(Según publicación de la DGAC – Chile (con el Coronel Arturo Silva L. en RRPP) bajo el título “A puro ñeque… un piloto chileno – ¡en suprema sed de cielo!” – Separata – Historia Aeronáutica).

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Continuamos con la tercera y última parte del relato de Víctor Salas:

“ Mi velocidad máxima de crucero es de 80 millas por hora; esta ruta (Buenos Aires – Bariloche) me es completamente desconocida, nunca la he volado antes. Mi primera escala es la ciudad de Olavarría donde tomo combustible y sigo a Bahía Blanca, ciudad donde pernocto. Noto que a poco de salir de Buenos Aires el tubo indicador de gasolina se va llenando de una materia negra que proviene del estanque. En Bahía Blanca un mecánico me drena los filtros, se ha juntado una gran cantidad de esta materia extraña y nos preguntamos cómo es que no se ha tapado el carburador en vuelo.

Al día siguiente continúo vuelo hacia Neuquén; de aquí en adelante tendré fuerte viento en contra hasta la llegada al lado chileno; este tramo todo es pampa desolada como una sábana. El motor viene tosiendo cada vez más a menudo y cada vez que lo hace le sale un humo blanco, eto es debido a es a materia extraña que sigue saliendo del estanque ahora en mayor cantidad; veo una especie de pista y aterrizo en ella para drenar los filtros: es la hacienda “El Álamo” en plena pampa; el mayordomo y su esposa me atienden. Por las características del avión Stearman con su cabina abierta en la que el espacio libre es muy reducido pues casi todo lo ocupa el recorrido de la palanca de control y además de las condiciones de tiempo adversas por viento y turbulencias me es muy difícil poder leer la carta de navegación en vuelo y tengo que memorizar los tramos correspondientes antes de cada despegue. Cuento con un ADF (Automatic Direction Finder) abordo que me ha sido de una vital ayuda; pero tambien tengo dificultad para leer la cartilla de frecuencias y luego sintonizarlas hasta obtener la señal y dirección correctas; me es de gran ayuda mi dominio del sistema código Morse que tanto usé cuando volaba en LAN; as puedo identificar las estaciones radiofaros. Continúo vuelo a Neuquén , pero es tanto el viento en contra que a la cuadra de Villa Regina mi combustible de ambos estanques está ya casi agotado  y debo aterrizar allí para aprovisionar los estanques, pero aquí no hay gasolina. Un auto de la policía me recoge y me lleva al cuartel donde encuentro esperándome en el teléfono al jefe del aeropuerto de Neuquén. Me dice que me han declarado en emergencia y que ya están por salir a buscarme. Pernocto en Villa Regina y al dia siguiente  compro nafta en una gasolinera para automóviles, contrato un camión para llevarla hasta donde está el Stearman. Cargamos con ayuda del chofer. Continúo hacia Neuquén donde dejo el avión cargado de gasolina y aceite para salir al día siguiente temprano a Bariloche.

dejo el avión estacionado a un costado del aeropuerto. Cuando en la mañana siguiente pongo el motor en marcha , tengo franca falla de motor; este despide llamaradas por el escape y no tiene potencia. Llevo el avión al taller de reparaciones; el mecánico Sr. Rodríguez me dice que alguien ha estado novedoseando en la cabina y han dejado abierto el inyector de gasolina, la cual ahora se encuentra contaminada con aceite, pero inexplicablemente el estanque aceite tambien está contaminado con gasolina debiendo tener que drenarse completamente y limpiar todos los sistemas, bujías etc., botar todo este combustible y poner nuevo. Este trabajo dura todo el día y parte del siguiente. El avión queda guardado en el hangar del taller donde permanece por tres días más por lluvia, fuerte viento y mala visibilidad.

El 7 de Mayo despego al fin de Neuquén en la mañana en dirección a Bariloche. En Operaciones al sacar mi plan de vuelo me advierten que volaré sobre terreno muy inhóspito y que debido al viento reinante debo tratar de ahorrar el combustible al máximo. Salgo con los dos estanques repletos. El viento de frente es tan fuerte durante la ruta que mi velocidad relativa al suelo es muy baja; es así que cuando llego a Bariloche me dicen que hace mas de una hora se me ha declarado en emergencia y que hay un  avión a10.000 pies buscándome o tratando de ubicarme. El Stearman por ser biplano es muy afectado en condiciones de viento en contra.

Durante todo el vuelo he ido sacando fotos con una pequeña cámara. Pero a mi salida de Puerto Colonia hacia Buenos Aires, por el apuro y talvez la nerviosidad de la primera etapa del vuelo que voy a emprender después de tantos años, se me queda la cámara fotográfica dentro de mi bolso con ropa que me es imposible alcanzar en vuelo pues viene al fondo de la cabina, de modo que de este tramo del viaje no he podido tomar instantáneas. Entre Buenos Aires y Bariloche tomo fotos diversas del vuelo sobre la Pampa argentina y escalas. Permanezco tres días en Bariloche y después de la ya rutinaria limpieza de filtros por un mecánico de Aerolíneas Argentinas para quitar la acumulación de esa materia que sale del estanque de gasolina constantemente, despego el 11 de Mayo hacia Puerto Montt; Operaciones me advierte que aunque la ruta está mas o menos volable para un avión normal, debo tomar nota que los vientos son fuertes y que la térmica está a 500 pies .

Esto quiere decir que el cruce de la cordillera será largo, pesado con temperaturas bajo cero. Comienzo a internarme por sobre el lago Nahuelhuapi, entro al brazo Brest; a medida que avanzo las montañas son más altas , nevadas en la cumbre y en algunas que están cubiertas con oscuras nubes está nevando copiosamente, pero estoy volando muy por debajo de las cumbres y sobre el lago inmenso cuyas aguas deben estar casi congeladas, las laderas de las montañas están cubiertas por densos bosques que llegan hasta la misma orilla del agua. Pienso que si el motor me falla ahora por acumulación de esta materia que sigue saliendo del estanque  y por formación de hielo en el carburador, mi avión y yo no tendremos escapatoria, aunque creo que en tal caso seguramente algo sucederá, como siempre nos ha pasado a los dos, y nos salvamos.

El paisaje es indescriptiblemente maravilloso, el vuelo es lento y a mi alrededor hay solo montañas, bosques, nieve que en pequeñas cantidades me pasa casi horizontalmente en forma esporádica, viento, y abajo un lago que parece un océano; hace un frío tremendo. Siento que tengo la cara casi congelada. El Stearman se porta maravillosamente; el parejo bloop – blop del motor radial de 7 cilindros es como oír bella música; se grabó en mis oídos anteriormente durante tantos años de vuelo.

Trato de tomar fotos de este escenario; tomo la primera, pero debido a la turbulencia al tratar de controlar el avión, la cámara se me resbala de la mano y cae al piso hacia atrás. Me es imposible alcanzarla pues no puedo soltar el bastón de mando.

Hacia adelante, donde termina el lago se ve una inmensa montaña sobre la cual está nevando y no parece haber ninguna pasada hacia el otro lado; estoy a punto de virar y regresar a Bariloche, pero me decido a continuar explorando. Al llegar a esa montaña y término del lago Nahuelhuapi, hacia mi izquierda hay otro cañón; está semi despejado y en el fondo veo la Laguna Frías que ya me habían descrito; me aventuro y vuelo sobre ella, la única salida de allí está a mi derecha por otro pequeño cañón al cual penetro. Al salir de él, me encuentro con inmensas montañas, pero justo frente a mi hay un paso entre dos colosos en cuyas cumbres cubiertas con nubes oscuras está nevando; lo cruzo y a mi izquierda desde allí empieza a descender un valle hacia el oeste, hay un rio con pequeñas riberas como playas, sigo este valle hasta que veo una pista de aterrizaje casi en plena cordillera. Desciendo hasta aterrizar en ella para recuperar la cámara fotográfica. La pista es asfaltada y se encuentra en lado chileno, el lugar se llama Peulla. Aprovecho de drenar los filtros.

Despego enseguida con destino a Puerto Montt, el tiempo a este lado está muy bueno, entro al Lago Todos Los Santos, vuelo sobre Petrohué y el Lago Llanquihue. Después de volar sobre tanta Pampa desolada, estoy ahora sobre los hermosos campos chilenos.

Aterrizo en Puerto Montt cerca dela 01:00 PM. Hay un sin número de gente en la torre de control esperando ver la llegada de mi novedoso avión. El operador de la torre me dirige para estacionar en uno de los círculos frente al edificio principal; todos quieren verlo y me llenan de preguntas, como me ha pasado en cada lugar que he aterrizado. Pienso en cómo ha cambiado todo con el tiempo; hace treinta años cuando volaba con este mismo avión aquí en Chile, la gente escasamente se fijaba en él, claro, era un contemporáneo; ahora es una reliquia que para mí no es tal pues he envejecido con él.

Pernocto en Puerto Montt desde donde salgo con destino a Temuco al día siguiente; decido pasar a recargar a Valdivia; el motor sigue tosiendo esporádicamente, como lo he venido sintiendo todo el camino, es seguramente debido a esa materia con que está contaminado el estanque; pero de repente comienza unas explosiones que jamás había sentido en este avión y que hacen estremecer el motor; elijo rápidamente un potrero donde aterrizo sin dificultad. A poco viene un huaso que me dice que trate de salir de allí pues estoy lejos de todo auxilio y que al otro, lado de unos cerros está Paillaco donde hay una pequeña pista cerca del camino. Pruebo el motor y despego. Alcanzo a llegar a Paillaco donde aterrizo con el motor rateando donde están al parecer entrenando caballos de carrera. Al descender de la cabina ya estoy rodeado de una multitud de gente, especialmente niños; todos quieren tocar el avión y algunos se ponen a sacudir los alerones; me cuesta trabajo impedir que sigan haciéndolo. Por este motivo tengo que pasar toda la noche y hasta el mediodía siguiente paseándome alrededor del avión pues sé que si lo dejo solo un momento se subirán sobre las alas y romperán la tela lo cual imposibilitaría mi salida de allí. No puedo dejar de caminar ni por un momento pues al llegar la noche comienza a caer una helada como hacía años no caía, según me dicen ahí. A medianoche los carabineros me traen un mensaje del Club Aéreo de Temuco diciendo que al otro día mandarán un mecánico para que revise el motor; voy con ellos al retén pues tambien me están llamando de Santiago quedando dos de ellos al cuidado del Stearman mientras regreso. En el retén de Carabineros me sirven una taza de café caliente y me traen de regreso al avión. En la mañana al aclarar, el Stearman y yo estamos blancos de escarcha; yo he permanecido con mi gorro y atuendo de vuelo puestos, pero ahora ha entrado una niebla fría que obstruye toda visibilidad. Cerca de mediodía comienza a penetrar el sol y a derretirse el hielo del avión, de modo que ahora estoy paseándome sobre el barro. A eso de las 7:00 PM llega el esperado mecánico de Temuco; se pone a trabajar y me dice que no ve nada mal en el motor y que la falla talvez se deba a que necesita una limpieza y ajuste de platinos, lo cual procede a hacer. Ya entrada la noche pruebo el motor que funciona bien y se da por terminada la reparación. Me manifiesta que no le debo nada pues ha sido enviado y pagado por el Club Aéreo de Temuco; se regresa esa misma noche. Consigo una capa para tapar el motor y dejo al cuidado del avión a un hombre mientras me voy a dormir a una pensión pues estoy cansado y con una especie de bronquitis por haber estado expuesto al frío toda la noche anterior. Al otro día el estado del tiempo es pésimo; está lloviendo y con visibilidad cerrada en todas direcciones. Me voy a Valdivia a dormir en algún hotel más cómodo y dejo al mismo cuidador del avión. Al siguiente día el tiempo ha mejorado algo, así que me regreso a Paillaco decidido a sacar mi avión de allí. Despego con lluvia, pero buena visibilidad rumbo a Valdivia, Veo que aunque el comportamiento del motor algo ha mejorado, la falla aún persiste pues los rateos continúan esporádicamente y en este tramo de Paillaco a Valdivia no hay ni u solo potrero donde se pueda aterrizar de emergencia; la única posibilidad sería el camino, pero está muy transitado y ni siquiera es recto pues va alrededor de los cerros. Aterrizo por fin en el aeródromo Las Marías de Valdivia donde cargo gasolina e inmediatamente continúo a Temuco. Al norte de Loncoche está lloviendo sobre los cerros y la visibilidad es reducida; el motor no cesa de toser y lanzar humo blanco, probablemente la admisión está mezclándose con aceite. Al fin veo la pista de Maquehue, el aeropuerto de Temuco, estoy aterrizando a las tres de la tarde. Los terrenos y hangares del Club Aéreo de Temuco son los más bonitos y mejor mantenidos que he visto en Chile y en toda mi ruta en el exterior. La pintura, orden y limpieza son impecables, sus jardines esmeradamente cuidados. A poco recibo la visita del Señor Emilio Sandoval Poo, Vice Presidente del Club Aéreo y mas tarde llega el Presidente señor Mario Pellon a quien le solicito si es posible guardar mi Stearman en uno de los hangares del Club por esa noche en vista de que el tiempo está lluvioso; me responde que no hay inconveniente, pero que eso tiene un precio; le contesto que ojalá ese precio no sea muy alto debido a que ya he gastado casi todo mi dinero y aún me queda por volar el resto de la ruta hasta Santiago; él sonríe y me dice que ese precio consiste en que deberé estar presente a una comida esa misma noche en el recinto del Club ahí en el aeropuerto. Enseguida llegan varios periodistas y fotógrafos del Diario Austral avisados por el Sr. Sandoval; vienen a entrevistarme y tomar fotos del avión, en efecto, les interesa mi historia con el avión; me dedican la portada y una página completa.

La comida resulta un agradabilísimo momento en compañía por lo menos veinte socios del Club, todos acuden al hangar donde está guardado el Stearman para verlo.

Al día siguiente el tiempo está terriblemente malo; hay un temporal de lluvia y fuertes vientos por lo que debo postergar mi salida hacia el norte.

Al próximo día despego con algo de lluvia, pero visibilidad relativamente buena con dirección a Santiago. Como a los 25 minutos de vuelo me encuentro con fuerte lluvia que me cierra el paso al norte ; no tengo otra alternativa que regresar a Maquehue, pero en el mismo momento en que comienzo el viraje el motor comienza dar fuertes e ininterrumpidas explosiones. Pienso que me encuentro en verdaderos apuros ; con cada explosión el motor se estremece en forma alarmante y tambien el avión, creo que dentro de poco se desprenderá de su bancada y se me caerá, estoy en medio de fuerte lluvia y viento buscando el mas inmediato lugar para aterrizar de emergencia y tratando de mantener el avión que por la pérdida de potencia del motor y el peso de los estanques que están llenos de gasolina está descendiendo rápidamente.

Tengo a mi derecha un potrero de forma irregular; es mi única posibilidad, pero tiene a la entrada postes con cables eléctricos o de teléfono; en un esperanzado esfuerzo para pasar por sobre ellos y entrar al potrero pues ya estoy casi a nivel de los cables, tiro el bastón de control levemente hacia atrás pues tengo ya casi el mínimo de velocidad de planeo, pero mi avión que jamás me ha dejado mal en una emergencia, salva los cables limpiamente y entra al potrero sin mayor dificultad. está lloviendo torrencialmente  y los dos estamos empapados pero a alvo.

Al rato viene hacia mi una camioneta que entra al pótrero y se detiene al lado del avión; es el señor delgadillo, uno de los administrtadores de la estación Experimental Agrícola “CARILLNCA” en uno de cuyos campos he aterrizado. Esta persona me presta toda clase de atenciones, me lleva hasta la oficina desde donde llamo por teléfono al aeropuerto de Temuco para dar cuenta a Operaciones de mi emergencia y solicitar nuevamente al Club Aéreo me envíe un mecánico, quien llega mas tarde y comienza a revisar el motor nuevamente. De pronto me dice que ha encontrado la verdadera falla; es el magneto derecho cuyo rotor está quebrado. Este se saca del motor y lo llevo en bus a Santiago donde me espera mi hijo Víctor Jr. quien ya me ha ubicado otros magnetos similares en desuso para sacar de ellos las partes necesarias y los tiene listos en el aeródromo de Las Condes. Se arma el magneto con las piezas sacadas de estos viejos y me regreso a Temuco con un mecánico especialista en magnetos, quien al día siguiente en colaboración con el mecánico local lo instala; prueba el motor y para desaliento de todos vemos que la falla persiste. Se vuelve a revisar y nos encontramos ahora con que el magneto izquierdo está aún en peores condiciones que las que tenía el derecho, el cual se saca, pero está tan destrozado que al parecer no tiene reparación. Llamo nuevamente a Víctor Jr. a Santiago; él me despacha esa misma tarde dos magnetos viejos que ha podido hallar. A la mañana siguiente los dos mecánicos trabajan tratando de hacer un magneto servible de todas estas partes viejas. Pero esto se hace en un taller de mecánica dental del hermano del mecánico del Club Aéreo. Por fin el magneto queda armado; lo llevamos al avión donde es instalado en forma precaria por falta de las herramientas necesarias. Despego lloviendo del potrero de Carillanca con destino de regreso al aeródromo de Maquehue en Temuco para que el mecánico complete la instalación y recargar combustible. Salgo de allí al mediodía nuevamente rumbo al norte, vuelo sin escalas hasta Talca donde pernocto, el avión queda guardado en un hangar.

Al otro día al regresar al aeródromo es para mi muy grata la conversación co el chofer del taxi que me llena de recuerdos pues es un hombre de mi edad y yo viví en esta ciudad de Talca hace 46 años en que trabajé como telegrafista para el telégrafo del Estado y al mismo tiempo hacía mis estudios de violín en el Conservatorio de Música; era a la sazón un adolescente. Fui un alumno destacado y me correspondió tocar en público y en la radioestación, presentado por el Conservatorio; aun conservo los programas de dos de esas presentaciones. Cada persona que nombro, incluso los profesores, el chofer me cuenta que ya han desaparecido.

Finalmente hago mi último despegue de este largo y azaroso vuelo y aterrizo sin contratiempos en el aeropuerto de Los cerrillos el 26 de Mayo de 1986, a las 16:35. El avión queda provisoriamente guardado en el hangar de la Policía de Investigaciones. Días después debo retirarlo de allí pues no hay autorización permanente para que se guarde en ese recinto.

Afortunadamente , don Alfonso Cuadrado Merino quien tiene a su cargo la Asesoría Histórica de Lan Chile y por quien siento profundo agradecimiento, admiración y respeto y que además fue mi jefe en los innumerables vuelos de itinerarios de LAN cuando él era Comandante y yo un tripulante técnico, se hace cargo de mi problema de encontrar un albergue para mi avión. Es así como me avisa que ha conseguido se me permita estacionarlo bajo la marquesina que fue de mantenimiento de los aviones de LAN en el aeropuerto de Los Cerrillos; allí permanece hasta que lo traslado al aeródromo de Tobalaba para revisión y mantenimiento, arreglos de frenos etc.

Acordándome de la falla de magnetos en el sur y las constantes vibraciones a lo largo del vuelo desde Uruguay, sugiero al mecánico que revise la bancada que sujeta el motor por posibles trizaduras, pero al día siguiente me comunica que en efecto la bancada está quebrada; uno de los tubos superiores está partido en dos y separado y otro completamente trizado. Tuve razón cuando temí que el motor se fuera a desprender del avión en vuelo al norte de Temuco.

Pienso que el haber arribado intacto a Santiago es otro milagro más, de los que siempre me han ocurrido con mi avión Stearman en tantos años de vuelo.

Y también, después de tantos años, me parece increíble volver a tenerlo conmigo.”

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Don Victor F. Salas Valdés falleció hace más de una década y su querido Stearman pertenece hoy a la colección de aviones del Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio ubicado en Los Cerrillos – Santiago de Chile.