Por Sergio Barriga Kreft (*)

 

Al privatizarse Lan Chile a fines de la década de los ochenta y principio de la del noventa del siglo pasado, sus nuevos accionistas mayoritarios se enfrentaron al principal desafío cual era el de transformarla de una empresa estatal a una privada, con todo lo que ello conlleva en cuanto a políticas de administración, rutas, material de vuelo, etc.

Prioridad se dio a la ruta nacional, donde había caído con relación a su principal competidor Ladeco, teniendo una participación de solo el 20% del mercado.

Como muchas de las pistas donde operaba la compañía se encontraban en mantenimiento, su PCN había sido restringido, por lo que muchas operaciones debían ser realizadas con el material HS 748 turbohélice, lo que obviamente conspiraba con el propósito de recuperar mercado.

Luego de los estudios pertinentes se optó por incorporar a la flota cuadrireactores BAe 146-200 de procedencia inglesa, por lo que fue necesario enviar pilotos y personal de mantenimiento a Inglaterra a especializarse en ellos.

Recibidos en el país se elaboró un plan para darlos a conocer a los potenciales usuarios, resaltando sus condiciones para operar en pistas cortas y no pavimentadas, naciendo el concepto del “todo terreno del aire”.

Fue así como en presencia de altas autoridades se realizó un aterrizaje en el aeródromo “Eulogio Sánchez Errázuriz” (Tobalaba) en Santiago y luego se incorporó al aeródromo “Teniente Vidal” de Coyhaique en las rutas a cubrir por los BAe 146-200.

Con ello se evitaba al pasajero el tener que volar a Balmaceda y de ahí, viajar vía terrestre a Coyhaique por un camino por entonces dificultoso y no pavimentado.

Ello constituía una ventaja con respecto a Ladeco, que por el material de vuelo que empleaba debía obligatoriamente seguir operando en Balmaceda. Pero había otro destino que figuraba en los planes de los nuevos dueños de la compañía; el territorio antártico nacional.

Permanecía en el recuerdo el sobrevuelo de aquella región que, en diciembre de 1956, con fines turísticos, efectuara un Douglas DC-6B de Lan-Chile, lo que llevó a la compañía a poner con orgullo desde esa fecha en la puerta de sus cuadrimotores, aquella frase que señalaba: “Primera sobre la Antártica”.

Se trataba entonces de ser la primera en la Antártica. Era cierto que pequeñas empresas magallánicas habían efectuado algunos vuelos charter al continente helado llevando turistas, pero ahora el propósito era realizar vuelos regulares en combinación con empresas navieras, para que desde ahí los pasajeros pudieran internarse en los mares australes y conocer territorios hasta entonces ignotos para el común de los mortales.

Para tal efecto, se planificó un vuelo con uno de los flamantes BAe 146-200, el que uniría Punta Arenas con isla Rey Jorge, donde estaba asentada la Base Antártica “Presidente Eduardo Frei Montalva” de la Fuerza Aérea de Chile, aterrizando en el aeródromo “Teniente Marsh”.

Fue así como el día miércoles 24 de enero de 1990, uno de aquellos aviones realizó el vuelo de itinerario normal entre Santiago y Punta Arenas y al día siguiente, jueves 25, cuando las condiciones meteorológicas indicaron que la ruta estaba operable, a las 09.15 hrs. local el BAe despegó hacia dicha lejana posesión.

 

Los tripulantes del BAe 146-200 de Lan-Chile al descender de la aeronave

en Teniente Marsh

 

Al mando del mismo iba el capitán Oscar Bonilla Menchaca, Vicepresidente Ejecutivo de Lan-Chile. Como primer oficial, se desempeñaba el capitán Rafael Acchiardo y como navegante los acompañaba el primer oficial de material Boeing 707, Patricio Toro P., oficial en retiro de la Fuerza Aérea, uno de los pilotos chilenos con más experiencia en vuelos a Marsh en material C-130 Hércules. Auxiliar de vuelo era Constanza Baglino. 

22 pasajeros invitados por la compañía, viajaban también a bordo, entre los que se contaban los capitanes Pedro Timermann y Rodrigo Molina y la auxiliar de vuelo Carolina Gallardo, quienes habían realizado el vuelo de itinerario del día anterior entre Santiago y Punta Arenas y regresarían al día siguiente con la aeronave a la capital.

 

Capitanes señores Rafael Acchiardo y Oscar Bonilla M. hacen entrega

de un emblema recordatorio de la compañía al comandante de la base

antártica CDG(A) Sr. Héctor Barrientos Parra

 

 

Asimismo, lo hacían Bernard Castell, Gerente de Ventas Técnicas de British Aerospace y Jack Thompson, Gerente de Marketing para Sudamérica del fabricante británico, quienes por cierto tenían especial interés en el éxito del vuelo.

Hasta la mitad del cruce del Drake el viaje se realizó sin mayores dificultades, pero a partir de ahí ingresaron a un frente de mal tiempo que fue empeorando las condiciones meteorológicas hasta la misma aproximación final. Tramo en que valiosas resultaron las recomendaciones de Patricio Toro, quien puso toda su experiencia en la zona al servicio de ambos capitanes.

Sin duda estaban conscientes de la responsabilidad que habían asumido, el tiempo era inestable, iniciaron la aproximación y tan pronto volaban VFR como quedaban sólido, para recién poco antes de la altura de decisión tomar contacto visual con la pista, la que era de tierra y se encontraba por completo cubierta de nieve.

A las 11:14 hrs. local el cuadrireactor ponía felizmente ruedas en Marsh, siendo recibidos cordialmente por el jefe de la base, Comandante de Grupo (A) Héctor Barrientos acompañado el personal a su mando.

Era la primera vez que un jet comercial chileno aterrizaba en aquel aeródromo cuya pista por cierto no reunía las mejores condiciones para un avión como el BAe 146-200, el que incluso no contaba con reversa en sus motores para ayudar al frenado durante el aterrizaje.

Visitas a las dependencias de la base y a lugares cercanos de interés turístico hicieron que las horas se pasaran volando y a las 17:07 hrs. el avión inició su retorno a Punta Arenas, arribando sin novedad a destino a las 19:00 hrs. local, donde la prensa expectante los esperaba para conocer y difundir las alternativas de aquel vuelo pionero.

En conferencia de prensa realizada más tarde, Bonilla expresó que el objetivo del vuelo había sido “desarrollar el turismo antártico para los chilenos y extranjeros y que próximamente se haría un segundo viaje con invitados especiales y a partir del año venidero, iniciar los vuelos rentados”.

Por su parte, uno de los más contentos era Bernard Castell, quien no ocultaba su satisfacción por el desarrollo del vuelo, “en el que con todo éxito se había utilizado un avión fabricado por British Aerospace”.

No obstante, los logros alcanzados, a la postre por razones de mercado, la empresa no prosiguió con los vuelos a la Antártica, quedando aquel como una muestra más del profesionalismo y capacidad de los pilotos chilenos.

 

Nota: El autor desea expresar sus agradecimientos por la colaboración prestada por los hoy en día Comandantes de Aeronaves (R) Sres. Oscar Bonilla, Rafael Acchiardo y Patricio Toro en la elaboración de este pequeño recuerdo histórico aeronáutico.

(*) Artículo publicado en el Boletín de actividades del Instituto de Investigaciones Histórico Aeronáuticas de Chile- Febrero 2017