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http://www.sueddeutsche.de/panorama/flugzeugwrack-in-den-anden-entdeckt-1.2344282

 

Recientemente la prensa nacional e internacional ha difundido la noticia sobre la supuesta ubicación de los restos del avión en que perecieran trágicamente algunos jugadores del club de fútbol Green Cross de Chile en 1961. En nuestra sección “Alma Mater”, Curso 1951, recordando a uno de sus integrantes, el cadete José Alfredo Jorquera Leal (copiloto del avión siniestrado), dimos algunos detalles del mencionado fatal accidente.

Frente a este supuesto “hallazgo” en un lugar geográficamente no especificado en la noticia, solo quisiéramos aportar algunos antecedentes proporcionados por testigos presenciales de la búsqueda y rescate de los restos del avión y sus ocupantes

Januario Lazo (QEPD), antiguo radio-operador de LAN, que nos acompañó en innumerables vuelos, apoyándonos desde su estación de radiotelegrafista en los DC-3 y DC-6, fue también un atento cronista que vació en tres volúmenes de “Memorias” sus variadas y pintorescas experiencias en LAN. Con respecto a este trágico acontecimiento nos relata en el capítulo AL RESCATE DEL DOUGLAS DC-3 N°210, lo siguiente:

“En esta ocasión relataré algunos pormenores que se refieren al rescate de los restos del DC3 N° 210 y cuyas características poco tienen que ver con el accidente mismo.

Estaba quietamente sentado en mi casa y permanecía alerta a las noticias que pudiera darnos alguna de las emisoras, cuando mi mujer, la que muchas veces se escandalizaba por mi excesiva atención a Lan, me dice repentinamente:

-¿En qué estás ahí sentado como leso en vez de ofrecerte para cooperar en la búsqueda de tu amigo Parodi?

-¡Quedé de una pieza!

Pero sin pensarlo dos veces, me cambié de ropa y en menos que canta un gallo, salía disparado a Los Cerrillos.

Fui más que afortunado, ya que cuando arribé a la oficina de Operaciones, además del jefe de ella, Marcelo Cisternas, junto a su ayudante Alejandro Vidal, se encontraban presente varios pilotos y jefes. Entre ellos estaba Mario Bustamante.

¡Existía un silencio absoluto!

Impactaba ver al grupo silencioso y como soy cauto, también me aproximé a ellos. Sobre la muralla colgaba un gran mapa y como pude apreciarlo, todas las miradas estaban pendientes de un punto ubicado en ese mapa. Mirándolo detenidamente, pude darme cuenta que Linares estaba demarcado por un círculo rojo.

No pasaron muchos minutos para que Mario Bustamante en voz alta nos dijera:

Les juro que he venido porque anoche tuve un sueño donde Parodi decía, con voz muy angustiada:

-Mario… ¡Por favor que me busquen cerca de Linares! Y prosiguió Mario…

-¡Tienen que creerme! Y había, en verdad, tanta aflicción en la voz de nuestro piloto, que todos nos estremecimos y le creímos.

No recuerdo si fue Vidal el que dándose cuenta que éramos varios los que estábamos ignorantes de los sucesos, hizo el siguiente relato:

Ayer llamaron por teléfono. Atendió Eric Campaña y le dijeron que querían hablar con el Vicepresidente Mauricio Yánquez, para informarle sobre la ubicación del avión accidentado.

Como nuestro Vicepresidente estaba harto de los numerosos llamados telefónicos ofreciendo datos sobre el DC-3 N°210, no quiso atenderle y le pidió a su asesor Campaña que si esa persona quería darles detalles, solamente les indicara la latitud y la longitud del lugar del siniestro.

Ya eran muchos los que creían haber oído una explosión y trataban de dar más o menos aproximada la región donde podría haber caído el avión. Otros agregaban diversas explicaciones, interesados en la recompensa de $ 5.000 que Lan ofrecía a quienes dieran datos reales del accidente.

Así lo hizo Campaña y la dama que habló con él le aseguró que lo haría, dándoles lo pedido, pero necesitaba el segundo apellido (materno) de Parodi.

Confiado, Eric le dio ese apellido que era Viterbo: Silvio Parodi Viterbo.

A la mañana siguiente, -prosigue Vidal- se presentaron en la Vice Presidencia un joven y una dama  también joven y hermosa. Ambos tenían buena presencia -como me confirmó Campaña- y pidieron hablar con don Mauricio Yánquez.

Cuando estuvieron reunidos, declararon los visitantes que procedían de la ciudad de … (cercano a Viña del Mar ). Advirtieron que no deseaban la recompensa ofrecida por Lan y que sólo les guiaba su afán de cooperar, luego de los doce días desde el fatal accidente.

Sorprendente e increíble, agrega Alejandro Vidal, al dar cuenta del descubrimiento del lugar donde había caído el desafortunado DC3 Nº 210.

Los dos jóvenes dieron exactamente la latitud y la longitud donde se estrelló el 210. Y es así, prosigue Vidal, que esta mañana, le pedimos por radio al piloto Sergio Riesle que inspeccionara ese lugar, dándole los pormenores indispensables y autorizándolo a desviarse ligeramente de su ruta de vuelo.

Riesle dio dos veces la vuelta por ese sector y al finalizar esta segunda vuelta, creyó ver restos de un avión. Al tercer intento, debió pronunciarse más sobre ese lugar ubicado en plena cordillera en su lado oeste.

Precisamente, justo en el descenso sobre el hoyo como taza que abarcaba ese terreno, divisaron los pilotos los destrozados restos del recordado 210.

Riesle debió inclinar profundamente su bastón de mando y en un ángulo muy pronunciado, cayó como en picada en ese hoyo, logrando así, apreciar debidamente cómo se había producido el horrible choque frontal del DC3 contra una de las laderas de esa montaña.

Como yo mismo pude apreciarlo más tarde, habían faltado unos pocos metros para que nuestro DC3 hubiera proseguido sin obstáculo alguno, pero por esa aparente nubosidad cumuliforme que debió afectarle, era probable que más adelante, en su avance hacia el norte, le habría sido casi imposible al piloto Parodi, escapar a lo dispuesto por el destino.

Apenas hubo un momento de calma, se dispuso allí mismo, el envío de un DC3 tipo carguero para realizar las operaciones de rescate desde Linares. De inmediato me ofrecí y fui aceptado a integrar la tripulación.

Con todas las medidas tomadas, esa misma tarde, apenas pasado el mediodía, salimos rumbo al aeródromo de Linares, llevando un radiotécnico, todos los equipos e implementos para instalar la pequeña radio estación. Esa misma tarde, ya estábamos dando detalles de las operaciones de rescate a Operaciones Los Cerrillos.

Para el mejor éxito de esta operación de rescate, don Mauricio Yánquez había destinado a su asesor Campaña para que dispusiera de un eficaz enlace entre los militares que ya estaban encargados del rescate y nuestro equipo de Lan entre los que estaba el piloto MP (letras figuradas) y el resto de tripulantes.

Realmente toda la operación estaba a cargo del comandante del regimiento de Linares. Este señor, muy acertado en sus medidas, demostró ciertamente tener las condiciones para dirigir las maniobras hacia las montañas próximas.

Es una pena decirlo, pero los “Lanes” que permanecíamos en Linares, sufrimos oyendo órdenes y contra órdenes de MP que simbólicamente se creyó el más autorizado para encargarse de la operación rescate.

El piloto MP hizo lo inimaginable en su afán de ser el mandamás e incluso contra las mismas órdenes dadas por el Cdte. del Regimiento. Mas éste, demostrando tener mucha cordura evitó hacer más desagradable la situación, perdonando hasta las impertinencias de nuestro MP, cuya actitud hasta hoy, me es incomprensible.

Pero, por suerte para nosotros todos los de Lan, hay personajes de excepcionales condiciones naturales y propias para tener un rol importante en lo que llamamos “Relaciones Humanas “ y nuestra Empresa fue favorecida una vez más, al contar entre sus funcionarios al denominado por sus amigos, “El Negro Campaña”.

Este Relacionador Público, merece un soberano 7 por su acertado criterio. Desde los comienzos de nuestra actuación en Linares hasta el término de la misma, Campaña logró con su diplomacia, el respeto de todos y principalmente del comandante del Regimiento. Su cooperación, me refiero a la de Campaña, fue meritoria y digna de aplausos, permitiendo con su conducta desinflar la pésima impresión y actuación de MP.

Verdaderamente, yo me quedaba con los ojos como pepas, observándolo, pues nadie duda del soberbio dominio de la palabra que tiene Eric Campaña, aunque lo que diga algunas veces en otras situaciones, sean solamente palabras, pero confieso honestamente que Eric solucionó todos los aspectos del personal Lan en abierto beneficio para el siempre presente prestigio de Lan Chile.

Volviendo a la actuación nuestra en Linares, en la mañana de ese día -siguiente a nuestra llegada-, en el mismo DC3 que nos había traído a Linares, hicimos un vuelo al sector cordillerano para sobrevolar las veces que fuera necesario para verificar la ubicación de los restos del 210.

En el par de vueltas que dimos sobre la cordillera, nada pudimos ver del avión accidentado, pero a la tercera y cuarta vuelta sí, que quedamos sobrecogidos de espanto, mientras nuestro DC3 descendía a más de mil pies por minuto, enderezando el piloto para no estrellarnos nosotros contra la base de la montaña. En esos escasos segundos pudimos ver la infinidad de partes destrozadas del 210.

Mientras tanto, innumerables familiares de los pasajeros accidentados se encontraban al día siguiente en el aeródromo de Linares pidiendo ser embarcados en el avión para ver el lugar donde habían caído sus parientes. Con mucho criterio y previa consulta con el piloto, el comandante militar encargado de la operación rescate, no permitió el ingreso de ellos a nuestro avión.

Entre los interesados en volar, se encontraba la auxiliar de vuelo “P” que siendo novia del copiloto Jorquera fallecido, (se casaban un par de meses más tarde), y sólo a última hora, el piloto permitió que nos acompañara.

Diez o doce periodistas de diversos diarios, fueron embarcados y asegurados a sus asientos laterales, mientras la Auxiliar permanecía de pie cerca de la puerta de ingreso a la cabina de vuelo.

Ya en el aire, a unos cuantos minutos, vamos en ascenso introduciéndonos en la pre-cordillera y una turbulencia moderada sacude nuestro avión, cuando escuchamos gritos de los periodistas. Me asomo y veo alarmados a los pasajeros. No es para menos pues se ha abierto la puerta principal de la cabina de pasajeros y los golpes de ella se sienten fuertemente y la Auxiliar camina como mareada por la turbulencia para cerrarla.

La obligo, pues se resiste, a volver hacia adelante, pareciéndome que estuviera drogada de tantos calmantes que debe haber consumido la pobre chica.

Pese al “julepe” (y no es para menos viendo a la distancia que estamos de tierra), paso rápido frente a los periodistas y ayudados por uno de ellos, sentado en el último asiento lateral, logro atravesar el espacio abierto y sujetarme en las barras de la bodega trasera, donde justamente hay un grueso cordel con el que aseguro lo más firme que pude, la pesada puerta metálica. Para ser la primera vez, que susto he tenido. No es lo mismo ver la tierra desde una ventanilla protegida que verla de tú a tú.

Fueron varios los vuelos que hicimos hasta el mismo lugar del accidente, con autoridades aeronáuticas y otras para los fines del caso.

Los que realmente merecen un libro completo para relatar sus nunca mencionadas proezas y abnegación, son los miembros del Cuerpo de Socorro Andino.

Silenciosamente, como es su costumbre, los miembros de la. patrullas andinas, llegaron a la alta meseta donde estaban esparcidos los restos de las víctimas y en muchas horas de trabajo abrumador y sacrificado, fueron formando cuidadosamente los despojos resultantes de la tragedia aérea, para facilitarles a las autoridades del caso, el reconocimiento de los cuerpos.

Recuerdo que fueron muchos los voluntarios que quisieron alcanzar por los cerros hasta la cordillera misma en su afán de cooperar en el rescate de las víctimas. Entre ellos, nuestro Vice Presidente Yánquez y Eric Campaña que es de imaginar las peripecias que debieron soportar al carecer de ropas y calzado apropiado.

Ya finalizando la operación, los andinistas cooperaron con los helicópteros para cargar las grandes bolsas plásticas que colgando volaban luego lentamente para depositarlos en el campamento preparado en la base militar.

En el atardecer, impresionaba divisar a lo lejos a los helicópteros con su carga a la vista, sin sentir el ruido de sus motores y todo semejaba una pesadilla para los que contemplábamos tan extraños cargamentos. Varios fueron estos viajes de los helicópteros hasta completar su cometido.

Esa misma tarde, como a las 19:30 horas, esperamos que tres jóvenes andinistas se ducharan luego de la labor cumplida, trayendo noticias de nuestros pobres compañeros de vuelo y así lo prometió el jefe de ellos, reteniendo a su lado mientras se duchaba, una pequeña maleta de no más de cuarenta o cincuenta centímetros.

Con mucha calma y serenidad, el muchacho mientras se seca su cuerpo, nos dice a los cuatro tripulantes que seguimos en silencio: Aquí, en esta pequeña maleta viene todo lo que quedó de vuestro compañero Parodi. Pudimos reconocer sus restos que formaba un montoncito, por trozos de una manga que aún tenía tres galones. Tuve especial cuidado en traer sus restos a ustedes antes que a los demás y dándonos una mirada de generosa comprensión a nuestra pena, termina de vestirse y se aleja para cumplir su cometido.

En el recinto, dentro del Cuartel Militar, se había levantado una gran carpa cuadrangular que servía de morgue y donde serían prolijamente revisados los restos para ser identificados más tarde por sus familiares.

Entre los presentes de Lan, estaba el piloto Pedro Gasc que era el encargado de comprobar y verificar los restos de cada uno de los pilotos y tripulantes caídos en el cumplimiento de sus deberes.

¿Cómo decir lo que se siente en momentos dramáticos y donde dan ganas de largar el chorro que quema nuestra garganta? .Pero, hay que contenerlo y masticarlo silenciosamente para no delatarnos. Solamente Dios sabe lo que cada uno de los presentes y que ya son muchos, siente al divisar a la distancia los últimos helicópteros cargados en esa tarde tan triste y silenciosa.

Ha llegado la noche y el cuerpo de médicos y personal paramédico -enfermeras y enfermeros-, están recibiendo los restos que van depositando en mesones que circundan interiormente la gran carpa. En los vistazos que he dado, he visto carne. Mucha carne desparramada en pequeños lotes o montoncillos.
Se ve que hay muchísimo trabajo ahí dentro y a cada instante se siente una voz nombrando a un pariente de equis equis.

Se aproxima una persona, blanca como el papel y si es mujer, pronto se sienten unos gritos tan lastimeros que afectan a muchos de los que esperan y el llanto se hace colectivo. Se ve correr enfermeras con camillas para socorrer a varias personas que sufren desmayos o ataques incontrolables de llanto.

Algunos de los varones llamados, entran solamente de a uno a la gran carpa con pasos vivos y nerviosos y al salir de ella, lo hacen con piernas temblorosas que son más significativas que el llanto mismo.

Yo estoy preparado para reconocer los cuerpos de mi colega Evaristo Casanova, de mi amigo, piloto Silvio Parodi y de los demás. Lo mismo hará Pedro Gasc y pilotos presentes. Ingresa primero Gasc y al salir, me pide que no pase a ver a mis amigos pues él lo ha hecho. ¡Para qué sufrir amigo Lazo! me dice. Puede confiar en mí. ¡Todo está conforme!

Lo pienso y le miro. Le doy el conforme y se lo agradezco. ¡Siempre he sido tan confiado!

En altas horas de la noche, todos los restos han sido individualizados, por irreconocibles o escasos que sean. El piloto Jorge Verdugo al pasar para reconocer a su sobrino Roberto Etchebarne, lo hace al ver un trozo de calzoncillo y otros pedazos de vestuario procedentes de Arica.

Por fin todo ha terminado esa noche y podemos irnos a dormir para salir al día siguiente a temprana hora. Los parientes de los pasajeros (jugadores de fútbol del Green Gross) informaron que trasladarían los restos por tierra hasta su lugar de origen y no aceptan que los lleve nuestro avión carguero. Efectivamente, muy temprano estamos juntos a nuestro avión y todo está preparado dentro del mismo para cobijar loa cuatro ataúdes de nuestros amigos de Lan.

Iniciada la tarea, y mientras unos ataúdes están demasiados livianos para contener un cuerpo humano, otros están pesados como debe ser.

Hemos esperado el atardecer por muchos trajines y el vuelo se hace por instrumentos en una noche esplendorosamente diáfana y despejada.

Cuando arribamos a Los Cerrillos, “carreteamos” de acuerdo a las instrucciones hasta un lugar cerca de nuestra Maestranza. Allí se detiene el avión y estamos rodeados por un mundo de personas. Debe ser como las 22 horas y se empieza la descarga de los ataúdes. Hay bastante personal cooperando y los tripulantes sólo podemos observar el trabajo.

El primer bulto que se baja es el del piloto Parodi. Su esposa, de luto y que se ha aproximado al ataúd, no puede contener el llanto. Es tan profundo el dolor de Nora que no puedo contenerme esta vez y como estoy enteramente solo, suelto por fin los nudos que me han atormentado durante largas horas. Lloro por mi amigo Silvio, por mis demás compañeros y por los 23 pasajeros del 210.”
*
Por otra parte nuestro asociado Jorge Pérez Sazie recuerda:

“A la hora del accidente yo estaba en cama descansando tras un vuelo de regreso de Miami en DC-6B y con 20 horas de servicio en el cuerpo. Alrededor de las 22 PM recibo un llamado del despachador de turno de Control Vuelo informándome que un vuelo del Sur, tras reportar Victoria había dejado de dar su posición Curicó y que de ello ya habían transcurrido más de 30 minutos. En ausencia del Vicepresidente y el Gerente de Operaciones, que se encontraban en Punta Arenas, y en calidad de Sub Gerente de Operaciones dispuse se avisara a la Fach y se iniciara la búsqueda del avión. Pasé toda esa noche en mi oficina asediado por periodistas y familiares de pasajeros a quienes informábamos que creíamos que el avión estaría aterrizado de emergencia en algún lugar de la ruta y que lo ubicaríamos al amanecer.

Llamé a medianoche a Alfonso Cuadrado para que se dirigiera en un DC-6 a buscar al Vicepresidente Yánquez y al Gerente de Operaciones Jarpa a Pta. Arenas, los que llegaron a Los Cerrillos antes del mediodía.

Se programaron gran cantidad de vuelos de búsqueda sin lograr ubicar el avión. Se recibía información de distintos lugares incluso una de Alfonso Moreira (ex piloto Lan) que había escuchado un vuelo sobre su fundo en la sexta Región.

Dentro de toda esta búsqueda se presentó una situación que me pareció verdaderamente enigmática. Llegaron a mi oficina dos jóvenes que se identificaron como estudiantes de medicina, acompañados de una señora que presentaron como “medium”. Aseguraron que la señora podría señalar el lugar donde se encontraba el avión accidentado.

Llamé al Vicepresidente, quien con cierta incredulidad, aceptó que subieran a su oficina. Después de mandarle, a su solicitud, un mapa de Chile, don Mauricio me llama por el citófono y me dicta unas coordenadas que los aviones deberían incluir especialmente en su búsqueda. Dispuse que la radioestación transmitiera este mensaje al avión que más próximo estuviera volando de la posición proporcionada. Este avión resultó ser el que iba comandado por el capitán Sergio Riesle, quien curiosamente después de una hora, reportó que había ubicado el avión siniestrado en una posición muy cercana a la que se le había informado.

Personalmente me inclino a pensar que fue sólo una extraña coincidencia. “

*

Finalmente nos parece esclarecedor de los hechos, la siguiente Carta al Director publicada en El Mercurio del día 10 de Febrero 2015:

“En relación con el hallazgo del avión DC-3 210 de Lan accidentado en 1961, quisiera precisar lo siguiente: La máquina volaba el 3 de Abril de 1961 desde Castro, con escalas en Osorno y Temuco, con 21 pasajeros y tres tripulantes; Además de los jugadores del Green Cross, venían los tres árbitros del encuentro y seis pasajeros. Dos eran damas: Las hermanas María y Gabriela Andrade. Los pilotos al mando de la nave fueron Silvio Parodi de gran experiencia y Carlos Jorquera.

El último contacto fue a la altura de Los Ángeles, donde el Comandante informó de hielo en las alas, solicitando permiso para cambiar de rumbo, lo cual no se le concedió por cuanto otra nave viajaba desde el norte hacia el sur en esa ruta.

En esas circunstancias, el Director de la Escuela de Artillería de Linares, Juan Bancalari Zappettini, experto en alta montaña, analizó toda la información disponible y determinó que el accidente solo pudo tener como escenario la cordillera frente a Linares.

La Fach apoyó su teoría y envió cuatro aviones B-26, el mando del comandante Hans Bostelmann, quienes sobrevolaron y fotografiaron el macizo andino.

Así, uno de los pilotos, el teniente Sergio Riesle, junto al copiloto Rene Sugg , en la tarde del 10 de Abril 1961, divisaron restos del fuselaje en un arriesgado vuelo casi rozando las cumbres (*).El coronel Bancalari, con estos antecedentes comisionó al capitán Washington García Escobar (más tarde Intendente de Linares) para dirigirse a la zona demarcada e intentar el rescate de los restos. A cargo de las todavía primitivas comunicaciones quedó el teniente Claudio López Silva, que alcanzaría el rango de general del ejército. Veinte andinistas del SAR (sic) formaron parte de la expedición. La patrulla llegó al lugar tras ingentes esfuerzos y la tarea del capitán García Escobar fue una de las más notables en esa área.

Los restos de los tripulantes y pasajeros fueron depositados en bolsas, con rigurosa separación para una adecuada ubicación y nominación y llevados en helicóptero hasta el gimnasio de la Escuela de Artillería de Linares, donde se determinaron la identidades de los fallecidos. Todos los cadáveres pudieron ser reconocidos y recibieron cristiana sepultura. No hay referencias sobre cuerpos extraviados.” – Fdo. Jaime González Colville – Correspondiente de la Academia Chilena de la Hitoria .

(*) En realidad el piloto Sergio Riesle no era un teniente de la escuadrilla de los B-26 de la Fach sino el Capitán de un avión DC-3 de Lan comisionado por la empresa, junto al copiloto Rene Sugg, para ubicar el avión accidentado.
*
Esta tragedia es parte de nuestra historia. Recordarla nos vuelve a estremecer y conmover como lo hiciera ese fatídico 3 de Abril de 1961.