En esta colaboración de nuestro lector y piloto del Club Universitaria de Aviación Antonio Saffie, se refiere a un amigo alumno piloto algo impetuoso en esa particular etapa de su formación.  

“Ha iniciado sus clases teóricas con cierto fastidio porque  quiere volar ahora ¡Ya! Al fin y al cabo, el tiene sus nociones super claras: caña adelante baja y caña atrás sube etc. No sabe por qué es así, solo cree que el vuelo es algo que no requiere tanta tortura como preocuparse del el ángulo de ataque, del factor de carga, de los frentes fríos, de la hipoxia, del ángulo de deriva, de las cartas de navegación, o de los rumbos verdaderos. Total, piensa, para eso está el GPS (Primer error). Tampoco le entusiasme la reglamentación que se le antoja a él como el colmo de la burocracia aérea (En eso tiene algo de razón…)

Semana tras semana estudia y estudia con un solo norte, hacer su primer vuelo con el instructor. Cuando llega el glorioso día, la emoción es incontenible, el manual del 150 aprendido de memoria, dos omisiones en el chequeo de prevuelo y después al aire. Como la cosa es más bien demostrativa, su participación es escasa y cuando el vuelo termina baja feliz pensando que dominará el avión fácilmente en pocas horas. (Segundo error)

Las siguientes 4 a 5 horas son una puñalada a su ego. Hay problemas para mantener el rumbo, la altura -mejor ni hablar-, ambas cosas imposible, los escarpados casi una tortura. Su ánimo cae en un pozo profundo y una voz parece decirle: “Tú, no sirves para esta cuestión”.  No se atreve a preguntar si a otros les pasó lo mismo y por eso se siente solo y desesperanzado.

Pero lentamente, al transcurrir las horas, va saliendo del pozo, las cosas mejoran y casi sin darse cuenta, transita por las chandelas, ochos flojos, emergencias altas y bajas  etc. Y,  finalmente llega el gran día del primer vuelo solo. Dos o tres circuitos con el instructor, -bastante decentes-, y su maestro le dice: “¡¡Estamos listos, ándate, avisa a la torre que es tu primer solo, yo voy a estar allí por cualquier cosa!!

Con la boca seca y las manos húmedas el instructor -al bajarse-, le dirá diabólicamente: “Notarás que el avión es distinto con una sola persona. Por favor, dejé mi parka de vuelo atrás, trata de traérmela de vuelta intacta y no quemada… ¡Gracias!”.

Lo hace casi perfecto, dos circuitos, Se le olvida la luz de aterrizaje en el segundo, pero ¿qué importa?  El avión y la parka del “jefe” volvieron sanos y salvos y una alegría incontenible se apodera de su alma. El pequeño demonio que todos tenemos dentro, unido a esa maldita enfermedad que se llama “Juventud“ -la única de la cual nos mejoramos con el tiempo-, le hace pensar que será capaz de todo, que fácil y rápidamente igualará y superará a los otros pilotos y ¿por qué no?  a los mismos instructores (Tercer error).

 Ya más calmado, con la cabeza lubricada por el aceite quemado (si lo hubo en el  bautizo) reflexiona y saca la conclusión correcta: “Si, hoy logré una gran meta. Prueba que el esfuerzo y la tenacidad dan sus frutos, superan los miedos y  las dificultades. Pero esto también se lo debo a mis compañeros e instructores. Sin ellos el logro sería imposible y en otras actividades que vaya a emprender, debiera ser igual.  Por eso, este día es tan especial. Porque logra un vínculo fuerte con esas personas que estuvieron con él, que las transforma en miembros de su familia y en hitos destacados en el horizonte de  sus afectos.

Más que el primer vuelo solo, ha sido en realidad una oportunidad para creer en sus sueños, alcanzar un objetivo, conocer sus limitaciones y  superarlas a punta de sacrificios. En suma, ¡¡Una gran lección de la vida!!”.

Nos agrega don Antonio:

“Las reflexiones finales son producto de la experiencia y los años. Yo tiendo a fijarme, más allá de lo técnico, en las vivencias personales, en los sucesos importantes como el primer vuelo solo. Esto nace de las conversaciones que sostuve con él protagonista de este relato, inquiriendo lo que sintió en ese particular momento. Aquel impetuoso joven continuaría su carrera profesional en aviación y hasta hace poco era copiloto de Airbus 320 en LATAM.

Categories: Crónicas

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