broma que le hicieran.
Aprovechándose de esa debilidad, “Pepe” con un guiño le sugiere al Despachador
que acomode los 8 pasajeros en la bodega. Captando la intención, el despachador
asintió de inmediato.
Si
bien esos 8 pasajeros fueron embarcados finalmente en otro vuelo, la poco
avispada Azafata quedó convencida que los pasajeros habían viajado en la bodega
y así lo comentó. A su regreso a Madrid, el Comandante Sierra fue citado a la
Gerencia de Operaciones. Indignado, el Gerente lo recibió increpándole su descriterio: haber transportado 8 pasajeros en la bodega de
su avión...! La broma se había extendido rápidamente como información verdadera
por el camino de “las copuchas”, hasta la misma oficina del Gerente. Tras
escuchar la absurda acusación, el Comandante Sierra no pudo contenerse y rió de
buena gana. Tras un -“y todavía te ríes” – que le espetó el Jefe indignado, el
Comandante Sierra lo logró calmar relatándole la verdad de la historia,
terminando ambos a carcajada limpia.
Otra
cosa que impresionó mucho a “Pepe” fue la pobreza y el grado de delincuencia
que existía en algunos lugares que le tocó operar en el norte de África. Un
poco lo grafica otro de sus recuerdos:
Aviaco obtuvo un contrato de un
vuelo carguero diario de ida y regreso a uno de los destinos del Centro-Norte
de África. El vuelo implicaba a menudo, pernoctar en el lugar, ya que por falta
de equipos apropiados, la faena de descarga era muy lenta y tampoco se podía
operar nocturno. Como el contrato era muy buen, se justificaba arrendar una
casa para alojar en tales casos a la tripulación. Se buscó una buena casa en un
lugar, que se pensó, ofrecería la mayor seguridad. Se trajo desde España todo
lo necesario para hacerla lo mas confortable posible. Además se contrató a un lugareño muy bien
recomendado para la vigilancia de la casa, que era propiedad de nada menos que
del Ministro de Justicia. A la semana siguiente, cuando pretendieron ocupar la
casa, se encontraron con que se habían robado todo...
Volvieron
a traer todo desde España y, según recomendaciones de las autoridades, le
compraron al guardián un arma de grueso calibre con orden de tirar a matar en
caso necesario.
Cuando
a la semana siguiente fueron a ocupar el alojamiento no había nada, la casa
estaba nuevamente desmantelada. El cuidador estaba sentado en las gradas de la
entrada de la casa y cuando lo conminaron a explicar lo sucedido dijo: “No
pude disparar, pues los ladrones eran de mi tribu”...!
Después
de permanecer 4 años volando en Aviaco, José decidió
regresar a Chile, inducido por quién, él creía, era su mejor amigo, es decir,
yo. Durante toda su estadía en España no habíamos perdido el contacto ya que yo
volaba en esa época a Europa – hasta que se produjo mi retiro de LAN. Fue
entonces que me encargaron formar una Línea de Taxi Aéreo en Santiago y a pesar
de saber que la situación profesional y económica de mi amigo en Aviaco era MUY, pero MUY BUENA, me arriesgué a ofrecerle
volver a Chile a volar un modesto avión a hélice Navajo, de 6 pasajeros.
Tenía
mis serias sospechas que recibiría de mi amigo del alma una contundente
negativa, incluidos garabatos de grueso calibre, pues él estaba volando los Jet
DC-8 por toda Europa, a los Estados Unidos de N.A y además disfrutaba de una
sólida situación económica y profesional. Lo mas probable era que me
preguntaría si estaba loco al ofrecerle cambiar su DC-8 de Aviaco por un modesto Navajo de una compañía“pichiruchi”
chilena en formación. Ante mi sorpresa me contestó: “Acepto ! Cuándo tengo que
estar allá ?”. Esta incongruencia sólo se explica por el tremendo deseo de José
Sierra por volver a su país, incluso a costa de la pérdida de la expectante
situación profesional y económica que le auguraba su permanencia en España.
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A la
interesante crónica que Amaro hace de su dilecto amigo, quisiéramos agregar
algunos datos recogidos de los anales propios de esta página web y que
complementan la interesante y a veces pintoresca historia como piloto de José
Sierra Ruiz.
Todo
cumplimiento de un millón de Km volados constituía un hito importante entre los
antiguos pilotos de LAN. José Sierra tiene un recuerdo especial de su primer
millón cumplido en 1953, ya que coincidió en un vuelo con el “Profe” Verdugo en
que este ya cumplía su 2° o tercer millón. Como el “Profe” no se andaba con
chicas y venía preparado para su propia celebración, salió del cockpit hacia la cabina de pasajeros con un chuico de vino
al hombro y les pasó a servir uno a uno a cada pasajero un vaso de vino que le
iba pasando la auxiliar. Así don “Pepe”, sin querer queriendo, celebró su
primer millón, a lo “Profe” Verdugo.
Como
Lan no fue siempre afortunada en la elección de sus aviones, tuvo que sufrir
frecuentemente las consecuencias de su mala elección. Si bien siempre se
trataba de excelentes aviones, la empresa los sometió a operaciones para las
que no habían sido diseñados. Se dio en el caso de los DH Dove (Illapel y otras) y Bae 146 (Coyhaique
principalmente) ambos inapropiados para pistas de ripio y de los Caravelle, diseñados para rutas cortas y que fue programado
para vuelos internacionales de largo alcance a los EEUU...
El 23
de Noviembre de 1953, en Illapel (una de esas canchas de ripio “rompeaviones”) al Capitán Aladino Azzari,
secundado por el copiloto Gustavo Cid, se le “interpone” durante la carrera de
aterrizaje un peñasco lo suficientemente contundente como para desprender de
cuajo el soporte y la rueda de nariz y forzar un prolongado deslizamiento
destructivo del avión sobre su delicado fuselaje delantero. El avión quedó a
cargo de un equipo de mecánicos de “restauración” por varias semanas. Al
completarse la reparación, la empresa despachó desde Los Cerrillos su avión de
enlace Beech Bonanza, llevando como pasajero al
piloto que debía regresar el DH Dove con los
mecánicos a su base. Este pasajero no era otro que nuestro estimado Capitán
José Sierra.
Al
aterrizar el Bonanza, le llamó la atención que el equipo de mecánicos ya estaba
bien formado junto al avión con sus respectivas maletas, listos para embarcar.
Se notaba que estaban ansiosos de dejar ese poblado tan lejano y aislado entre
los cerros. Aún cuando no se dejó impresionar por la evidente urgencia que
manifestaban sus sacrificados pasajeros y procedió a la correspondiente
inspección visual del “renovado” DH Dove CC-CLN (N°
0308), tampoco quiso demorarse mas de la cuenta.
Con
el vivo recuerdo del peñasco fatal de su compañero Aladino, el Capitán Sierra
se concentró particularmente en esquivar cuidadosamente las piedras grandes
durante la carrera de despegue. Tan fija tenía la vista sobre el terreno que
iba devorando que, sin observar el panel de instrumentos, instintivamente
levantó la nariz del avión para constatar recién entonces, con no poco
sobresalto, que su velocidad era igual a... 0 ...!! Al mal tiempo, buena cara,
se dijo don José!
Aterrizado
en Los Cerrillos se comprobó que el problema no había sido que las fundas del
tubo pitot habían quedado colocadas. Todo lo
contrario. Durante el período de la reparación, los tubo pitot habían quedado expuestos a ser “ocupados” por huéspedes alados y bichos
indeseados que habían bloqueado el conducto.
Otra
de las historias de José Sierra y que se entreteje estrechamente, como tantos
otros episodios de su vida, con su inseparable amigo Amaro, la publicamos en
Gajes del Oficio bajo el título “De las luces de Hollywood a un poco grato
bautismo de fuego”.
Tampoco
don José fue ajeno a la actividad gremial de los pilotos. El 4 Agosto de 1961
se reduce a escritura pública el Acta de Fundación del Círculo de Pilotos de
Línea Aérea Nacional, institución que se había constituido en reunión celebrada
en Los Cerrillos el 28 de Mayo de 1961. El primer Directorio está compuesto por
Rafael Salas S. – Presidente, Abraham Acevedo – Secretario, Humberto Boellert – Tesorero, José Sierra y Kurth Thiele – Directores y regirá los destinos del Círculo
hasta el 28 de mayo de 1962.
Con
motivo de la introducción en 1964 del avión Caravelle a las operaciones de LAN, José Sierra tambien tiene una experiencia insólita. Durante
su instrucción con el Inspector Mario Riedemann, se
les pidió en vuelo, que hicieran un aterrizaje en Concepción (Hualpencillo)
para una demostración a la prensa, en circunstancias que ese aeródromo (no
pavimentado) no estaba considerado en el itinerario y por cierto no
correspondía a las exigencias de un Caravelle. El
comentario de Mario Riedemann habría sido: “Bueno, si
ellos lo piden, vamos !” Según don José esto fue toda una experiencia, tanto el
aterrizaje como el posterior despegue, en una pista de tierra, muy corta y
absolutamente fuera de los estándares requeridos. Poderoso señor es el,
marketing, las R.R.P.P. y... la prensa !!
Poco
antes de su alejamiento de LAN, el 1 de Junio de 1972, el Cdte. José Sierra,
durante la comida aniversario del Circulo de Pilotos, no solo recibe su diploma
de honor por haber cumplido 10 millones de Km. volados sino que es honrado
tambien con la designación de MEJOR COMPAÑERO 1972.
De su
época en Fast (1980 y algo mas) hemos escuchado
tambien relatos divertidos como este de un murciélago:
Se
trata de un vuelo en el B-707 carguero de FAST a Lima. Según don José, sucede
que ya cerca de Lima con las luces de la ciudad a la vista, decide pasar al
baño antes de aterrizar. Al girar para encaminarse hacia atrás, ve sentado muy
quieto en el respaldo del Ingeniero de vuelo (el “Chico” Madrid), ... un
murciélago! Sin moverse de su asiento le advierte al Ingeniero, diciéndole que
se levante con cuidado para ir a buscar algo para agarrarlo. Madrid lo hace y
vuelve con una escoba para golpearlo. Lamentablemente falla en el intento y el
murciélago aletea por el cockpit y se refugia en el
área de los pedales detrás del panel de instrumentos. A todo esto el avión
avanzaba y se aproximaba al ingreso a la pierna con el viento. El “Chico”
Madrid premunido de una lata de insecticida, inunda el cockpit con el gas sin mas resultado que dejar el aire casi irrespirable. Sólo quedaba
tiempo para subirse los calcetines, siguiendo la sabia sugerencia del copiloto
en cuanto a asegurar que el bicho no se les colara por los pantalones... Ya
aterrizado en la losa de Lima, logran espantar al murciélago de su escondite,
quedando agarrado de la malla de separación con el compartimento de carga. De
ahí con un certero golpe de escoba, el “Chico” Madrid lo echa a volar por la
puerta, al exterior. Como el avión venía de Buenos Aires, quedó la seria
sospecha que el indeseado pasajero, desembarcado en Lima, había sido un
murciélago polizón “ché”.
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