(Por Julio Matthei Sch. según relatos de Amaro Bamón y José Sierra)

En el aeropuerto de Burbank, California se estaba efectuando el vuelo de recepción de un ex DC-3 de la “Navy” americana. José “Pepe” Sierra, lo recuerda relatando algunos detalles pintorescos de ese vuelo:

Sentado a la izquierda en el asiento del capitán, iba el piloto Lee Cameron, dueño del avión, que a juzgar por su desempeño se notaba que no volaba este modelo desde la 2ª Guerra Mundial. Lo acompañaba a su derecha, como copiloto, el capitán de LAN don César Bórquez. Una vez en el aire correspondía probar el funcionamiento del sistema de posicionamiento en bandera de la hélice de cada uno de los motores. Sin embargo en uno de ellos la prueba falló y no fue posible volver a ponerlo en marcha, obligando a un regreso a aterrizar sólo con un motor funcionando. Al bajar el tren, este no aseguró ya que este avión sólo tenía una bomba hidráulica impulsada precisamente por el motor detenido.Para espanto de don César y de los pilotos Luis Araya y José Sierra, hasta ese momento displicentemente apoyados en el umbral del cockpit, Lee Cameron rehusó el aterrizaje con un motor y tren abajo, entró en el circuito de tránsito, mientras don César afanosamente levantaba presión en forma manual para lograr asegurar el tren. Todo esto terminó con un aterrizaje tan brusco que torció el tren, obligando a una reparación que retrasó la entrega del avión por dos semanas y obligó a los pilotos a una sacrificada extensión de su estadía en Hollywood.

En esta oportunidad la empresa Aviation Mart Compay, de propiedad de Lee Cameron, le estaba entregando dos DC-3 a LAN y la travesía hasta Chile la harían los pilotos LAN César Bórquez con Luis Araya en uno (CC-CLDP N° 210) y Lee Cameron con José “Pepe” Sierra en el otro (CC-CLH N° 0184). Curiosamente ambos, que arribaron a Los Cerrillos el 25 de Noviembre de 1953, no tendrían un final feliz.

El otro personaje de esta historia es el entrañable amigo, colega, compañero de curso en la Escuela de Aviación y de ruta de toda una vida de José “Pepe” Sierra: Amaro Bamón M. Amaro sería también uno de los pilotos comisionados para traer uno de los tres DC-3 adicionales que LAN compraría para iniciar su operación a principios de 1954, justo unos meses antes de ser destinado a prestar sus servicios en la Posta de Punta Arenas. Él reclama su paternidad sobre uno de esos tres aviones, que podrían ser el N° 211, N° 212 o el N°213. Si fuera el N° 212 todavía podría darse el gusto de ir a tocarlo …, convertido en monolito en San José de Maipo !

Tras tres meses de su instalación con toda la familia en la zona austral, el destino pone en sus manos nada menos que la “joyita” que su amigo Pepe había transferido con tanto amor desde los Estados Unidos a nuestro país. Nada presagiaba que al despegar desde el aeródromo de Chabunco, al DC-3 N° 0184 con sus 26 pasajeros a bordo, sólo le quedaban algunos pocos minutos de vida. Era el vuelo diario a la cancha de 900 mt, apisonados y ripiados, de Porvenir junto a la Laguna de Los Cisnes, inaugurada recién hace dos meses y bautizada con el nombre de “Capitán Fuentes Martínez” en memoria del Capitán de Bandada que pereció en las cercanías en el accidente de un hidroavión Junkers R-42 el 7 de Febrero 1930.

Pero nada mejor queponer en boca del propio protagonista lo que ese día el destino le deparaba. Recuerda Amaro:

“Salimos ese día (29 de Mayo de 1954) hacia Porvenir, una ciudad que está frente a Punta Arenas, en Tierra del Fuego. La tripulación estaba formada por mi, Amaro Bamón como Capitán, Jorge Rivera Calderón como Co-Piloto y el mecánico Ampuero como sobrecargo. Había un viento de alrededor de 80 km / hr con rachas de 90 a 100 km / hr. Llegamos al aeródromo de Porvenir que contaba con una pista que se extendía de Este a Oeste. Aparentemente el viento soplaba bien orientado a la pista. A lo largo de toda la cancha de aterrizaje, había un cerco de alambre con sus respectivos postes para impedir que ingresaran animales que pudieran obstaculizar el aterrizaje. Toqué rueda como se hace normalmente, el avión corrió normalmente, se detuvo normalmente, lo único que no fue “normalmente” fue lo que pasó a continuación. Cuando se detuvo y me aprestaba a virar para dirigirme a la losa donde debían bajar los pasajeros, el viento rotó bruscamente y levantó el aparato haciéndolo volar, y no es una forma de decir, – repito – , ¡haciéndolo volar!, hacia un costado y estrellándolo en los postes del alambrado construido como protección contra los animales. Esto sin que yo pudiera hacer nada; estaba en la impotencia más absoluta!

Como resultado de esta acción del viento y al caer el avión sin ningún control, se rompió el tren de aterrizaje izquierdo y golpeó una caja de fusible que había en alguna parte expuesta del aparato, provocando el incendio del motor izquierdo. También se destapó el estanque de gasolina del mismo lado iniciándose con ello un incendio. Como, en ese tiempo, los aeródromos estaban totalmente desamparados, no tuvimos ningún elemento para combatir el incendio, tanto del motor, como del estanque de gasolina.

Al quebrarse la pierna izquierda del avión, este se inclinó de ese lado permitiendo que la puerta de pasajeros quedara muy cerca del suelo, lo que facilitó la salida expedita de los pasajeros. El Co-piloto fue de inmediato al pueblo a conseguir que vinieran los Bomberos. Estos efectivamente no tardaron en llegar, pero sólo para mirar el incendio, ya que no disponían de nada adecuado para intervenir. Les sobraba la buena voluntad pero carecían de los elementos para combatir este tipo de siniestro. Ni tierra era posible lanzarle al avión en llamas, ya que el terreno estaba con una capa de escarcha que era como cemento.

Procedimos, entonces, a sacar todo lo que había en el aparato que pudiera levantarse y ser sacado fuera. Transportábamos, por ejemplo, 3 sacos con dinero para La Caja de Ahorros, (hoy Banco del Estado) y que logramos salvar. Como vimos que cada vez se tornaba mas peligroso nuestro empeño por conjurar esta tremenda desgracia, nos retiramos a una distancia prudente a contemplar como se consumía el avión.

De pronto, como a los 5 minutos de tener clavada la vista en este dantesco espectáculo, estallaron los 4 estanques de gasolina y el aparato desapareció, prácticamente, en “menos que canta un gallo”.

Luego, el sumario, la parte trágica del asunto. Vino gente de Santiago. El Fiscal, el Secretario y tuti cuanti. Interrogatorio.¿Qué por qué hizo esto? ¿Que por qué no hizo lo otro ?. En fin, al terminar el tal sumario se determinó que era necesario hacer otra pista, además de la ya existente, para dar, al Piloto, una alternativa más a elegir en el momento de aterrizar con vientos muy fuertes.
¡Ese fue mi bautismo de fuego, en Tierra del Fuego y  … con bastante fuego!! “

Epílogo: Dicen los malos amigos de Amaro, que transcurridos mas de 50 años del dramático evento, Pepe sigue disfrutando, por alguna extraña razón, de la gratuidad de su cafecito cortado en la compañía de su inseparable amigo y otros allegados, en las tradicionales tertulias sabatinas del Tavelli de Príncipe de Gales.