VICTOR SALAS Y
SU “STEARMAN”
Tercera Parte
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(Según publicación de
Continuamos con la tercera y última parte del relato
de Víctor Salas:
“ Mi velocidad máxima de crucero es de
Al día siguiente continúo vuelo hacia Neuquén; de aquí
en adelante tendré fuerte viento en contra hasta la llegada al lado chileno; este
tramo todo es pampa desolada como una sábana. El motor viene tosiendo cada vez
más a menudo y cada vez que lo hace le sale un humo blanco, eto es debido a es
a materia extraña que sigue saliendo del estanque ahora en mayor cantidad; veo
una especie de pista y aterrizo en ella para drenar los filtros: es la hacienda
“El Álamo” en plena pampa; el mayordomo y su esposa me atienden. Por las
características del avión Stearman con su cabina abierta en la que el espacio
libre es muy reducido pues casi todo lo ocupa el recorrido de la palanca de
control y además de las condiciones de tiempo adversas por viento y
turbulencias me es muy difícil poder leer la carta de navegación en vuelo y
tengo que memorizar los tramos correspondientes antes de cada despegue. Cuento
con un ADF (Automatic Direction Finder) abordo que me ha sido de una vital
ayuda; pero tambien tengo dificultad para leer la cartilla de frecuencias y
luego sintonizarlas hasta obtener la señal y dirección correctas; me es de gran
ayuda mi dominio del sistema código Morse que tanto usé cuando volaba en LAN;
as puedo identificar las estaciones radiofaros. Continúo vuelo a Neuquén , pero
es tanto el viento en contra que a la cuadra de Villa Regina mi combustible de
ambos estanques está ya casi agotado y debo
aterrizar allí para aprovisionar los estanques, pero aquí no hay gasolina. Un
auto de la policía me recoge y me lleva al cuartel donde encuentro esperándome
en el teléfono al jefe del aeropuerto de Neuquén. Me dice que me han declarado
en emergencia y que ya están por salir a buscarme. Pernocto en Villa Regina y
al dia siguiente compro nafta en una
gasolinera para automóviles, contrato un camión para llevarla hasta donde está
el Stearman. Cargamos con ayuda del chofer. Continúo hacia Neuquén donde dejo
el avión cargado de gasolina y aceite para salir al día siguiente temprano a
Bariloche.
dejo el avión estacionado a un costado del aeropuerto.
Cuando en la mañana siguiente pongo el motor en marcha , tengo franca falla de
motor; este despide llamaradas por el escape y no tiene potencia. Llevo el
avión al taller de reparaciones; el mecánico Sr. Rodríguez me dice que alguien
ha estado novedoseando en la cabina y han dejado abierto el inyector de
gasolina, la cual ahora se encuentra contaminada con aceite, pero
inexplicablemente el estanque aceite tambien está contaminado con gasolina
debiendo tener que drenarse completamente y limpiar todos los sistemas, bujías
etc., botar todo este combustible y poner nuevo. Este trabajo dura todo el día
y parte del siguiente. El avión queda guardado en el hangar del taller donde
permanece por tres días más por lluvia, fuerte viento y mala visibilidad.
El 7 de Mayo despego al fin de Neuquén en la mañana en
dirección a Bariloche. En Operaciones al sacar mi plan de vuelo me advierten
que volaré sobre terreno muy inhóspito y que debido al viento reinante debo
tratar de ahorrar el combustible al máximo. Salgo con los dos estanques
repletos. El viento de frente es tan fuerte durante la ruta que mi velocidad
relativa al suelo es muy baja; es así que cuando llego a Bariloche me dicen que
hace mas de una hora se me ha declarado en emergencia y que hay un avión a
Durante todo el vuelo he ido sacando fotos con una
pequeña cámara. Pero a mi salida de Puerto Colonia hacia Buenos Aires, por el
apuro y talvez la nerviosidad de la primera etapa del vuelo que voy a emprender
después de tantos años, se me queda la cámara fotográfica dentro de mi bolso
con ropa que me es imposible alcanzar en vuelo pues viene al fondo de la
cabina, de modo que de este tramo del viaje no he podido tomar instantáneas.
Entre Buenos Aires y Bariloche tomo fotos diversas del vuelo sobre
Esto quiere decir que el cruce de la cordillera será
largo, pesado con temperaturas bajo cero. Comienzo a internarme por sobre el
lago Nahuelhuapi, entro al brazo Brest; a medida que avanzo las montañas son
más altas , nevadas en la cumbre y en algunas que están cubiertas con oscuras
nubes está nevando copiosamente, pero estoy volando muy por debajo de las
cumbres y sobre el lago inmenso cuyas aguas deben estar casi congeladas, las
laderas de las montañas están cubiertas por densos bosques que llegan hasta la
misma orilla del agua. Pienso que si el motor me falla ahora por acumulación de
esta materia que sigue saliendo del estanque y por formación de hielo en el carburador, mi avión y yo no tendremos
escapatoria, aunque creo que en tal caso seguramente algo sucederá, como siempre
nos ha pasado a los dos, y nos salvamos.
El paisaje es indescriptiblemente maravilloso, el
vuelo es lento y a mi alrededor hay solo montañas, bosques, nieve que en
pequeñas cantidades me pasa casi horizontalmente en forma esporádica, viento, y
abajo un lago que parece un océano; hace un frío tremendo. Siento que tengo la
cara casi congelada. El Stearman se porta maravillosamente; el parejo bloop –
blop del motor radial de 7 cilindros es como oír bella música; se grabó en mis
oídos anteriormente durante tantos años de vuelo.
Trato de tomar fotos de este escenario; tomo la
primera, pero debido a la turbulencia al tratar de controlar el avión, la
cámara se me resbala de la mano y cae al piso hacia atrás. Me es imposible
alcanzarla pues no puedo soltar el bastón de mando.
Hacia adelante, donde termina el lago se ve una
inmensa montaña sobre la cual está nevando y no parece haber ninguna pasada
hacia el otro lado; estoy a punto de virar y regresar a Bariloche, pero me
decido a continuar explorando. Al llegar a esa montaña y término del lago
Nahuelhuapi, hacia mi izquierda hay otro cañón; está semi despejado y en el
fondo veo
Despego enseguida con destino a Puerto Montt, el
tiempo a este lado está muy bueno, entro al Lago Todos Los Santos, vuelo sobre
Petrohué y el Lago Llanquihue. Después de volar sobre tanta Pampa desolada,
estoy ahora sobre los hermosos campos chilenos.
Aterrizo en Puerto Montt cerca dela 01:00 PM. Hay un
sin número de gente en la torre de control esperando ver la llegada de mi
novedoso avión. El operador de la torre me dirige para estacionar en uno de los
círculos frente al edificio principal; todos quieren verlo y me llenan de
preguntas, como me ha pasado en cada lugar que he aterrizado. Pienso en cómo ha
cambiado todo con el tiempo; hace treinta años cuando volaba con este mismo
avión aquí en Chile, la gente escasamente se fijaba en él, claro, era un
contemporáneo; ahora es una reliquia que para mí no es tal pues he envejecido
con él.
Pernocto en Puerto Montt desde donde salgo con destino
a Temuco al día siguiente; decido pasar a recargar a Valdivia; el motor sigue
tosiendo esporádicamente, como lo he venido sintiendo todo el camino, es
seguramente debido a esa materia con que está contaminado el estanque; pero de
repente comienza unas explosiones que jamás había sentido en este avión y que
hacen estremecer el motor; elijo rápidamente un potrero donde aterrizo sin
dificultad. A poco viene un huaso que me dice que trate de salir de allí pues
estoy lejos de todo auxilio y que al otro, lado de unos cerros está Paillaco
donde hay una pequeña pista cerca del camino. Pruebo el motor y despego. Alcanzo
a llegar a Paillaco donde aterrizo con el motor rateando donde están al parecer
entrenando caballos de carrera. Al descender de la cabina ya estoy rodeado de
una multitud de gente, especialmente niños; todos quieren tocar el avión y
algunos se ponen a sacudir los alerones; me cuesta trabajo impedir que sigan
haciéndolo. Por este motivo tengo que pasar toda la noche y hasta el mediodía
siguiente paseándome alrededor del avión pues sé que si lo dejo solo un momento
se subirán sobre las alas y romperán la tela lo cual imposibilitaría mi salida
de allí. No puedo dejar de caminar ni por un momento pues al llegar la noche
comienza a caer una helada como hacía años no caía, según me dicen ahí. A
medianoche los carabineros me traen un mensaje del Club Aéreo de Temuco
diciendo que al otro día mandarán un mecánico para que revise el motor; voy con
ellos al retén pues tambien me están llamando de Santiago quedando dos de ellos
al cuidado del Stearman mientras regreso. En el retén de Carabineros me sirven
una taza de café caliente y me traen de regreso al avión. En la mañana al
aclarar, el Stearman y yo estamos blancos de escarcha; yo he permanecido con mi
gorro y atuendo de vuelo puestos, pero ahora ha entrado una niebla fría que
obstruye toda visibilidad. Cerca de mediodía comienza a penetrar el sol y a
derretirse el hielo del avión, de modo que ahora estoy paseándome sobre el
barro. A eso de las 7:00 PM llega el esperado mecánico de Temuco; se pone a
trabajar y me dice que no ve nada mal en el motor y que la falla talvez se deba
a que necesita una limpieza y ajuste de platinos, lo cual procede a hacer. Ya
entrada la noche pruebo el motor que funciona bien y se da por terminada la
reparación. Me manifiesta que no le debo nada pues ha sido enviado y pagado por
el Club Aéreo de Temuco; se regresa esa misma noche. Consigo una capa para
tapar el motor y dejo al cuidado del avión a un hombre mientras me voy a dormir
a una pensión pues estoy cansado y con una especie de bronquitis por haber
estado expuesto al frío toda la noche anterior. Al otro día el estado del
tiempo es pésimo; está lloviendo y con visibilidad cerrada en todas
direcciones. Me voy a Valdivia a dormir en algún hotel más cómodo y dejo al
mismo cuidador del avión. Al siguiente día el tiempo ha mejorado algo, así que
me regreso a Paillaco decidido a sacar mi avión de allí. Despego con lluvia,
pero buena visibilidad rumbo a Valdivia, Veo que aunque el comportamiento del
motor algo ha mejorado, la falla aún persiste pues los rateos continúan
esporádicamente y en este tramo de Paillaco a Valdivia no hay ni u solo potrero
donde se pueda aterrizar de emergencia; la única posibilidad sería el camino,
pero está muy transitado y ni siquiera es recto pues va alrededor de los
cerros. Aterrizo por fin en el aeródromo Las Marías de Valdivia donde cargo
gasolina e inmediatamente continúo a Temuco. Al norte de Loncoche está
lloviendo sobre los cerros y la visibilidad es reducida; el motor no cesa de
toser y lanzar humo blanco, probablemente la admisión está mezclándose con aceite.
Al fin veo la pista de Maquehue, el aeropuerto de Temuco, estoy aterrizando a
las tres de la tarde. Los terrenos y hangares del Club Aéreo de Temuco son los
más bonitos y mejor mantenidos que he visto en Chile y en toda mi ruta en el
exterior. La pintura, orden y limpieza son impecables, sus jardines
esmeradamente cuidados. A poco recibo la visita del Señor Emilio Sandoval Poo,
Vice Presidente del Club Aéreo y mas tarde llega el Presidente señor Mario
Pellon a quien le solicito si es posible guardar mi Stearman en uno de los
hangares del Club por esa noche en vista de que el tiempo está lluvioso; me
responde que no hay inconveniente, pero que eso tiene un precio; le contesto
que ojalá ese precio no sea muy alto debido a que ya he gastado casi todo mi
dinero y aún me queda por volar el resto de la ruta hasta Santiago; él sonríe y
me dice que ese precio consiste en que deberé estar presente a una comida esa
misma noche en el recinto del Club ahí en el aeropuerto. Enseguida llegan
varios periodistas y fotógrafos del Diario Austral avisados por el Sr.
Sandoval; vienen a entrevistarme y tomar fotos del avión, en efecto, les
interesa mi historia con el avión; me dedican la portada y una página completa.
La comida resulta un agradabilísimo momento en
compañía por lo menos veinte socios del Club, todos acuden al hangar donde está
guardado el Stearman para verlo.
Al día siguiente el tiempo está terriblemente malo;
hay un temporal de lluvia y fuertes vientos por lo que debo postergar mi salida
hacia el norte.
Al próximo día despego con algo de lluvia, pero
visibilidad relativamente buena con dirección a Santiago. Como a los 25 minutos
de vuelo me encuentro con fuerte lluvia que me cierra el paso al norte ; no
tengo otra alternativa que regresar a Maquehue, pero en el mismo momento en que
comienzo el viraje el motor comienza dar fuertes e ininterrumpidas explosiones.
Pienso que me encuentro en verdaderos apuros ; con cada explosión el motor se
estremece en forma alarmante y tambien el avión, creo que dentro de poco se
desprenderá de su bancada y se me caerá, estoy en medio de fuerte lluvia y
viento buscando el mas inmediato lugar para aterrizar de emergencia y tratando
de mantener el avión que por la pérdida de potencia del motor y el peso de los
estanques que están llenos de gasolina está descendiendo rápidamente.
Tengo a mi derecha un potrero de forma irregular; es
mi única posibilidad, pero tiene a la entrada postes con cables eléctricos o de
teléfono; en un esperanzado esfuerzo para pasar por sobre ellos y entrar al
potrero pues ya estoy casi a nivel de los cables, tiro el bastón de control
levemente hacia atrás pues tengo ya casi el mínimo de velocidad de planeo, pero
mi avión que jamás me ha dejado mal en una emergencia, salva los cables
limpiamente y entra al potrero sin mayor dificultad. está lloviendo
torrencialmente y los dos estamos
empapados pero a alvo.
Al rato viene hacia mi una camioneta que entra al
pótrero y se detiene al lado del avión; es el señor delgadillo, uno de los
administrtadores de la estación Experimental Agrícola “CARILLNCA” en uno de
cuyos campos he aterrizado. Esta persona me presta toda clase de atenciones, me
lleva hasta la oficina desde donde llamo por teléfono al aeropuerto de Temuco
para dar cuenta a Operaciones de mi emergencia y solicitar nuevamente al Club
Aéreo me envíe un mecánico, quien llega mas tarde y comienza a revisar el motor
nuevamente. De pronto me dice que ha encontrado la verdadera falla; es el
magneto derecho cuyo rotor está quebrado. Este se saca del motor y lo llevo en
bus a Santiago donde me espera mi hijo Víctor Jr. quien ya me ha ubicado otros
magnetos similares en desuso para sacar de ellos las partes necesarias y los
tiene listos en el aeródromo de Las Condes. Se arma el magneto con las piezas
sacadas de estos viejos y me regreso a Temuco con un mecánico especialista en
magnetos, quien al día siguiente en colaboración con el mecánico local lo
instala; prueba el motor y para desaliento de todos vemos que la falla
persiste. Se vuelve a revisar y nos encontramos ahora con que el magneto
izquierdo está aún en peores condiciones que las que tenía el derecho, el cual
se saca, pero está tan destrozado que al parecer no tiene reparación. Llamo
nuevamente a Víctor Jr. a Santiago; él me despacha esa misma tarde dos magnetos
viejos que ha podido hallar. A la mañana siguiente los dos mecánicos trabajan
tratando de hacer un magneto servible de todas estas partes viejas. Pero esto
se hace en un taller de mecánica dental del hermano del mecánico del Club
Aéreo. Por fin el magneto queda armado; lo llevamos al avión donde es instalado
en forma precaria por falta de las herramientas necesarias. Despego lloviendo
del potrero de Carillanca con destino de regreso al aeródromo de Maquehue en
Temuco para que el mecánico complete la instalación y recargar combustible.
Salgo de allí al mediodía nuevamente rumbo al norte, vuelo sin escalas hasta
Talca donde pernocto, el avión queda guardado en un hangar.
Al otro día al regresar al aeródromo es para mi muy
grata la conversación co el chofer del taxi que me llena de recuerdos pues es
un hombre de mi edad y yo viví en esta ciudad de Talca hace 46 años en que
trabajé como telegrafista para el telégrafo del Estado y al mismo tiempo hacía
mis estudios de violín en el Conservatorio de Música; era a la sazón un
adolescente. Fui un alumno destacado y me correspondió tocar en público y en la
radioestación, presentado por el Conservatorio; aun conservo los programas de
dos de esas presentaciones. Cada persona que nombro, incluso los profesores, el
chofer me cuenta que ya han desaparecido.
Finalmente hago mi último despegue de este largo y
azaroso vuelo y aterrizo sin contratiempos en el aeropuerto de Los cerrillos el
26 de Mayo de
Afortunadamente , don Alfonso Cuadrado Merino quien
tiene a su cargo
Acordándome de la falla de magnetos en el sur y las
constantes vibraciones a lo largo del vuelo desde Uruguay, sugiero al mecánico
que revise la bancada que sujeta el motor por posibles trizaduras, pero al día
siguiente me comunica que en efecto la bancada está quebrada; uno de los tubos
superiores está partido en dos y separado y otro completamente trizado. Tuve
razón cuando temí que el motor se fuera a desprender del avión en vuelo al
norte de Temuco.
Pienso que el haber arribado intacto a Santiago es
otro milagro más, de los que siempre me han ocurrido con mi avión Stearman en
tantos años de vuelo.
Y también, después de tantos años, me parece increíble
volver a tenerlo conmigo.”
*
Don Victor F. Salas Valdés falleció hace más de una
década y su querido Stearman pertenece hoy a la colección de aviones del Museo
Nacional Aeronáutico y del Espacio ubicado en Los Cerrillos – Santiago de
Chile.
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