El siguiente relato del Director de Águilas Blancas, el Aviador Güelfo Alessandrini C.,  llegó a nuestro conocimiento por mail y nos parece interesante compartirlo con nuestros asociados:

“Visita al edificio Delphos y al Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio, realizada el día viernes 28 de Septiembre de 2012.
Por una gentil invitación del Director Delegado de la Fach (de Aguilas Blancas), Coronel de  Aviación don Julio Gajardo, un grupo de aviadores de Águilas Blancas concurrió en un bus dispuesto para tal ocasión, al Edificio Delphos ubicado en Los Cerrillos, pudiéndose apreciar las grandes ventajas del magnífico edificio.  En el auditorio ubicado en el tercer piso, el coronel don Julio Gajardo nos relató en una amena charla, las cualidades de éste, cualidades que reportan  muchos beneficios a la Fuerza Aérea en el orden de tiempo,  concentración de las diversas actividades, y por sobre todo en el aspecto humano ya que trabajar en sus dependencias es un agrado, lo que involucra un mejor rendimiento. Desde su terraza en el decimo quinto piso, los pilotos contemplaron con nostalgia la pista del aeropuerto donde por tantos años despegaron y aterrizaron  en la extensa  pista aun no destruida del todo. Muchos todavía mantenían la esperanza que renaciera como un parque aéreo que albergara tanto a nuestros clubes como a la aviación ejecutiva, más ¡Ay! Un edificio en construcción está siendo levantado lejos  al final y casi al frente de ella, y a juzgar por la altura de la torre grúa empleada para su erección  será un edificio alto que impediría a los aviones alcanzar la altura necesaria para salir del tránsito.

Quienes otrora tuvieron la oportunidad de comunicarse con su torre y escuchar la voz de las gentiles operadoras  dando las instrucciones para el despegue o aterrizaje, añoran esos tiempos. A veces cuando viniendo desde el San Cristóbal  se ingresaba al tramo con el viento para luego aproximar, aterrizar y comunicar a la torre:  “Abandonando pista activa”, más  de alguno quiso saber de qué rostro y de que figura salía la cálida  femenina voz que autorizaba e instruía: “avance a pista dos uno y mantenga”, luego: “autorizado para despegar, temperatura veinte grados viento sur weste ocho nudos, comunique ingreso a zona”, y subiendo por la escalera de la torre con un paquete de bombones o un ramito de flores lograba ver a la dueña de la voz que más de una vez “salvó un pellejo”.

Fueron lindos los tiempos vividos en el que fuera el principal aeropuerto de Chile; los visionarios lo construyeron, los políticos  lo derrumbaron.
Continuando el recorrido por el piso donde nuestro Director Delegado tiene sus oficinas, comprobamos el grato ambiente de trabajo que se genera en sus recintos. Una buena obra de diseño y arquitectura con el sólido respaldo de la ingeniería.

Luego la foto frente al acceso para después dirigirse al Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio, el Coronel Gajardo propuso que nos fuéramos caminando, aunque dudó un poco al observar a algunos bastante entrados en años, pero ¡aviadores! y la caminata resultó un paseo.

Recibidos con cordialidad por el “Caballero del Aire”, general don Ricardo Gutiérrez, nos condujo al salón de actos en donde nos narró la historia del Museo y las diferentes etapas por las que ha pasado, sin duda es uno de los mejores museos a nivel mundial, permanentemente se incorporan nuevas naves aéreas que operaron en un venturoso pasado. No deja de sentirse emoción al contemplar el avión en el que, en un ayer lejano, volamos y aprendimos a volar, parece que tuvieran ansias de elevarse al cielo haciendo rugir sus motores.

Digno de destacarse es la visita que  los niños hacen al Museo, más de alguno querrá  ser piloto y luego de visitarlo soñará con lo que ha visto, como también soñamos nosotros al recordar el avión en el que pudimos mirar la tierra desde lo alto, temiendo quedarnos  junto a ellos en el museo como una pieza  más del pasado.

La sala en donde comienza el recorrido en la que  se monta y exhibe la historia de la aviación y como es que el hombre hizo realidad el sueño de imitar a los pájaros, es notable.  Allí están los nombres de los hombres que soñaron con ello: desde Leonardo de Vinci que imaginó helicópteros, George Cayley, Alphonse Pénaud, Clement Ader, Otto Lilienthal, hasta los hermanos Wright que hicieron posible el sueño. Cabe destacar que los hermanos Wright compraron sus zapatos en el mercado persa. Si, pero son los de las replicas que están trabajando en su taller, una réplica notable.
Están los chilenos; Sánchez Besa, constructor de aviones pero en Europa, y el primer aviador que voló en Chile: Cesar Copetta, primero en volar en Chile y el tercero a nivel mundial.

Indudablemente al Museo hay que ir varias veces, hay mucho que ver y está prácticamente reflejada la historia, incluso la más reciente, de la aeronáutica nacional.

Con la gentileza que lo caracteriza, el Director del Museo, recordando los años que ha estado a su cargo viviendo sus transformaciones, avances y crecimiento, nos invita a una estimulante colación servida en los jardines,  terminada ésta nos dirigimos a un hangar en el que se exhiben los aviones a reacción estando allí el primero que tuvo la Fuerza Aérea de Chile: el DH-115 Vampire, también podemos admirar al legendario Shooting Star, llamando poderosamente la atención contemplar con admiración el avión ingles de despegue vertical  “Harrier”, su sola presencia indica cuan diligente es la Dirección del Museo.

Pudimos apreciar en otro de los hangares los notables  procesos de restauración; el Manu Tara, si bien no es el que voló a Pascua, pues tengo entendido que yace en el fondo del lago Peñuelas, llegó absolutamente destruido, siendo restaurado pieza por pieza, cable por cable, perno por perno, doy fe de ello pues soy testigo del proceso de restauración, cuando años ha, visitamos el Museo.  Uno de los aviones que actualmente se restauran es un PT 19, también conocimos la historia de estos aviones que llegaron a Chile: el Fairchilito que tantos pilotos formó. También un avión Naval está siendo restaurado en esta verdadera factoría gracias a la cual podemos apreciar aviones que llegaron en muy malas condiciones quedando nuevos luego de un acucioso trabajo de investigación, ejemplo de ello es el avión LAN 18 accidentado en pleno desierto que luego de avistados sus restos muchísimos años después, fueron dificultosamente recuperados por personal del Museo, hoy luce como nuevo en el gran salón principal que ya se está haciendo chico.

Hubiésemos querido quedarnos, pero el tiempo es inexorable, tras agradecer nuestro Presidente, general don Gonzalo Miranda tanto al coronel don Julio Gajardo, que nos honra tenerlo como Director Delegado,  como al Director del Museo, general don Ricardo Gutiérrez, que sin duda cuenta con un personal de primerísima calidad,  nos dirigimos a la salida a esperar el bus que nos retornó a nuestra Sede Social, y desde allí cada uno se retiró para gozar de un buen fin de semana despidiendo al mes de la patria.”


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