“En la época de la posverdad hay caricaturas que, de tanto repetirse, empiezan a instalarse como hechos indubitables. Una de estas es la idea de que las empresas chilenas son “extractivistas (sic), anticuadas y rentistas”.

Chile fue uno de los primeros países en implementar la tecnología móvil PCS, ostentando hoy la mayor penetración de internet en Latinoamérica. El primer Dreamliner 787 de Boeing que llegó a esta región lo trajo una aerolínea chilena que entró a la liga de las 10 mayores líneas aéreas del mundo. Viñas chilenas compiten de igual a igual con las más grandes del planeta. Una empresa chilena es líder global en la producción y comercialización de berries . Son ingeniería y constructoras chilenas las que han permitido el desarrollo de infraestructura de punta que ha sido resiliente frente a los terremotos. Son empresas chilenas las mejor preparadas para responder a la demanda por cobre y por litio, relacionados con la urbanización, la electromovilidad y el almacenaje de energía. Son chilenas también las empresas más competitivas a nivel mundial en celulosa y madera; o las que han liderado el retail en Latinoamérica, compitiendo incluso con el todopoderoso Amazon. Es chilena la empresa líder de la región en la industria de TI; es un empresario chileno el que inventó la tecnología que permite mantener lagunas artificiales enormes y es chilena la que desarrolló sistemas para combatir el robo hormiga, y que hoy da sus primeros pasos en USA.

La lista es mucho más larga, y bien vale la pena recordársela a quienes siguen anclados en las caricaturas.

¿Acaso no debiéramos como país aprovechar nuestras ventajas competitivas en la producción de cobre, celulosa, salmón o berries? ¿Acaso las industrias referidas están obsoletas y debemos alejarnos de ellas? ¿Acaso los chilenos están equivocados al llenar los malls y comprar a crédito o bien en volcarse masivamente a los aeropuertos para viajar por Chile y el mundo? ¿O al tener más de un teléfono móvil por persona y tener la mayor penetración de internet en Latinoamérica?

Los caricaturistas menosprecian estos logros, argumentando que se deberían a la gratuita disposición de recursos naturales y al pago de bajos sueldos. Subestiman que para transformar los recursos naturales se requiere de empresas que tomen riesgos e innoven. Ignoran que solo tres países de Latinoamérica tienen salarios mínimos superiores al que se paga en Chile, y que este es poco representativo de la realidad laboral en las grandes empresas. Si tuvieran razón, ¿por qué Bolivia no es una potencia minera mundial? ¿O Argentina una potencia forestal? ¿Por qué no se desarrollaron en otros países de Latinoamérica empresas líderes en telecomunicaciones, aeronáutica, retail , o TI? ¿Por qué son los cubanos, venezolanos, argentinos y peruanos los que emigran a Chile, y no al revés?

Otra caricatura es afirmar que la empresa chilena habría crecido en base a colusiones, abusos e influencia indebida en la política. Por supuesto que hemos tenido casos recientes para cada una de estas situaciones, que por lo demás el propio empresariado ha condenado de manera categórica y respecto de las cuales nos estamos haciendo cargo. Pero exagerar las imperfecciones propias de todo mercado como si fueran la regla general, y contrastarlo con un Estado tan idealizado como utópico, es derechamente mala fe.

A diferencia de la caricatura, la crítica -como la realizada por la OCDE en su informe sobre la productividad en Chile- ayuda a identificar y enfrentar desafíos pendientes, como son aumentar la inversión en I&D y el valor agregado de nuestras exportaciones, en los que el sector privado tiene un rol fundamental y frente a los cuales no cabe la autocomplacencia. Todo desafío, sin embargo, debe partir por hacerse preguntas que provoquen un buen debate: ¿Qué relación tiene la etapa de desarrollo de un país con su condición de ” technologyadapter ” o ” technologydeveloper “? ¿En qué industrias conviene ser lo primero y en cuáles lo segundo? La industria de paneles solares se consolidó en China, y no en USA o Europa, donde se concentraron los subsidios y la inversión pública y privada en I&D. ¿Cuándo conviene agregar valor cerca de las materias primas y cuándo cerca de los centros de consumo? ¿Qué rol juegan las economías de escala y los costos logísticos en esa decisión? Tesla decidió instalar su megafábrica de baterías de litio en Estados Unidos, y no en los países que, como Chile, tienen las principales reservas de litio del mundo.

Debemos dejar de lado los voluntarismos, nostalgias y caricaturas. Los tiempos actuales, dinámicos y complejos, no están para los ministerios de planificación que proyectan matrices productivas o tecnologías ganadoras, y que apuestan recursos públicos a ellas. Sí están para un ministerio de ciencia, tecnología e innovación que actúe como articulador de los mundos clave para enfrentar estos desafíos: el académico, el científico, el empresarial y el público. También están para desafiarnos como empresas a conectarnos de mejor forma con lo que está pasando fuera del perímetro de nuestras industrias a través de vehículos como son el ” corporateventure capital ” o las plataformas de innovación abierta”.

BERNARDO LARRAIN – Presidente SOFOFA

 

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