Por Vicente Grez Yavar (1847-1909)
Escritor, periodista y Diputado

PRIMERA PARTE

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Óleo de Thomas Somerscales – Combate naval de Iquique

Sucede que nuestro amigo y camarada aviador Ing. Teófilo Alvial M. (EA 1950-1952) encontró después de muchos años, en casa de sus padres en Iquique, una antigua edición de este libro. Su tema es el Combate Naval de Iquique que celebramos – en forma rutinaria, tal vez hasta poco reflexiva –, con distintos ritos y evocaciones, todos los 21 de Mayo. Por tanto éste podría ser sólo un relato más de los que ya hemos oído y leído en repetidas ocasiones a lo largo de nuestra vida. Sin embargo al recorrer las páginas envejecidas de este libro es imposible no verse hondamente estremecido.  Este relato, a más de 130 años de distancia, es una invitación a la reflexión sobre las sobrehumanas exigencias que imponen  todas las guerras a cada soldado, y que si bien permiten que afloren las más nobles virtudes y sentimientos patrios, también desatan lo peor del ser humano, sobre todo aquello que lo tienta, una y otra vez, a no resolver sus diferencias por medios pacíficos, a pesar de conocer perfectamente sus pavorosas consecuencias. Sigue siendo una terrible y trágica paradoja que la humanidad insista en no sustraerse a la idea de que la paz sólo es posible con el arma en la mano.
Se ha mantenido fielmente cada detalle de la redacción y de la ortografía de la edición.
Agradecemos a Teófilo este valioso aporte de nuestra historia para enriquecimiento de nuestra página.

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PREAMBULO

Este libro no es un romance sino la narración verídica de un hecho histórico. No hai en el un solo detalle que no haya sido constatado. No inventamos una palabra  ¿I para qué? ¿Llegó jamás a imajinación y la fantasía hasta donde llegó el heroísmo de nuestros marinos el 21 de Mayo de 1879?

Si en estas pájinas hai algo de falso pueden ser nuestras apreciaciones. Hemos escrito al impulso de nuestro sentimiento i de nuestro corazón, entusiasmados, no apasionados. Hemos recojido los ecos del sublime episodio dándole la forma humilde de nuestro pensamiento, sin ninguna pretensión, i solo para poner otra piedra en el monumento que debe transmitir a la posteridad los detalles de la titánica lucha. ¿Quien no quiere escuchar de todos los labios la narración de un hecho que interesa vivamente? – Lo sabemos pero seguimos investigando  como si todo lo ignorásemos, i jamás nos cansamos de oir lo que ya conocemos de memoria, esperando encontrar un detalle que nos sea desconocido

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Alentados por esa curiosidad creciente, hemos escrito estas páginas que pueden ser útiles a los que mas tarde quieran dar mayor desarrollo al estudio de aquel episodio inmortal.

VICENTE GREZ
Santiago, 1880

CAPITULO I
La escena i los atletas

El vapor que nos conducia surcaba rápido e imponente las aguas del mar Pacífico, cuya serenidad i calma correspondia gráficamente a su nombre. La mañana estaba nebulosa; pero los rayos del sol principiaban a disipar Ia niebla reemplazándola por la luz pura del dia.
Muchos viajeros se agrupaban curiosos sobre la cubierta de la nave. ¿Esperaban contemplar los primeros lineamentos de las montañas de la costa i de la ciudad que se estiende a sus faldas? Casi todos esos hombres eran mineros, empresarios o socios de salitreras, negociantes que iban a abastecer de mercaderías la ciudad que acababa de abrir sus puertas al comercio del mundo despues de un bloqueo i de una abstinencia de siete meses. No era la primera vez que recorrian ese camino en busca de riquezas; pero era la primera vez que al llegar a tal sitio buscaban algo como una vision querida, i mas de uno parecía estender sus brazos al mar como para recoger laureles.
En vez de entregarse a la animada i alegre charla de los viajeros, aquellos hombres guardaban un profundo silencio; parecian pensativos; meditaban en algo mas elevado i serio que sus negocios. De improviso el sol pareció hacer un esfuerzo i deshizo por completo la enorme sombra que nos ocultaba la tierra.
Un coro de voces, alegres unas i otras tristes, murmuró: ¡Iquique!
Entónces, cuál si se descorriera un telon jigantesco, .apareció ante nuestros ojos un proscenio inmenso alumbrado por torrentes de Iuz, en que luchaban confundidos enanos vestidos de acero i colosos con el pecho descubierto. La Esmeralda se sumerjia en el mar con toda su grandeza, con los cadáveres de sus héroes, con sus banderas al tope, con sus cañones invencibles. Su catástrofe semejaba una apoteósis.
Ahí, dijo a nuestro oido una voz ronca como el estruendo de un cañon, ahí se sumerjió la Esmeralda!
I señaló un sitio del mar como otro cualquiera. Todas las miradas se fijaron en el punto designado. Nos parecia ver sobrenadar algo de la inmensa  gloria que allí se ocultaba.
II
Iquique, en. lengua aímará, quiere decir: «¿Por qué duermes?» Dormia esperando talvez que los chilenos fueran a despertarlo, los chilenos que fueron, como se sabe, sus primeros esploradores, sus primeros capitalistas i sus primeros industriales. Sin los chilenos, Iquique, a pesar de su opulencia, habria sido todavía un desierto de misteriosas riquezas, un sepulcro de inca.
La costa de Iquique ha surjido por solevantamientos anteriores i es compuesta de bancos arenosos, por estrechos canalizos por los cuales sólo pueden surcar, venciendo grandes dificultades i peligros, naves pequeñas i lijeras, capaces de volar o de deslizarse por la superficie de las aguas, como se deslizó la Covadonga la mañana del 21 de Mayo de 1879. Existen también muchos grupos de arrecifes cuyas grietas estuvieron en otro tiempo cubiertas de guano, verdadera ambrosía del fisco peruano,
En esta costa llena de peligros, ventajosa para los hábiles marinos i fatal para los ineptos, de la cual brotan repentinamente, como lo ha asegurado el comandante Moore, rocas misteriosas i diabólicas; en esta costa, repetimos, fue donde se desarrolló la mas grandiosa tragedia marítima que han presentado jamás los mares de América, el mas terrible combate naval contemporáneo, no solo por la resistencia de uno de los combatientes i por los sangrientos episodios de la lucha, sino por la desigualdad de los elementos bélicos: de un lado las poderosas construcciones modernas, las invulnerables corazas i los cañones irresistibles, i del otro los antiguos buques de madera i la vieja artillería, es decir, el material abandonado por débil e impotente.
El Huáscar, nave blindada, de torre, con dos cañones de a 300 libras cada uno i dos de 40, con un andar de once millas por hora, tenia por adversario a la Esmeralda, vieja corbeta de madera, inservible, podrida, con ocho cañones de a 40 i un andar máximo de cuatro millas por hora con toda la fuerza de su máquina!
La Independencia, gran fragata blindada de 2.000 toneladas con 22 cañones, 12 de a 70, 1 de a 150 i el resto de a 40, con un andar de doce millas, tenia por rival a la Covadonga, goleta de 600 toneladas, con dos cañones de a 70 i un andar de seis millas.
Tal era la arena i la fuerza respectiva de los combatientes.

CAPITULO II
Los desconocidos

I
El combate de Iquique, hecho reciente, de ayer, cuyo primer aniversario acaba de cumplirse, nos parece ya un suceso antiguo sobre el cual han pasado muchas jeneraciones i muchos siglos. Es que los grandes hechos, así como los grandes hombres, pertenecen tanto al porvenir como al pasado; por eso Maraton nos parece un triunfo de ayer, i a Leonidas i sus espartanos los creemos nuestros contemporáneos i compañeros.
¿Qué fue Iquique? ¿Una gran batalla naval? ¿Un combate heroico? Eso se ha repetido muchas veces en la historian del mundo. Iquique es único. Es la lucha a muerte de un niño con un gigante; es el duelo de dos pueblos, de dos razas, de dos civilizaciones; es el triunfo del deber, del valor, de la virtud, de las dignidad humana contra la fuerza bruta casi siempre invencible.
Todo es grande en esa epopeya maravillosa: la debilidad extrema de los unos i la fuerza poderosa de los otros levanta hasta los cielos la gloria de los vencedores; los mas insignificantes detalles son hechos sublimes de abnegación i de heroísmo. El drama es grandioso i completo. Hai sorpresa y previsión, jenio i valor, impetuosidad i calma, martirio i fortuna. Hai también entre todos los héroes de esa jornada un doble lazo de íntima unión, de inestimable valor: la juventud i la humilde igualdad de las posiciones sociales. Todos eran casi niños i poco menos que desconocidos! Prat se reveló jenio i heroísmo en los umbrales de su tumba. Su revelación fue tan súbita como su muerte. Toda su vida de treinta i tres años la vivió en tres horas. Hasta ese momento había sido como un arroyuelo que se desliza oculto entre musgos i rocas, pero súbitamente se transformó en océano con todas sus tempestades i grandezas.
Aquella lucha desigual i titánica fue lo inesperado i lo asombroso. No había a bordo de nuestras naves un solo nombre que fuera una garantía. -¿Prat?-¿Quién lo conocía? ¡Era talvez un afeminado! Un marino que se había hecho abogado i que por consiguiente no podía ser un gran marino.- ¿Condell? – Bah! Ese ménos que nadie! Carácter voluntarioso, altanero, turbulento, incapaz de doblegarse a las severidades de la disciplina militar i de comprender los grandes sacrificios i deberes; mozo casquivano, capaz de dar un escándalo, pero incapaz de hacer un prodigio.- ¿Serrano? – Un muchacho de tan poco provecho como Condell i ¡quién sabe! si hasta inferior! Si él hubiera dicho alguna vez chanceándose con sus alegres compañeros: «saltaré algún dia sobre la cubierta del Huáscar para tomarlo al abordaje! »…es posible que todos se hubieran reido i él tal vez el primero.-¿Uribe?- Ese no era hombre de guerra: suave , amable, estudioso, tenia mas bien un porvenir literario; hijo de una gran mujer de letras, sus tendencias naturales parecían dirigirse hácia el arte i la poesía.-¿Riquelme?- Un mancebo enamorado que pensaría mas en su novia que en su patria.- ¿Orella? – Un tronera que de puro loco i caprichoso había aprendido a dirijir un cañon admirablemente, poniendo la bala en donde ponia la vista, no tanto por amor a su profesión como por darse el placer de un estraño pasatiempo.- ¿Aldea? – Un sarjento!…¿De tan bajo puede subirse a tanta altura?
La verdad es que en esas naves no había un hombre.
Tal pensaba la opinión y al parecer también el almirante.
I tenia razón: la Esmeralda i la Covadonga no eran naves tripuladas por hombres sino por niños, niños jigantes que pasaron muchos de ellos de los bancos del aula a la inmortalidad.
II
En la tarde del 16 de Mayo de 1879 la Esmeralda y la Covadonga quedaron sosteniendo solas el bloqueo de Iquique. El resto de la escuadra, o mejor dicho el grueso de la escuadra chilena, se había dirigido al Callao en busca de una aventura gloriosa que debía de dar por resultado la destrucción o captura de la escuadra peruana.
Componian esa escuadra los blindados i las corbetas, las buenas tripulaciones i los jefes prestijiosos, todo lo que era un poder como fuerza i como intelijencia. En la bahía de Iquique quedaba todo lo inútil: las naves débiles i viejas, las tripulaciones bisoñas, los jefes i oficiales de menos esperanzas. Un detalle histórico que estimamos de suma importancia es que varios de los oficiales que tripulaban las dos naves fondeadas en Iquique el 21 de Mayo fueron transbordados de otros buques días antes de la partida de la escuadra. Algunos insistieron con lágrimas en los ojos para que se les llevara al combate; pero la órden era terminante. Se quería contar con jente escojida i segura. Se abandonaba a los ineptos.
¿Con cuánta amargura verían partir los desheredados de la gloria a sus afortunados compañeros que iban a la lucha i a la victoria miéntras ellos quedaban condenados al eterno castigo de la inacción! ¡Qué nube de rubor cubriría la frente de Prat i sus compañeros al ver que se les separaba de los predestinados! Pobres jóvenes! debieron pasar horas de sublime angustia.
¡Qué cosa mas cruel que alentar un alma jenerosa, dispuesta a todos los sacrificios i a todos los nobles actos i no ser comprendido!
La escuadra peruana seria destruida en un próximo combate sin que ellos tuvieran la menor parte. El botin de la victoria correspondería exclusivamente a otros, i ellos, jóvenes, con el pecho lleno de nobles ambiciones, ya no pelearán en esta campaña, sus espadas no se mellarían en los choque de la lucha titánica, sus nombres no serian aclamados en medio del alegre estruendo de la victoria, i la patria no les debería nada! Para unos los resplandores de la gloria, para otros la oscuridad i el olvido!
Sólo cuando ya se ha conocido el temple de aquellas almas, ha podido comprenderse su profundo pesar al ver que se les abandonaba en el mar como se abandona la carga menos valiosa para alijerar la nave que lucha con la tempestad. ¡Cuántos sueños disipados! ¡Cuántas esperanzas de gloria i de fortuna perdidas en una hora! ¡Cómo podrían regresar al seno de la patria i de la familia nulos i oscurecidos, ellos que tenían en el alma tan ricos tesoros de grande sentimientos!- Madre! esclamarian al volver, vos que con los ojos llenos de lágrimas me visteis partir i que no me retuvisteis en vuestros brazos por no cortar la carrera de mi felicidad i de mi gloria, me veis ahora regresar triste i sombrío, trayendo en mi gorra el mismo galon opaco i solitario con que partí.-I vos, esposa mia, cuyo corazón latia de terror y esperanza al darme el adiós de la partida, que sonreíais de felicidad en medio de vuestras angustias al creerme capaz de realizar hazañas inmortales, que en vuestras noches pensativas habeis soñado en la gloria del esposo, aquí vuelvo como me fui, con mi grado de teniente primero, uno mas con que se me recompensa la inmovilidad i el tedio de haber estado al ancla cuatro meses!
Tales podrían ser las mudas quejas de aquellos corazones en el supremo momento del abandono.
Pero la mano todopoderosa i justiciera que dirije los destinos de los hombres i de los mundos había, como siempre, decretado que los últimos fueran los primeros.

CAPITULO III
Fortuna i desgracia

I
Al mismo tiempo que la escuadra chilena salía de Iquique con dirección al Callao, la escuadra peruana salía del Callao con dirección a Arica; pero en el espacio inmenso del mar ambas flotas pasaron sin distinguirse, ocultas entre las sombras de la noche o entre los claros vapores del dia.
Williams llegó al Callao al amanecer del 2 de Mayo i vio la rada vacia de naves enemigas: el Huáscar i la Indepencia habían salido convoyando trasportes repletos de tropas i viveres: Grau llegó a Arica al anochecer del dia 20 i ahí supo, por telegramas de Iquique, que la escuadra chilena había partido al Norte i que la Esmeralda i la Covadonga habían quedado solas sosteniendo el bloqueo de ese puerto.
La desgracia de Williams i la fortuna de Grau partian desde ese momento: la una adusta, terrible e injusta i la otra risueña, fácil, sin peligro alguno e injusta también en sus favores.
El uno, yendo en busca de un combate terrible, de una lucha verdaderamente gloriosa, encontraba al fin de su carrera esa máscara grotesca i burlona que se llama FIASCO; miéntras el otro, que venia a emprender sólo la cobarde guerra del corsario, del asalto al débil, de la sorpresa nocturna, encontraba a su llegada a la ciega fortuna con los brazos abiertos i el pecho palpitante de cariño i emoción…
II
Cuando la escuadra peruana llegó a Arica encontró a la ciudad alegre, festiva, entusiasmada: se esperaba a los blindados con impaciencia para encargarles la ejecución de un vasto i rápido plan de campaña que debía de dar por resultado la terminación de la guerra, la ruina de Chile, el definitivo triunfo i predominio del Perú en América. Tan grandioso plan iba también a realizarse sin costo ni sacrificio alguno para la alianza: todo consistía en el gasto de unas cuantas toneladas de carbón y unas pocas libras de pólvora.
Los jenerales de la alianza tenían razón para sentirse satisfechos i llenos de esperanzas; pues jamás la fortuna había brindado a nadie una ocasión mas propicia de alcanzar victoria.
El general Prado acababa de recibir un telegrama del prefecto de Iquique en que se le comunicaba que la escuadra chilena, al mando del contra-almirante Williams, había abandonado las aguas de Iquique, quedando sólo la Esmeralda i la Covadonga encargadas del bloqueo.
Inmediatamente se ideó un sencillo, rápido e infalible plan de ataque: el monitor Huáscar i la fragata Independencia, todo el poder de la escuadra peruana, se dirijirían a Iquique e intimarían rendición a las naves bloqueadoras. Realizada esta primera parte del injenioso plan, los buques peruanos marcharían sobre Antofagasta, en cuya bahía estaban fondeados los transportes chilenos i en cuya playa se acampaba el ejército de quince mil hombres destinado a invadir el Perú. Los transportes serian capturados o echados a pique, Antofagasta reducida a ceniza, las máquinas condensadoras que abastecían de agua a la población destruidas, i el ejército obligado a capitular por la sed.
La escuadra peruana, segura de su fuerza i orgullosa por su fortuna, se puso inmediatamente en marcha para realizar aquel prodijio.

CAPITULO IV
All Right

I
La mañana del 21 de Mayo amaneció hermosísima en Iquique. El mar estaba resplandeciente i en calma, parecia nivelar sus olas para preparar un vasto proscenio. El cielo estaba despejado i brillante, no había ni siquiera esos diáfanos vapores matinales, lijeros como el sueño de la mañana, con que amanece siempre el dia en el mar. Todo era puro, blanco i risueño. La naturaleza abria sus ojos límpidos para contemplar mejor el espectáculo.
La Esmeralda i la Covadonga se balanceaban dulcemente, meciendo en sus mástiles las gloriosas tradiciones de nuestra visa marítima. Eran dos cascos débiles i viejos, destruidos por los combates i los años. El tiempo i la artillería, dos elementos terribles de destrucción habían hecho su obra.
La Covadonga era el símbolo de una victoria; la Esmeralda era algo como decir Patria! Ese nombre recordaba nuestras primeras victorias en el mar; las inmortales victorias que la república, oscura i desconocida, había obtenido en su cuna. Esmeralda! es decir O’Higgins, Cochrane, Blanco, Guise, Miller, Crosbie, Zenteno, Simpson, Charles O’Brien y todos aquellos reclutas heroicos a quienes el lord-almirante igualó con los primeros marinos del mundo! Esmeralda! es decir Valdivia, Callao, Talcahuano, todas las increibles victorias que nuestra naciente marina alcanzó sobre la entonces señora de los mares!
Pero la Esmeralda, así como la Covadonga, no representaba el 21 de Mayo poder alguno como fuerza: eran solo una página histórica, grande como el heroísmo, débil como la hoja de papel.
II
De improviso, en medio de la esplendente claridad del dia, en medio de la aurora, se divisaron desde Iquique dos puntos negros en el horizonte.
A bordo de nuestras naves se dormía tranquilamente. Los vijías de la Covadonga dieron la señal de alarma. Dos puntos negros en el mar son para los marinos, en tiempo de guerra, como dos nubes negras en el cielo: presajian la tempestad.
El comandante Condell, impetuoso y rápido, saltó de su lecho como salta el jabalí que se siente herido mientras duerme; se ciñó al cinto su espada i se lanzó a su puesto, en medio del ruido de los fusiles i del sonido del clarín que tocaba a zafarrancho. Preludios de la orquesta que anunciaban la gran tragedia.
III
Los puntos negros en el horizonte eran el Huáscar i la Independencia.
Los hábiles cazadores habían dado a sus naves toda la fuerza del vapor; marchaban alegres y confiados.
Tenian impaciencia de parodiar a César: llegar, ver i vencer sería el resultado.
¿Quién podría dudarlo? ¿Quién podría creer que la epopeya se convertiría en parodia? Sólo talvez nuestros marinos.
IV
La Covadonga, después de haber reconocido al enemigo i dado el cañonazo de alarma, se dirijió al fondeadero a ponerse al habla con laEsmeralda. En el mar se habla por signos como en el firmamento.
La Esmeralda venia al encuentro de su compañera andando sólo a impulso de un viejo caldero, el otro estaba completamente imposibilitado. La nave capitana andaba dos millas por hora! se arrastraba como un águila herida en las alas. Llevaba enarboladas dos banderas chilenas, una en el pico i otra en el palo de mesana, i en el mayor ostentaba el gallardete rojo, insignia del mando superior. La Esmeralda se aprontaba al combate adornada con sus mas hermosas galas, como una novia que se dirije al altar.
Los dos buques se detuvieron a poco mas de cien metros.
-Tenemos el Huáscar i a la Independencia encima, gritó con la bocina el capitán Condell.
Prat ya lo sabia.
-¿Almorzó la tripulación? Preguntó por signos el comandante de la Esmeralda.
La Covadonga contestó afirmativamente.
Entónces las dos naves se acercaron mas, como para darse el último adiós, i así, casi estrechadas, el comandante Prat dio a su amigo esta orden suprema que revelaba su jenio i su alma:
-Mantenerse a poco fondo, reforzar las cargas, disparar proyectiles de acero.
Al capitán Condell le pareció, al oir estas palabras, que pasaba por su rostro algo como el tibio aliento de su amigo; comprendió toda la grandeza de su corazón, toda la solemnidad del momento, i queriendo reprimir una lágrima que brotaba de su alma, contestó alegremente con la bocina:
All right!
Espresion que en esos momentos era no sólo una sublime chanza al borde del abismo, sino también un homenaje i un recuerdo a los héroes ingleses que mecieron en el mar nuestras primeras naves educándolas en el deber i para la gloria.

Continúa Segunda Parte