“Buenos días: Con mucha emoción leí el relato del B-26 EN APUROS (ver artículo en sección GAJES DEL OFICIO de esta página) y retrotraerme en el tiempo, más aún que fue mi padre, el otrora Sargento 2° de la Fach Dionisio Fuentes Onell protagonista de los hechos y de la excelente labor realizada por todos los que ayudaron que esta misión tuviera un final feliz. Saludos cordiales, y estoy a vuestra disposición. Tangencialmente he tenido la suerte de seguir los pasos de mi padre desempeñándome por cerca de 30 años en ENAER, donde como ingeniero, me ha acercado a los aviones.
Iván Dionisio Fuentes Stjepovič  – Ingeniero de Proyectos – División de Ingeniería – Fono: 23831775 – ivan.fuentes@enaer.cl

Agradecemos a nuestro estimado lector don Iván Fuentes su amable contacto donde nos proporciona gentilmente otros antecedentes de su familia de aviadores: Su padre había llegado a Cerro Moreno el año 1955 casi junto con el arribo de los B-26. En 1971 fue trasladado a Quintero para trabajar en el material 99 Alfa hasta el 74 y de allí a la Escuela de Aviación hasta 1982 donde fue su retiro de la institución.
El abuelo paterno de Iván, Dionisio Fuentes, fue piloto Civil, y dentro de esta línea, su hermano Sergio (Q.E.P.D) fue oficial en la especialidad de Finanzas, alejado de los aviones. Pero en cambio su primo Christian Pizarro Stjepovic es oficial piloto en la Fuerza Aerea.
También don Iván nos ha remitido fotografías de su padre que agradecemos.

 

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Homenajes al Sargento Dionisio Fuentes

 

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EL sargento valeroso – El Ministro de Defensa Nacional Julio Pereira Larraín (en foto de la derecha), en representación del gobierno procedió a condecorar al Sargento 2º Dionisio Fuentes Onell con la Medalla al Valor por la increíble hazaña que protagonizó el 16 de Noviembre de 1962 cuando mantuvo el avión B-26 Nº 812, en que volaba como mecánico, durante dos horas en el aire, hasta que se repuso del desmayo el piloto, víctima de un fortísimo golpe en la cabeza originado por el brusco desprendimiento de la carlinga. El Sargento 2º Fuentes Onell tuvo la presencia de ánimo de comunicarse con la torre de operaciones de Cerro Moreno (volaban a la altura de Iquique) y pedir instrucciones. Ajustándose a éstas y a las señas que le hacía el Comandante Hans Bostelmann desde otro avión que subió a ayudarlo. El valeroso sargento logró hacer descender el avión de 11 mil pies a cuatro mil. Esta mayor presión ayudó a estancar la abundante sangre que manaba el piloto de la cabeza y logró reponerse y efectuar el aterrizaje sin mayores consecuencias.”

(Referencia de El Mercurio en publicación que informa ceremonia de celebración de los treinta y tres años de existencia de la Fuerza Aérea de Chile).


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