Pinceladas de la vida de nuestro asociado Comandante Alejandro Vidal

 

Nada presagiaba que el fatal accidente de una persona en Dijon acaecido el 24 de Noviembre de 1975 alteraría imprevistamente el itinerario regular de un vuelo internacional de Lan Chile y salvaría la vida de un niño español en Barcelona. Pero cuando EUROTRASPLANT tuvo conocimiento de la disponibilidad y compatibilidad del riñón extraído del cadáver del accidentado en Dijon, se puso en marcha la correspondiente operación de asignación y traslado de dicho órgano. El beneficiario resultó ser José Miró, hijo de un piloto comandante de IBERIA – Líneas Aéreas de España S.A., internado en estado gravísimo de salud, con peligro de muerte, en una clínica de la Ciudad Condal. El enfermo José Miró que precisaba el transplante, era beneficiario de la Seguridad Social española.

El problema era que no había como efectuar el traslado de Paris a Barcelona con la urgencia que el caso requería. Alejandro Vidal, Comandante del vuelo LA 171, por su parte, se aprestaba en Frankfurt a iniciar su regreso a Madrid conforme al itinerario, sin avizorar ningún contratiempo especial. Aterrizaría a las 21:15 como de costumbre en el aeropuerto de Barajas para tomar el bus de los tripulantes rumbo al Hotel Meliá Castilla y descansar.

image001Pero los acontecimientos tomarían un rumbo muy diferente. Alertado el Dr. y Profesor José Mª Gil-Vernet por EUROTRASPLANT, se puso sin demora en contacto con IBERIA que tras verificar los vuelos disponibles comprobó que la única alternativa viable era el vuelo LA 171 de  Lan-Chile, las Líneas Aéreas Chilenas, (así se identificaba entonces LAN).

 

Por la vía mas directa y sin mayores formalidades, el Sr. José Sastre, “Jefe de Dia” del “Control General de Red” envía una breve comunicación (Por orden del Director Gerente de Iberia) a nuestro Gerente General Fernando Mansilla Salas, solicitando por razones humanitarias que el vuelo LA 171 agregue una escala adicional en Barcelona para depositar ahí un riñón, requerido para un trasplante inmediato. Los gastos operacionales que se generarían por la escala, serían de cargo de Iberia.

Así fue como el Comandante Vidal se entera, al aterrizar en el aeropuerto de Paris, que su vuelo ha sido reprogramado para hacer una escala adicional en Barcelona y que además debe esperar el arribo de un riñón que estaba en proceso de extracción y luego en vías de ser trasladado desde Dijon a Paris. Consecuentemente se dio aviso a los pasajeros que el avión ya no saldría como previsto rumbo a Madrid a las 21:00 horas, sino probablemente con aproximadamente una hora de retraso y con escala en Barcelona de acuerdo a una operación de urgencia humanitaria. Recuerda el Comandante Vidal que le fueron encomendados dos cilindros metálicos en que iba la preciosa carga y que debía entregar en Barcelona para ser trasladada de inmediato al Hospital Clínico de la ciudad.

En Barcelona el Dr. José Mª Gil-Vernet estaba preocupado tanto por el arribo a tiempo del órgano, como de los preparativos previos al transplante. Pero nada falló, el Comandante Vidal aterrizó en Barcelona sin contratiempos e hizo entrega de los dos cilindros que partieron raudos a su destino.

El Dr. Gil-Vernet constató que el órgano había llegado en condiciones de ser transplantado y según declaró mas tarde, el rápido transporte había sido decisivo para el éxito de la operación. Varios medios de prensa de Madrid y Barcelona destacaron la valiosa colaboración de Lan Chile.

El Dr. Gil-Vernet dirigió una conceptuosa carta al representante de Lan Chile en Madrid informando no solo de la recuperación normal de José Miró sino también de las expresiones de gratitud de este con respecto a Lan Chile y a la tripulación del vuelo LA-171 del 24 de Noviembre de 1975, por su gesto humanitario y que en definitiva le había salvado la vida.

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Después del recuerdo de este episodio, Alejandro se entusiasmó y sacó a relucir del cajón de sus recuerdos una añosa revista HOY (el Nº 3 de su primer año de vida en 1977), en la que merece nada menos que el espacio de una página. Modestamente reconoce que fue el premio a que se hizo acreedor por hacerles un favor a los padres, residentes en el extranjero, de una agradecida periodista. Como no deja de ser interesante observar que el tiempo no ha cambiado significativamente ni la vida ni las opiniones de los pilotos, reproducimos la referida entrevista:

““ LA VISION DESDE …
Diez mil metros de altura

 

El ruido ultrasónico de los motores de un inmenso o Boeing ya se empieza a sentir y los pasajeros respiran hondo ante la posibilidad de que, durante el ascenso; se les tapen los oídos.

Y el enorme pájaro metálico se encumbra por el aire, pasando el smog, las nubes y estabilizándose a los diez mil metros de altura, en un límpido y brillante cielo que invita al relajamiento.

Porque para quienes lo hacen por placer, volar es poesía y una sensación de amplitud y libertad. Pero para los que lo hacen por obligación, la poesía se pierde dentro del primer año de actividad. Eso le ocurrió a Alejandro Vidal, piloto de LAN Chile y con 22 años de profesión.

Lejos están sus 26 años -tiene 48-, cuando empezó copiloteando, y luego comandando, los pequeños DC-3, donde, de acuerdo a sus palabras, la sensación de responsabilidad era mucho mayor que hoy, ya que los avances de la técnica moderna hacen del piloto un engranaje más de la máquina. Y, también, forma parte del pasado su larga trayectoria – a través de los Convair 340, de los DC-6 y de los Caravelle -, que culmina con dos diplomas que muestra orgulloso: uno corresponde a la autorización que la empresa Boeing le otorgara para comandar su 727; el otro para el 707.

Casi normal

Veintidós años de casado, tres hijos y tiempo libre para dedicar a los arreglos caseros, conforman una vida casi normal. Casi, si no fuera por su “rol de vuelo”, que lo mantiene, la mayor parte de cada uno de los doce meses del año, fuera de casa. España, en Europa; Miami o Nueva York, en Estados Unidos, y Tahiti – a veces – son sus puntos de llegada cada mes; entonces “de los 22 años de matrimonio, la verdad es que, sacando cuentas, llevamos trece o catorce de casados realmente”.

Y conversando, las anécdotas fluyen solas. Como cuando llevó un “polizón” – un asilado después del Once -, aunque no a bordo, sino entre las ruedas. “Y sólo nos dimos cuenta al aterrizar en nuestro destino, cuando cayó del tren de aterrizaje convertido en un bloque de hielo. Pero sobrevivió, y dos horas después estuve conversando con él”. (*)

Pero ¿cuál es la visión de Ia vida de un hombre que ya tiene a su haber diez millones de kilómetros recorridos por el aire y 18.mil horas de vuelo?

 

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Alejandro Vidal: profesión apasionante pero rutinaria, igual a cualquier otra

– ¿La vida? Es linda, vale la pena vivirla. Y, respecto a mi visión de ella, he llegado a saber dar importancia a lo que realmente la tiene. Soy católico; vivir de acuerdo a estos principios y educar a mis hijos inculcándoles lo mismo, es una de las razones de mi existencia. Claro que de vez en cuando se echa de menos el hogar.

Porque eso de las relaciones con los demás miembros de la tripulación es “cosa de película”.

 

 

 

 

 

Cosa de película

Entre explicación y explicación. Vidal abre su maletín de viaje y empieza a sacar uno y otro manual. “Estos son de emergencia -en esos casos está todo contemplado; las reglas prohíben actuar de memoria, lo fundamental es leer sus manuales -, éstos, de las rutas que debemos seguir y que se van renovando mes a mes – hasta semana a semana -, ya que se detalla todo cambio, tanto en tierra como en vuelo”. Sin embargo, “cada seis meses se efectúan controles de vuelo y material – cuenta Vidal -, así nos mantienen siempre en óptimas condiciones”.

Hasta 60 años se considera útil la vida de un piloto – aunque se puede continuar de copiloto hasta los 65 -, esto siempre que el ritmo de vida sujeto a tantos cambios de clima, de comidas y horas de sueño no desordenen el cuerpo antes de tiempo. Lo ideal es tratar de mantener casi inalterables los horarios normales, por eso Vidal nunca cambia su reloj del horario chileno.””

(*) Sin tener el dato preciso del vuelo, sucedió en alguna fecha posterior al 11 de Septiembre de 1973 en un B-707. Fue el mecánico de Lima que informa al Comandante de un bulto junto a una de las ruedas del tren principal que resultó ser de una persona que se había introducido a la bahía del tren en Santiago y había sobrevivido el vuelo hasta Lima. La persona era un desconocido que había utilizado este método para salir sin ser controlado del país. La persona tiene que haber tenido un conocimiento muy acabado del espacio que dejaba el tren al retraerse y evitar ser aplastado por los mecanismos, por lo que es válido especular que fue “dateado” por un experto.

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De las ajadas y amarillentas páginas de la revista HOY se desliza inadvertidamente un sobre aéreo dirigido al señor Alejandro Vidal del Villar – San Isidro 1045 – Santiago – Chile. El lugar de las estampillas recortado, revela la existencia de algún filatélico en la familia. En una media hoja de correo aéreo descuidadamente partida en dos, con membrete del Hotel Crillon de Lima, con fecha 26 de Mayo de 1958, dos entusiastas patinadoras del conjunto “Carnaval en Hielo” le agradecen al “Estimado Alejandro” su ayuda por hacerle “el vuelo tan agradable e interesante”… Junto con adjuntarle fotos de su “lindo viaje” le participan los detalles de la continuación de la gira del conjunto, con los lugares de Ecuador y Colombia, fechas y los respectivos hoteles donde se hospedarían…

Remata la breve misiva con la dirección particular de las patinadoras en Louisiana, invitando a Alejandro a visitarlas en el futuro…

Intrigado le preguntamos a Alejandro que cosa tan especial había hecho para merecer tantas expresiones amables y de gratitud. Nos enteramos que Alejandro, entonces un novel y entusiasta Capitán de DC-3 había transportado al conjunto “Carnaval en Hielo” a Punta Arenas y, como ”atención de las casa”, les había dado una vueltecita a ver el Cabo de Hornos…!