Por Sergio Barriga Kreft
(Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile)

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Nacida en Antofagasta el 21 de Enero de 1918 en el hogar formado por Hermann Gustavo Koeppen y Dora Luisa Maisan de Koeppen, cuando contaba con dos años de edad Dora Magdalena María Koeppen Maisan tuvo la desgracia de perder a su padre.
Su madre viuda se trasladó entonces a Comuy en las cercanías de Temuco, donde el 30 de Enero de 1921 la pequeña Dora fue bautizada según el rito de la Iglesia Evangélica Luterana, siendo sus padrinos Rudolf Maisan y Wilhelmine Lühr.
En 1928 su madre casó en segundas nupcias con Guillermo Schoneweg Sowitzky, ingeniero titulado en Alemania, quien se desempeñaba como profesor en la Escuela Industrial de Temuco. Por ello, durante un tiempo, llevó el apellido de su padrastro, retomando posteriormente el de su progenitor.

Mucki luciendo su uniforme de auxiliar de vuelo de LAN

Su interés por los aviones se fue despertando poco a poco al leer libros y artículos técnicos relacionados con la aviación, los que aquel traía para sus alumnos y con los cuales ellos fabricaban pequeñas maquetas de los aparatos en aquel tiempo en uso.

Por ello, tras rendir satisfactoriamente su bachillerato en matemáticas, sus preferencias se orientaron a una carrera relacionada con la aviación, meta que no pudo concretar debido a que en aquellos años en nuestro país las mujeres aún no tenían acceso a dicha actividad en forma profesional.

Sin desanimarse, al contar con la edad necesaria, en 1939 ingresó al Club Aéreo de Temuco, el segundo más antiguo en el país, fundado en 1929 y que producto de la grave crisis de los años treinta había caído en una profunda recesión que lo tuvo al borde de su disolución.

Junto a ella lo hicieron poco después otras dos damas, María González Parodi, esposa del Teniente 1º René González Rojas e Irene Paetz Stockmeyer, todas las cuales serían grandes aviadoras y dejarían un lindo recuerdo de su paso por las alas chilenas.

Afortunadamente para ellas, ese año había sido nombrado Comandante de la Segunda Brigada Aérea y Jefe de la Cuarta Zona Aérea, con asiento en Temuco, el entonces Comandante de Grupo (RA) Manuel Tovarias Arroyo, quien de acuerdo a las disposiciones reglamentarias vigentes, asumió también la presidencia del club, reorganizó la entidad alada de La Frontera, tramitó su personalidad jurídica y le dio el impulso necesario, rescatándola del estado de postración en que se encontraba.

Quiso el destino que ese mismo año, fuera nombrado comandante del Grupo de Aviación Nº3, también con asiento en Temuco, el Comandante de Escuadrilla (RA) Mario Barros Ortíz y como oficial de la unidad el Teniente 1º (RA) René González Rojas, quienes secundaron con entusiasmo al Comandante Tovarias en su labor en pro del fomento de la aviación civil deportiva, incentivando el ingreso de mujeres al club aéreo.

Recordemos que allí, en 1929, se había formado la segunda mujer piloto de Chile, Viola Blackburn Melin, quien fuera una reconocida y entusiasta aviadora, destacándose por sus condiciones de pilotaje, participando en numerosos campeonatos y raids, donde obtuvo siempre los primeros lugares. Casada posteriormente con Peter Norman, ciudadano inglés, se fue a vivir a Inglaterra, país donde falleció en 1969.
Fue así como bajo la atenta mirada de sus instructores, primero el Comandante Mario Barros y luego los Tenientes Alfredo Carrere Lizasoaín y René González, en los únicos aviones del club, dos gastados De Havilland Gipsy Moth, sobrantes de la época del correo aéreo, las tres jóvenes fueron adentrándose en el arte de volar.

Lamentablemente, el Teniente Carrere y su alumno Rafael Hodges Neira, perderían la vida el 5 de Octubre de ese año, al estrellarse en Maquehue uno de esos biplanos, con lo cual la escasa dotación se redujo a un solo avión.

Al decir de María González, era común que de cada dos vuelos, uno terminara en emergencia por falla de su gastado motor. Esto ya no sorprendía a las alumnas, que se acostumbraron a volar atentas al funcionamiento del motor, teniendo siempre a la vista un potrero donde aterrizar y permanecer ahí en espera que desde la Base Maquehue las vinieran a auxiliar.

No obstante, la instrucción siguió su curso hasta que el 3 de Febrero de 1940 Dora Koeppen fue la primera de ellas en obtener su brevet de piloto.

Ese día, “Mucki”, (así lo escribía ella, aunque en la mayoría de los artículos de la época se la denominaba “Mucky”), como cariñosamente era llamada desde pequeña, se presentó ante la comisión nombrada por el Club Aéreo de Chile, la que estaba integraba por el Comandante de Grupo (RA) Carlos Montecino Asenjo, quien en el intertanto había asumido la presidencia del Club Aéreo de Temuco, el Comandante de Escuadrilla (RA) Mario Barros Ortiz, vicepresidente del Club y el director de esta entidad Señor Hernán Ciudad V.

Completaba la comisión el Teniente González, designado por la Dirección de Aeronáutica. Constituyendo este hecho todo un acontecimiento en la ciudad de La Frontera, lo más representativo de la sociedad local se dio cita en la Base Aérea Maquehue, contándose entre otros al Prefecto de Carabineros, Coronel don Egidio Moscoso Ayar y al Auditor General de Aeronáutica Comodoro Edelberto Alcaíno Quijada.

En aquella oportunidad, Mucki rindió un brillante examen, demostrando especial pericia en los “ochos flojos”, virajes escarpados y aterrizajes de precisión.

Al término del mismo fue agasajada con un cocktail en el casino de oficiales del Grupo de Aviación Nº 3, durante el cual se leyó el Acta de Examen levantada por la Comisión Examinadora y que establecía:
“En Maquehue, a tres días del mes de Febrero de mil novecientos cuarenta, en cumplimiento a la autorización dada por radio S/Número, de fecha 30 de Enero del año en curso, del Club Aéreo de Chile, se reunió la Comisión Examinadora compuesta por el presidente del club, Comandante de Grupo don Carlos Montecino, que la presidió, por el vicepresidente, Comandante de Escuadrilla don Mario Barros 0. y el director señor Hernán Ciudad, actuando como delegado de la Dirección de Aeronáutica, el designado en propiedad, Teniente 1º Sr. René González R., y se procedió a tomar examen para optar al título de piloto de turismo, a la señorita Dora Koeppen Maisan, de acuerdo con los Estatutos del Club Aéreo de Chile Pág. N° 32, Art. letras a), b) y c), habiendo obtenido el siguiente resultado:

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1.- Pruebas prácticas de vuelo, aprobada (9)
2.- Conocimientos generales, aprobada (8)
3.- Conocimientos técnicos, aprobada (8)

En la tarde de ese día, Mucki ofreció un picnic en los alrededores de la Base al personal de suboficiales del Grupo de Aviación Nº 3, agradeciendo a nombre de los mecánicos el Suboficial Eleodoro Sandoval.

Desde aquel entonces, por años su vida estaría ligada a las alas de la patria.

Por esos avatares del destino, ese mismo día después del examen, otro socio del club salió a volar en el único Gipsy Moth existente y queriendo demostrar sus habilidades de piloto terminó estrellado en una quinta aledaña a la Avenida Alemania de Temuco, lo que causó la destrucción total del aparato.

“En recuerdo de mi examen de vuelo el 3.II.40 – Mucki”

Con ello, el club quedó sin material de vuelo, lo que junto con la destinación a Santiago del Teniente René González y su esposa, motivó a las otras dos muchachas a trasladarse también a vivir a Santiago e ingresar las tres al Club Aéreo de Chile, donde tanto Irene Paetz como María González completaron su instrucción de vuelo, destacándose todas por su entusiasmo y capacidad, participando en cuanto raid o vuelo de importancia efectuara la entidad de las alas deportivas.

Asimismo, velando por su sustento, Dora Koeppen entró a trabajar a la National Cash como secretaria del gerente de la empresa, e Irene Paetz a la Caja de Crédito Minero.

Se acostumbraba por aquellos años, plena época de la Segunda Guerra Mundial, que en los aviones de la línea aérea norteamericana PANAGRA, a su paso por territorio nacional, integrara la tripulación en calidad de “Oficial de Ruta”, un aviador chileno, el que debía verificar que en todo momento la tripulación se ajustara al plan de vuelo aprobado por la autoridad aeronáutica nacional.
Por sus condiciones de piloto, Mucki tuvo el honor de ser designada como la primera mujer que cumpliera dicha tarea.
El 7 de Julio de 1941 en un Douglas DC-3 de PANAGRA le correspondió hacer el tramo Santiago- Antofagasta.
Su arribo a su ciudad natal fue recibido con especiales muestras de simpatía, mereciendo destacada cobertura en El Mercurio de Antofagasta.
Por su parte el directorio del Club Aéreo de Antofagasta, por entonces en formación, con su presidente a la cabeza, el Capitán de Bandada (RA) Alfonso Scheihing Ritter, le ofreció una espléndida manifestación en la Quinta Cassale.

Al día siguiente, una vez más como Oficial de Ruta, embarcaba en el avión de itinerario que venía desde los Estados Unidos, retornando a Santiago.
Ella no olvidaría a sus camaradas del aire antofagastinos.

Fue ese mismo año de 1941, en que dado el estado de postración en que se encontraba la aviación deportiva nacional, a instancias del Club Aéreo de Chile, el Presidente de la República don Pedro Aguirre Cerda, dispuso que la tradicional colecta que anualmente para el natalicio de O´Higgins se realizaba con fines benéficos, ese año estuviera destinada a allegar fondos para las alas deportivas.

Queriendo que tuviera un nombre netamente aeronáutico, el 20 de Agosto se llamó a la generosidad ciudadana bajo el lema “Alas para Chile”, la que fue más conocida como Campaña Alas para Chile, por el sinnúmero de actividades que en el marco de ella ese año se realizaron.

Si la comparamos con algo similar a nuestra época, diríamos que fue una Teletón en beneficio de los clubes aéreos.

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De izquierda a derecha Teniente 1º René González, Irene Paetz, Mucki,
Comandante de Escuadrilla Mario Barros y María González

Actividad en la cual dentro de sus más entusiastas impulsores se encontraban Mucki, Irene Paetz y María González, quienes sin descanso trabajaron junto al Capitán Enrique Flores Álvarez, nervio y motor de la cruzada, al Comandante de Lan Arturo Prado Orozco, “El tata Prado”, como cariñosamente se le conocía en el ámbito aeronáutico, a Antonio Marín Cuartero, autor del lema de la campaña, a Rolando Ahumada Fernández, a Alberto Morera, los hermanos Valdovinos, a Clodomiro Figueroa, a Raúl Fabres Pinto, a Eugenio Covacevic C. y a tantos otros grandes de la aviación nacional ya desaparecidos, logrando un éxito como ni ellos mismos vislumbraron cuando dieron inicio a la misma, obteniendo entre otras cosas la entrega a los clubes aéreos de 150 aviones nuevos.

Un año después, aún bajo el impulso de Alas para Chile, el 6 de Diciembre de 1942, junto a la puerta de acceso al Aeropuerto Los Cerrillos, se procedía a inaugurar un monolito en memoria de César Copetta Brossio. Primer aviador que en 1910 volara en Chile y que precisamente en ese mismo lugar perdiera su vida el 27 de Octubre de 1940 en un lamentable accidente de aviación.

Como parte del acto recordatorio se contemplaba una misa de campaña oficiada por el capellán de la Fuerza Aérea Romelio Carreño Atenas y el lanzamiento de una ofrenda floral sobre el monolito, desde un avión del Club Aéreo de Chile.

Misión que fuera encomendada a Mucki, acompañada del socio del club Rolando Ahumada Fernández, el recordado “Rolito” Ahumada.
En el instante mismo en que el Teniente René González, Secretario del Club y el Adicto Aéreo a la Embajada de Francia en Chile, Coronel Mirizón, procedían a descubrir el monolito que se encontraba engalanado con las banderas de Chile y Francia, el ramo de flores caía sobre él.
Tal demostración de pericia, por su significado y emotividad, impresionó hondamente a los asistentes.
Posteriormente, todos se trasladaron a la sede del Club Aéreo de Chile ubicada en el costado sur del aeropuerto, donde mientras la banda de la Fuerza Aérea interpretaba el himno de la aviación civil, se concedió a Dora Koeppen el honor de izar por vez primera en Chile, en el mástil de la entidad, un hermoso gallardete triangular dividido en dos campos, azul y blanco, luciendo al medio una estrella blanca, un cóndor con sus alas extendidas y la frase “Club Aéreo de Chile”.
En una entusiasta improvisación, el Teniente González indicó que el azul representaba el cielo patrio, el blanco las nieves eternas de la cordillera y el cóndor las ansias de espacio y de dominio de esas montañas de todos los aviadores chilenos.

Gallardete que durante años fuera el emblema oficial que representaba sin excepción a todos los clubes aéreos del país y que lamentablemente, con el transcurso del tiempo caería en el más completo olvido, confeccionando cada entidad el suyo propio.

Una muchacha tan famosa no podía pasar desapercibida para el célebre pintor húngaro Ladislado Cseney, aeromodelista de renombre y gran amigo de los aviadores civiles.

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Lazlo Cseney como acostumbraban llamarlo, llevó la imagen de Mucki a la tela, plasmándola en un cuadro que mereció elogiosos comentarios de los críticos de arte y del público asistente a las exposiciones del Salón Nacional, donde obtuvo el premio Club de la Unión y de la Sala Banco de Chile.
De ello quedó recuerdo también en el Noticiario Chileno I.C.E. Nº79 que con maestría filmaran Luis Caroca y Ricardo Younis.
Se cuenta, aunque ello nunca pudo ser confirmado, que durante años aquella pintura engalanó el salón del casino de oficiales del Grupo de Aviación Nº 3 en Temuco.

Óleo “Aviadora”, Autor: Lazlo Cheney

En la actualidad, una copia de ella está en poder de la familia.
Hoy en día se considera algo normal que toda línea aérea de cierta importancia incluya dentro de su tripulación de cabina a dos o más hostesses, cuya presencia dentro del avión contribuye a hacer más agradable el viaje, proporcionando tranquilidad y bienestar a los pasajeros.
¿Qué hombre, que se precie de tal, se atreverá a demostrar temor, aunque el avión se zarandee por efectos de la turbulencia, si una simpática hostess con su mejor sonrisa le pide que abroche su cinturón de seguridad?

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Junto con nacer el concepto de “su majestad el pasajero”, las principales empresas aéreas del mundo contrataron bellas y atractivas jóvenes para que desempeñaran tal labor. Fue aquella una medida psicológica y a la vez práctica.

Psicológica, por cuanto si el público veía a aquellas muchachas subir sonrientes a los aviones, significaba que el transporte aéreo era algo seguro y de no temer. Práctica, por cuanto los pilotos, el ingeniero de vuelo y el radiotelegrafista podían dedicarse a sus tareas específicas, desligándose de la atención de los pasajeros.

En nuestro país, con la llegada en la década del treinta de los trimotores Ford de Línea Aérea Nacional, se estableció como norma el entregar durante el vuelo a cada pasajero una pequeña caja de cartón conteniendo una presa de pollo, un huevo duro, unos sándwiches y una fruta.

Ello ayudaba a hacer menos tediosos los largos vuelos sobre el territorio nacional en aquellos lentos aviones de aluminio corrugado.

Encargados de repartir estas cajitas eran los copilotos o los mecánicos de a bordo.
Sin embargo, aquel gesto amable no siempre fue bien comprendido y en más de una ocasión un nervioso y airado pasajero descargó sus iras en el copiloto, gritándole que regresara a la cabina a tomar el control del avión, en vez de andar repartiendo cajitas de cartón.

Simpáticas anécdotas de una época en que comenzaba a escribirse la historia del transporte aéreo comercial en nuestra patria.

A mediados de 1943, la Línea Aérea Nacional, producto del Lend Lease Act de los Estados Unidos de Norteamérica, incorporó a su flota tres modernos aviones Lockheed Lodestar C-60, lo que obligó a reorganizar su Servicio de Transporte, creándose a instancias del Comodoro Rafael Sáenz Salazar, a la sazón al mando de la empresa, el Servicio de Auxiliares a Bordo.

 

Para tal efecto, asesorado por don Ignacio Rodríguez, don Guillermo Piola de la Puente y del periodista Ernesto Silva Román, todos altos ejecutivos de la empresa estatal, se abocaron a buscar una joven que gustara de la aviación y tuviera el temple y carácter para desempeñar tales funciones. Si ello daba buenos resultados, el nuevo servicio sería una realidad.

Buscando y consultando opiniones en el ámbito aeronáutico, sus preferencias se orientaron por Dora Koeppen, quien se desempeñaba en el área de contabilidad del Club Aéreo de Chile.

Piloto con 250 horas de vuelo registradas en su bitácora, al igual que Irene Paetz, era una reconocida acróbata del aire, admiradora del comandante de LAN Jorge Verdugo Correa y del destacado aviador civil Aladino Azzari López, amante de las flores que cultivaba con deleite y entusiasta de la música de Wagner, era poseedora de una cultura superior.

La selección estaba hecha y el 15 de Septiembre de ese año, con un sueldo de $ 1.560 mensuales, Mucki fue contratada como la primera auxiliar de vuelo de LAN, o hostess como se las denomina internacionalmente, dándose inicio a su preparación como tal.

 

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En el intertanto, el 18 de Septiembre de 1943, un Lodestar a los mandos de los comandantes César Lavín Toro y Héctor Lopehandía Collado, realizaba el vuelo inaugural del nuevo material hacia Antofagasta, efectuando el trayecto en poco más de tres horas, el que más adelante se extendería hasta Arica con escala en Iquique. A su regreso, el día 19, sin estar programado y por propia iniciativa, los pilotos sobrevolaron a baja altura la elipse del parque Cousiño durante la parada militar, como homenaje de la aviación comercial chilena a las Glorias del Ejército. Gesto que fue muy bien comprendido por las autoridades y público asistente al desfile, quienes pudieron apreciar las características del nuevo material de vuelo de la línea aérea bandera.

El 7 de Octubre de 1943, LAN finalmente daba inicio oficial al Servicio de Auxiliares a Bordo, con Mucki como tripulante del Lodestar de itinerario que al mando del comandante Alfonso Cuadrado Merino cubría la ruta Santiago-Antofagasta.

Mucki en la cabina del Lodestar C-60 de LAN.

A pesar de lo importancia que ello investía para la aviación chilena, en general la prensa nacional fue más bien parca en sus elogios, excepto el diario La Nación del 9 de Septiembre y una revista de circulación nacional, que resaltaron la general complacencia de los pasajeros por este nuevo servicio, alabando las bondades del excelente buffet servido en vuelo y las gentiles atenciones de la auxiliar de vuelo.

Pronto ella se ganó el aprecio y la confianza de los pilotos de la empresa. De espíritu alegre y jovial cumplía en forma excelente su labor, atendiendo a los pasajeros. Atenta a solucionar cualquier detalle y a satisfacer sus deseos, ya fuera una bebida, un analgésico, un juego de cartas, o responder sus inquietudes, regularmente llegaba hasta la cabina a inquirir detalles del vuelo, los que comunicaba a los pasajeros.
Asimismo, al igual que los pilotos, debió aprenderse al detalle los nombres de todos los cerros y puntos importantes de la ruta al norte y a interiorizarse del informe meteorológico antes de cada vuelo. De gran presencia de ánimo, contribuía a calmar los espíritus cuando las condiciones meteorológicas se tornaban un tanto adversas.
Al decir de los antiguos pilotos de LAN, su incorporación a los servicios de la empresa fue todo un acierto.

A comienzos de 1944, un violento sismo destruyó la ciudad de San Juan en Argentina, y la Línea Aérea Nacional, por disposición del Supremo Gobierno puso su flota de aviones Lodestar C-60 al servicio de las autoridades del país trasandino, para ir en auxilio de los damnificados.

Al mando del comandante Eduardo Lazo Preuss, el Lodestar 503 se preparó para iniciar vuelo desde Santiago a Mendoza. Integraban también la tripulación, el copiloto Eduardo von Bischoffshausen, Mucki como auxiliar de vuelo y el mecánico Fernando Mella Ulloa, quienes estaban conscientes de la responsabilidad que se les encomendaba.
No obstante, al momento de subir al avión se le comunicó que por disposición superior, debía ceder su puesto al consejero de la empresa, Alberto Cumplido Ducos, quedando ella en Los Cerrillos, viendo con pesar como el bimotor enfilaba hacia la cordillera rumbo a la Argentina.
Sin comprenderlo, el destino había querido cambiar su suerte.

El 20 de Enero, el Lodestar 503 al despegar desde Mendoza a San Juan transportando la ayuda solidaria, al parecer por problemas de estiba de la carga, se precipitó a tierra falleciendo todos sus ocupantes. Accidente que causó hondo pesar tanto en Chile como en Argentina, al ofrendar los tripulantes sus vidas en aras de la hermandad entre ambas naciones.
Por aquel entonces, como primeros resultados de la célebre Campaña Alas para Chile se encontraba en pleno proceso la distribución de 30 aviones Aeronca modelo L-3B con motor de 65 HP, adquiridos para los clubes aéreos.

Uno de ellos, el CC-33 había sido asignado el año anterior al recientemente creado Club Aéreo de Antofagasta, el que esperaba con impaciencia su entrega para iniciar la formación de sus primeros pilotos.
Encargado de trasladar en vuelo el pequeño monomotor hasta la nortina ciudad fue el Subteniente de la Fuerza Aérea Ricardo Berardi, quien el 11 de octubre de 1943, por una falla de motor mientras volaba entre La Serena y Vallenar se vio obligado a aterrizar de emergencia en la quebrada de Pajonales en las cercanías de Domeyko.
A consecuencias de ello, el piloto resultó herido de mediana gravedad y el avión destruido casi por completo.
Ello motivó a que la Dirección de Aeronáutica asignara otra aeronave similar a la nortina entidad, encontrándose con la dificultad que no hubo interés entre los pilotos civiles en trasladar el avión al norte en vista de lo sucedido al oficial de la Fuerza Aérea y por una ruta tan larga y carente de los recursos más elementales.
En conocimiento de ello y motivada por sus ansias de aventura y amor al vuelo, Mucki se ofreció para trasladar hasta Antofagasta el flamante Aeronca.
Por comunicación dirigida al Jefe del Departamento de Operaciones de LAN, con fecha 7 de Marzo, solicitó cuatro días de permiso para ausentarse del servicio. Al día siguiente, por Orden de Servicio Nº286 firmada por el Vicepresidente Ejecutivo Accidental de Línea Aérea Nacional, don Guillermo Piola de la Puente, ese permiso le fue concedido.
En tres días y haciendo escalas en Quintero, Ovalle, La Serena, Copiapó y Taltal, el lento Aeronca matrícula CC-XAD Nº CC-32 llegó a Antofagasta, donde los socios del club aéreo la recibieron como heroína colmándola de atenciones.

Recordaba ella con simpatía, que el día 9 de Marzo antes de partir, mientras desayunaba en el casino del aeropuerto Los Cerrillos, junto a los pilotos de LAN que se aprestaban a realizar los vuelos de itinerario, en medio de las bromas y consejos, el comandante Hernán Mujica Bordalí le había dicho: “…mira Mucki, ándate bajito y despacito… así llegarás”.
Su último recuerdo de la partida, fue cuando ya en el aire, al pasar frente al edificio terminal del aeropuerto, vio al jefe del campo aéreo el Comodoro Manuel Francke Mariotti agitando sus manos en señal de despedida.

Con la recepción del avión, el Club Aéreo de Antofagasta pudo finalmente dar inicio a sus actividades y pronto estuvo en condiciones de brevetar a sus primeros pilotos.
El viaje de ese pequeño monomotor amarillo de tela, concitó enorme interés periodístico y fue objeto de gran cobertura en la prensa nacional. Incluso la Viña Concha y Toro, embotelladores autorizados de Coca-Cola dio publicidad a un aviso de la popular bebida, con la imagen de Mucki, haciéndole réclame al término de aquel raid en que había desafiado a la montaña, al mar y al desierto.
Aviso que tiempo después fue modificado, cambiando la imagen de Mucki por el de una mujer en tenida de piloto de combate de la Segunda Guerra Mundial.
A su regreso a Santiago la superioridad de LAN la recibió con un cocktail en el casino del Aeropuerto Los Cerrillos y dispuso dejar constancia del vuelo en la hoja de vida de la auxiliar.
El abogado Carlos Mondaca, integrante del famoso conjunto Los Cuatro Huasos, fue uno de los que leyeron todo lo relativo a este vuelo y lleno de asombro se dijo: “¡Tengo que conocer a esa muchacha!”.
No imaginaba que sus deseos pronto se verían cumplidos.

Al poco tiempo le correspondió realizar un viaje a Iquique preparando la campaña del candidato a diputado por Tarapacá, Luis Undurraga Correa y para tal efecto utilizó los servicios de LAN.
Cuál no sería su sorpresa cuando al subir al avión comprobó que la auxiliar de vuelo no era otra que Mucki.
En un viaje tan largo pronto trabó amistad con ella y luego le enseñó la letra de aquella canción tan de moda en esa época, “Yo ví un león”. Al llegar al aeródromo de Cavancha en Iquique, ante el asombro y sonrisas del resto de los pasajeros, Carlos Mondaca y Mucki cantaban a dúo “tenía cola de león, pero no era león”.
Mientras permaneció en Iquique, cada vez que a ella correspondía la ruta Santiago-Arica le llevaba de regalo los diarios de la capital, los que Mondaca y sus correligionarios leían con avidez.
Ya de regreso en Santiago, nació entre ellos un romance y juntos combinaban almuerzos en El Crillón, con vuelos los fines de semana en un biplano Fleet del Club Aéreo de Chile que Mucki piloteaba.
Los domingos, generalmente iban en el avión a almorzar al fundo Carmen Bajo en Melipilla, donde se había filmado parte de la película “Flor del Carmen”, en la cual Carlos Mondaca había sido primer actor junto a la actriz Kika.

Como el biplano no tenía partida automática, ella le había enseñado a lanzar la hélice y así juntos disfrutaban de agradables vuelos, continuando en las tardes a Rancagua donde tomaban onces.
El 28 de Abril de 1945, contrajeron matrimonio y siguiendo las regulaciones vigentes en ese entonces que establecían que las auxiliares de vuelo debían ser solteras, el 31 de Mayo Dora Koeppen Maisan muy a su pesar, debió dejar de prestar servicios en la Línea Aérea Nacional.

Al momento de su partida una conceptuosa nota del Vicepresidente Ejecutivo, Comodoro del Aire Rafael Sáenz Salazar, “Junto con lamentar muy de veras su alejamiento y agradeciéndole altamente su cooperación abnegada y entusiasta”, hacía votos de prosperidad en su nuevo estado civil.

En el intertanto, en 1944 la Línea Aérea Nacional, dado el éxito que había tenido el ingreso de Mucki a la empresa, había contratado también como auxiliares de vuelo a las señoritas Gabriela Lira Groft y María Palacios P., las que tras un corto entrenamiento, se integraron al Servicio de Auxiliares a Bordo. Interesante es recalcar esto, dado que muchos años más tarde, personas que sin aportar antecedente alguno, se han permitido afirmar que aquellas fueron las primeras auxiliares de vuelo que tuvo LAN y que el paso de Mucki por la empresa, de un año y ocho meses como auxiliar de vuelo, fue algo circunstancial y de muy corta duración.

El autor de este trabajo, mientras trabajó en la Asesoría Histórica de Lan-Chile, tuvo acceso a toda la documentación histórica de la compañía y puede dar fe de que lo que aquí se menciona se ajusta estrictamente a la realidad.

Lamentablemente ya privatizada la empresa, cuando el suscrito quiso volver a revisar los archivos históricos, oficialmente se le respondió que todo aquel material había sido entregado a la Corfo, corporación donde en ese entonces nunca pudo ser ubicado, perdiéndose todo rastro de algo que era patrimonio de la aviación chilena toda.
Años más tarde, en la prensa se mencionó el caso de una persona que decía haber encontrado abandonados en una bodega documentos históricos relacionados con la aviación comercial nacional.
Tal vez sean ellos los que en su oportunidad se extraviaron, lo que nos lleva a insistir una vez más en el cuidado que hay que tener en la preservación del acervo histórico aeronáutico de la nación, cosa a la que por desgracia son muy pocos los que otorgan la debida atención.

Tras su retiro de LAN, Mucki entró a trabajar a “Turismo Cocha”, empresa de turismo, sucesora de la denominada Compañía Chilena de Aviación (COCHA), de la cual tomó el nombre. Entidad creada a mediados de los años cuarenta para armar los Fairchild PT-19 adquiridos también como resultado de la Campaña Alas para Chile. Y como el volar se había tornado caro debido al término de las subvenciones estatales, paulatinamente se tuvo que ir alejando del Club Aéreo de Chile, debiendo otorgar preocupación preferente a la mantención de su pequeño hijo Alfonso, lo que motivó que a medida que pasaran los años su recuerdo se fuera diluyendo en la aviación chilena, su nombre desapareciera de las páginas de diarios y revistas y ya no fuera más presencia destacada en los festivales aéreos.
El 16 de Marzo de 1962, a los 44 años de edad, aún en la plenitud de su vida, a raíz de complicaciones surgidas de la que se estimaba una sencilla operación a que fuera sometida, falleció en Santiago, llenando de dolor a todos quienes de verdad la conocieron, respetaron y quisieron.

Lamentablemente, a sus sencillos funerales realizados en el Cementerio General de Santiago fueron muy pocos los camaradas aviadores que la acompañaron hasta su última morada, lo que demuestra lo efímera que es la fama y como alguien dijera “Cuan pronto llega el olvido”.

La “mascota del Club Aéreo de Chile”, como también afectuosamente por años fuera conocida, no escapó a aquel sino.
En su memoria, el Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile estableció el 7 de Octubre como el “Día de la Auxiliar de Vuelo”, el que poco después Lan-Chile instituyera como “Día del Tripulante de Cabina” de la empresa.

Por su parte, desde el 2003 la Federación Aérea de Chile, anualmente otorga a un aviador nacional destacado, la Condecoración Orden al Mérito de la Aviación Deportiva Chilena y cuando aquella recae en una dama, se entrega en el grado de “Orden al Mérito Dora Koeppen Maisan”.
Todas estas actitudes han venido en parte a reparar la injusticia cometida con su memoria.
Bibliografía

1.- Chile Aéreo (Santiago, Chile 1929), años 1939-1946
2.- El Diario Austral de La Araucanía. (Temuco, Chile 1916) año 1940
3.- El Mercurio de Antofagasta (Antofagasta, Chile 1906) año 1941, 1944
4.- La Nación de Santiago año 1943
5.- Ercilla (Santiago, Chile 1933) año 1943
6.- Vea años 1943 y 1944
8.- Fuerza Aérea, 1979 V 38, Nº151, Jul.-Dic.
9.- Barriga Kreft, Sergio. “Historia de Lan-Chile”, Primera Parte 1929-1964, Impreso Soem Service, Marzo 1983.
10.- Fuerza Aérea 1983, v42, nº163
11.- Flight Deck, Publicación de las Tripulaciones de Cabina de Lan-Chile, año 1988
12.- Barriga Kreft, Sergio. “Alas para Chile” , Federación Aérea de Chile,2003.
13.- Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio, Monografía de Aeronaves Nº2, el Aeronca L-3B, Agosto de 2008
14- Revista Tobalabaéreo, Nº 86, Agosto 2012

Entrevistas
BARRIGA KREFT, Sergio con:
Profesor Sr. Washington Badani, Sra. Lucy Schoneweg de Badani, Coronel de Aviación (A) Sr. Enrique Flores Alvarez (QEPD) Aviador Civil Sr. Juan Muñoz Urzúa (QEPD), Aviador Civil Sr. Rolando Ahumada Fernández (QEPD), Cdte. de Aeronave (R) Sr. Arturo Prado Orozco (QEPD), Aviador Civil Sr. Antonio Marín Cuartero (QEPD), Aviadora Civil Sra. Margot Duhalde Sotomayor, Cdte. de Aeronave (R) Sr. Alfonso Cuadrado Merino Capellán Tte, 1º (R) Sr. Romelio Carreño Atenas (QEPD), Aviador Civil Sr. Edgar Blackburn Melin (QEPD), Supervisor de Mantenimiento Sr. Ignacio Ordenes Acosta (QEPD), Ingeniero de Vuelo Sr. Chester Galeno González (QEPD), Aviador Civil Sr. Hugo Marín Lezaeta, Cdte. de Aeronave (R) Sr. Jorge Verdugo Correa (QEPD), Tte. 1º Fach (R) Sr. Cyril Leslie Halley-Harris Mc. Donald (QEPD), Supervisor de Mantenimiento (R) de Lan-Chile Sr. Armando Rossel Gómez (QEPD), Aviadora Civil Sra. María González Parodi (QEPD), Aviador Civil Sr. Fernando Rueda Vergara, Aviador Civil Sr. Juan Cvitanic Harasic, General de Brigada Aérea (A) Sr. Eleodoro Calderón Loyola (QEPD), Dr. Wilhelm de Lange.