Nuestra Historía

LOS ORIGENES DE LA LINEA AEROPOSTAL
Por Sergio Barriga Kreft


En 1928 algunas compañías aéreas extranjeras plantearon al Gobierno su interés en establecer servicios aéreos en el país y explotar los cielos chilenos, tal cual ya lo hacían en otras partes de nuestro continente.
MERINO (Arturo Merino Benitez) comprendió la gravedad que ello encerraba para el futuro de la aviación en Chile y en su calidad de Jefe de los Servicios de Aviación solicitó y obtuvo del Presidente Carlos Ibáñez del Campo, hombre
visionario y a quien tanto debe la aviación nacional, el permiso para establecer un servicio de correo y transporte aéreo entre Santiago y Arica.
Para tal objeto empleó lo único que tenía, la avi ción militar.
Del curso de oficiales alumnos que había dado té mino a su entrenamiento en la Escuela de Aviación, MERINO seleccionó a nueve de ellos y los destinó a prestar servicios en la que se denominaría Línea Aeropostal Santiago-Arica.
Los designados fueron los Tenientes Carlos Baldeig, Emilio Larraín, Jorge Batte, Roberto Costabal, Armando Rivera, Julio Fuentealba, Ramón Lisboa, Arturo Meneses y Rolando Sepúlveda.
Valerosos oficiales que disponían sólo de aquellos conocimientos teóricos que en aquel entonces se impartían en la Escuela de Aviación y alrededor de cien horas de vuelo, pero que se dedicaron con todo empeño a la misión que les encomendaba el distinguido Jefe.
Dentro de los seleccionados estaba el Teniente ARTURO MENESES KINSLEY, a quien un día el Comandante MERINO le dijo:
"Ud. se me va a la Línea Aeropostal, pero se que- dará trabajando aquí en Santiago".
El Teniente ARTURO MENESES desde niño había sentido una gran atracción por la aviación, talvez porque parientes suyos por línea materna habían sido pilotos de la RAF, logrando una actuación destacada en los cielos de Europa durante la Primera Guerra Mundial. Su vocación aeronáutica tuvo un decidido impulso cuando de niño presenció los vuelos que en la zona sur realizó el aviador CLODOMIRO FIGUEROA.
Fue tanta la emoción que sintió en aquella ocasión, que la noche anterior al vuelo y la siguiente, sencillamente no pudo dormir.
Por ello, cuando tuvo la edad suficiente para ser aviador, siguió el camino en aquellos años establecido. Primero ingresó a la Escuela Militar, se recibió de Oficial, cumplió su período reglamentario en un regimiento y luego por fin pudo solicitar su destinación a la aviación militar.
Su instructor fue el Capitán RAFAEL SAENZ y su primer vuelo sólo lo realizó en un avión Bristol Lucifer. Después de dos años de estudios dio término a su entrenamiento, con posterioridad a lo cual como se ha dicho, fue seleccionado para integrar la dotación de pilotos de la naciente Línea Aeropostal.
Dado que los aviones militares por las características propias de las misiones para las cuales habían sido diseñados, no eran aptos para su empleo en tareas de transporte aéreo comercial, el Comandante MERINO seleccionó el biplano De Havilland Moth, que por aquel entonces la firma Morrison y Cía. había traído en exhibición a nuestro país.
De una partida de cuarenta aviones que se adquirieron para la aviación militar, diez fueron destinados a prestar servicios en la Línea Aeropostal.
Para darle una estructura orgánica el Comandante MERINO dispuso organizar una escuadrilla, la que al mando del Capitán OSV ALDO ACUÑA, tuvo por misión estudiar la ruta al norte y ubicar lugares de aterrizaje donde se establecerían posteriormente los aeródromos en los cuales harían escala los aviones.
Con tal fin, el 21 de Enero de 1929 partieron los diez aviones rumbo a la zona norte. Una de las instrucciones recibidas fue de no volar a alturas superiores a los 1.500 metros, por cuanto se estimaba que más arriba soplaban fuertes vientos del norte que restarían autonomía y velocidad a los aviones y también para-evitar la fuerte turbulencia de la pampa. Lamentable error que más tarde muy caro se habría de pagar.
Con ellos, los pilotos en el cruce del desierto después del mediodía se veían afectados por una violenta turbulencia que hacía que los débiles biplanos fueran prácticamente incontrolables.
Sólo la experiencia posterior determinó que los pilotos por propia iniciativa volasen más alto que lo establecido.
Precisamente, en el vuelo del día 21 de Enero, cerca de Combarbalá una turbulencia severa sorprendió a la escuadrilla de aviones Moth, a consecuencia de lo cual el del Teniente MENESES sufrió una pérdida de combustible, la que finalmente próximo a Ovalle hizo que el motor se detuviera.
El piloto planeó rumbo a un lugar que desde la altura se apreciaba medianamente parejo e inició una deslizada, con tan mala fortuna que lo sorprendió un viento de cola y el avión se estrelló frente a la estación de Ferrocarriles "El Palque", resultando destruido casi por completo. El Teniente MENESES a raíz de las heridas recibidas, fue trasladado al Hospital Alemán de Santiago.
Durante este vuelo hasta Arica, otros tres accidentes ocurrieron, los que no se dieron a conocer a la opinión pública a fin de evitar reacciones contrarias a la creación de la Línea Aeropostal.
No obstante, la misión se cumplió, estableciéndose que la ruta Santiago-Arica tendría postas en Ovalle, Copiapó, Antofagasta e Iquique, con un piloto en Santiago, dos en Ovalle, dos en Copiapó, dos en Antofagasta y uno en Arica. En Ovalle, Copiapó y Antofagasta se dejaron dos aviones en cada posta y uno en Arica.
Así, a la llegada del avión que transportaba el correo y a un eventual pasajero, ya había otro con el motor en marcha, el que de inmediato, recibido el correo y transbordado el pasajero, iniciaba el vuelo en demanda del próximo punto de la ruta.
Así se volaba y es notable destacar que a los dos meses de iniciados los vuelos, se cumplían los itinerarios con un noventa por ciento de exactitud.
Previo a la inauguración oficial de la Línea se realizaron 36 vuelos hasta Arica en los cuales se transportaron 12 pasajeros, entre los que se recuerda a ARTURO BENAVIDES, DEMETRIO ORTEGA, y ARTURO MOSQUERA, quienes cancelaron sus respectivos pasajes.